miércoles, 27 de mayo de 2009

Tomás ¿El Incrédulo?

Tomás ¿El Incrédulo?

Otro de los personajes interesantes de la Biblia es Tomás. La historia de su celebérrimo incidente con Jesús solo se relata en el Evangelio de Juan.
Y como sucede con Jonás, creo que la historia no ha sido benevolente con su figura.
“Tomás, el incrédulo”. Así suelen referirse a este discípulo de Jesús.

Pero para conocer un poco más acerca de la personalidad de Tomás, vayamos unos capítulos atrás en el mismo libro de Juan

La muerte de Lázaro

"Dicho esto (Jesús ) añadió:
- Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo.
- Señor – respondieron sus discípulos -, si duerme es que va a recuperarse.
Jesús les hablaba de la muerte de Lázaro, pero sus discípulos pensaron que se refería al sueño natural. Por eso les dijo claramente:
- Lázaro ha muerto, y por causa de Ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean. Pero vamos a verlo.
Entonces Tomás, apodado “el gemelo”, dijo a los otros discípulos:
- Vayamos también nosotros, para morir con él."

Esta historia nos muestra a un Tomás absolutamente diferente del arquetipo del incrédulo. A decir verdad, todo lo contrario.
Tomás no solo no objetó la veracidad de los dichos de Jesús, sino que agregó
“Vayamos también nosotros, para morir con él”.
En otras palabras, Tomás quería ver el milagro en carne propia. Confiaba de tal manera en su Señor, que se ofreció a morir, con la idea de experimentar por si mismo el milagro.

¿Incrédulo?
Nada de eso. Tomás era un hombre de una Fe inmensa, que no tenía dudas acerca del poder de Jesucristo y que estaba convencido de que éste no le iba a fallar. No se creía cualquier cosa, mas cuando tenía la certeza de la palabra dada por Dios la aceptaba sin miramientos.

Jesús consuela a sus discípulos

En el capítulo 14 de Juan, tenemos otro acercamiento a la personalidad de Tomás.
"- Ustedes ya conocen el camino para ir adonde yo voy.
Dijo entonces Tomás:
- Señor, no sabemos a dónde vas ¿Cómo podemos conocer el camino?
- Yo soy el camino, la Verdad y la Vida – le contestó Jesús -. Nadie llega al Padre si no es por mí. Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto."

Resulta interesante, que ninguno de los discípulos tenía en claro a que camino se refería Jesús, ni siquiera, quien era en realidad Jesús. Pero hubo uno que se atrevió a preguntarlo: Tomás.
La archifamosa y doctrinalmente fundamental frase
“Yo soy el camino, la Verdad y la vida. Nadie llega al Padre si no es por mí” quizá no hubiera existido sin no fuese por el atrevimiento de Tomás para preguntar. Todos se quedaron callados, más la intervención de Tomás sacó de la boca de Cristo una de las revelaciones más importantes de la Teología.

¿Incrédulo?
Yo diría que era una persona que le gustaba profundizar, de no quedarse con dudas.

Jesús resucitado

San Juan capítulo 20, relata el episodio que `crucificaría` a Tomás con el eterno calificativo de “el incrédulo”.
Pero analicemos la cuestión por un instante.

El versículo 19 relata como Jesús se apareció a once de sus discípulos, entre los cuales no estaba Tomás. Los discípulos, a contrario de lo que muchos piensan, no saltaron en gritos de júbilo tales como
¡Hallelujah! ¡¡Resucitó! ¡Era cierto! ¡Bienvenido!.
Por el contrario, reaccionaron atemorizados y llenos de espanto porque creían estar viendo a un fantasma.
¿Alguna vez has visto a un muerto caminando?. Pues solo imagínatelo.
Fue necesario que Jesús estuviera durante largo tiempo explicándoles que no era un fantasma, sino que era Él mismo resucitado.

Ahora bien, pasados los días, los discípulos le contaron a Tomás que habían estado con Jesús. A sus compañeros los discípulos (no a Jesús) les dijo:
"- Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mis dedos en las marcas, y mi mano en su costado, no lo creeré –"

Dice la Biblia que:
“Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa, y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó: - La Paz sea con ustedes
Luego le dijo a Tomás:
- Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano, y métela en mi costado. Y no seas incrédulo sino hombre de Fe.
- ¡Señor mío y Dios mío! Exclamó Tomás.
- Porque me has visto has creído – le dijo Jesús -; dichosos los que no han visto y sin embargo creen."

En primer lugar notemos el tiempo que pasó desde la primera aparición de Jesús a los discípulos, que Tomás no presenció.
En segundo lugar, es interesante que Tomás no le pidió a Jesucristo que le permita tocar sus heridas. Fue el mismo Cristo quien le ofreció hacerlo.

Tomás, obedeciendo el requerimiento de Jesús, y seguramente turbado por escuchar de boca de Jesús sus propias palabras, se acerca y de inmediato se da cuenta de la realidad de la presencia de Jesucristo:
-
¡Señor mío y Dios mío! – exclama Tomás. Esta expresión resume admiración y humillación. Tomás estaba maravillado.

La frase que sigue, es habitualmente tomada como un reproche de Jesús a Tomás, mas yo creo que no se trata de eso.
Al igual que el resto de los discípulos, Tomás creyó en la resurrección porque había experimentado tener cara a cara al Maestro. Pero esta posibilidad de verlo en persona ya no sería posible otra vez, hasta la Segunda venida de Cristo. De allí que Jesucristo diga
“dichosos lo que no han visto y sin embargo creen”.
Estos “dichosos”, somos nosotros, los creyentes de hoy en día, quienes creemos en Jesús o Yashuah solamente por fe.

¿Incrédulo?
Tomás tuvo el privilegio de tocar con sus propias manos el cuerpo del Mesías resucitado. Tomás era una persona que no gustaba de las dudas, de fe inmensurable y de devoción irreprochable.
El mensaje del personaje de Tomás es: Señor , quiero palpar la bendición de tal manera que no tenga dudas que proviene de ti. Tomás no desea que sus sentidos o sentimientos turben su percepción y pueda perderse la maravillosa realidad de Cristo.

Lo notable de todo esto, es que Jesús, jamás dejó sin respuesta a Tomás. Antes bien utilizó sus inquietudes para revelar sus enseñanzas y más grandes misterios a los demás.

La enseñanza de Tomás

¿Cuántas bendiciones - me refiero a bendiciones reales - se pierden las personas que en su apuro se compran cualquier ilusión?
Quizás no sería tan fácil el negocio de los mercaderes de ilusiones que pululan desde siempre, si habría más personas con el carácter de Tomás.


- Daniel E. Dañeiluk