sábado 17 de marzo de 2012
Consumir carne roja a diario aumenta el riesgo de morir prematuramente
Sucumbir a la tentación de consumir carne diariamente puede costarle caro: este hábito aumenta el riesgo de morir prematuramente, desarrollar cáncer o enfermedades cardíacas, según un estudio realizado en EE.UU.
La investigación de la Universidad de Harvard muestra que el consumo diario de tan sólo 70 gramos de carne roja causa una de cada 10 muertes prematuras en los hombres y una de cada 13 en las mujeres.
Y si se trata de carne roja procesada, como salchichas o rebanadas de tocino, el riesgo aumenta hata el 20%. Estos alimentos contienen grasas saturadas, sodio, nitritos y otros cancerígenos vinculados a muchas enfermedades crónicas.
El estudio también revela que sustituir la carne roja por proteínas más saludables reduce significativamente el riesgo de padecer estas enfermedades.
Los investigadores se basaron en los datos de un estudio realizado a miles de personas que durante 28 años fueron encuestadas periódicamente sobre su dieta y estilo de vida.
Dean Ornish, médico y nutricionista de la Universidad de California comenta en dicha investigación: "Más de dos tercios de los 2,6 billones de dólares anuales que se invierten en atención sanitaria en EE. UU. son destinados a las enfermedades crónicas", lo que se revela la gravedad del problema.
viernes 16 de marzo de 2012
Guardaos de los perros
Rev. Luis M. Ortiz
San Pablo usa el término de perros para los falsos hermanos y falsos
predicadores. Este calificativo era usado desde mucho antes del apóstol
Pablo, para personas viles e indignas, y fue aplicado por el Espíritu
Santo de la misma manera en el A.T.
“Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el
escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro. Guardaos de los
perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del
cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu
servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza
en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si
alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado
al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de
hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de
la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.
Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida
por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como
pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor,
por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a
Cristo”, Filipenses 3:1-8.
Los conceptos bíblicos que sustentaba el gran Apóstol Pablo con
respecto a la Obra de Dios y al ministerio cristiano, son realmente
admirables y contundentes, este iluminado hombre de Dios no confundía
las cosas, al mismo tiempo que se hacía débil, para ganar a los débiles,
era también muy cuidadoso y escrupuloso con los que traían deshonra a
la bendita causa de Cristo, y exhortaba a los hermanos a apartarse de
los tales. Al mismo tiempo que era tierno y blando, como la que cría,
por el bien de los cristianos fieles, también era inflexible y riguroso
con los falsos creyentes a quienes llama corruptos, hinchados, locos,
contenciosos.
Al mismo tiempo que quería presentar o entregar la Iglesia a Cristo
como una virgen pura, también estuvo dispuesto a entregar a Satanás a
aquel impío y lascivo que estaba dentro de la Iglesia de Corinto. Al
mismo tiempo que se refería a sus colaboradores y ministros fieles
llamándoles hijos, y tenía estrecha comunión con ellos, así también
exhortaba firmemente en contra de los falsos predicadores, diciendo:
“Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los
mutiladores del cuerpo” (Filipenses 3:2).
Según el diccionario una perrada es una acción villana, una traición;
una perrera es una rabieta; una perrería es un conjunto de mala gente;
una muerte de perros es morir sin arrepentirse. ¿Por qué San Pablo usa
el término de perros para los falsos hermanos y falsos predicadores?
Este calificativo era usado desde mucho antes de San Pablo, para
personas viles e indignas, y fue aplicado por el Espíritu Santo de la
misma manera en el A.T. En Isaías 56:10-11 son llamados “perros mudos,
no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros
comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender;
todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio
provecho, cada uno por su lado”. En el Salmo 22:16 que es un salmo
mesiánico, el Espíritu Santo usa al salmista David, para llamar perros a
los que crucificaron a Cristo, y dicen: “Porque perros me han rodeado;
me han cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies”.
Y anteayer y ayer los hubo; hoy de que los hay, los hay; y mañana
también habrá perros, o sea malos obreros. Hay quienes dicen ser grandes
profetas y profetizas, pero los tales espantan y desparraman las
ovejas, pues se ha visto en ellos torpeza, cometen adulterio, andan en
mentiras (Jeremías 23:2,14). "Os alimentan con vanas esperanzas; hablan
visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová” (Jeremías 23:16); y
así con sus falsos mensajes se llevan miembros de otras congregaciones,
se quedan con el dinero de los incautos, rompen matrimonios legítimos y
los recasan con otras personas, y con relación a los tales es que San
Pablo advierte: “Guardaos de los perros”.
Hay los que se creen ser grandes maestros, pero "sin entender ni lo que
hablan ni lo que afirman" (1 Timoteo 1:7). Que con “hipocresía de
mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia" (1 Timoteo 4:2).
"Maestros conforme a sus propias concupiscencias" (2 Timoteo 4:3).
“Trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no
conviene" (Tito 1:11). Estos falsos maestros siempre tienen una carnada
de una y que otra verdad bíblica, y luego vienen con una variedad de
medias verdades, de aparentes verdades, abundancia de interpretaciones
propias y convencionales, y un semillero de falacias y de engaños con
ropaje de amor, de compasión, de comprensión y humanismo; pero los tales
traen sobre sí mismos perdición acelerada (2 Pedro 2:11). Y no
olvidemos que con relación a estos falsos maestros San Pablo amonesta:
“Guardaos de los perros”.
Hay quienes se consideran a sí mismos ser grandes pastores, pero no
alimentan el rebaño del Señor, con la verdadera Palabra de Dios y con la
Sana Doctrina, no apacientan la Iglesia del Señor; la cual Él ganó con
su propia sangre (Hechos 20:28). Lo que le dan a los rebaños son
interpretaciones humanas, dogmas, tradiciones, ceremonias, ritualismos,
vanas filosofías, intelectualismo, humanismo, himnos con ritmos mundanos
y sensuales, música de tierra adentro y de cielo afuera; que se
apacientan a sí mismos, mientras las ovejas se desparraman por falta de
pastor (Ezequiel 34:2, 9). Trasquilan la gorda y no corroboran a las
flacas (Ezequiel 34:3 y 21). Son perros mudos, soñolientos, aman el
dormir, no conocen altura, todos ellos miran a sus caminos, cada uno a
su provecho (Isaías 56:10-11). Lobos rapaces que se enseñorean del
rebaño del Señor (Hechos 20:29). Estos también caen bajo la severa
sentencia de San Pablo: “Guardaos de los perros”.
Hay quienes se autoproclaman como grandes evangelistas, y aun muchos
recién convertidos que, o porque fueron libertados de la drogadicción, o
porque actuaron en televisión, o porque fueron compositores y cantantes
profesionales en el mundo creen que eso les da derecho y credencial de
grandes evangelistas intercoloniales, interestatales,
interdenominacionales, internacionales, intercontinentales,
interplanetario con los viajes espaciales, y hasta interesados; pero
casi siempre su obra es quemada, pues no permanece (1 Corintios 3:14,
15); y tienen la piedad por ganancia (1 Timoteo 6:5-9); los tales no
sirven al Señor Jesucristo, sino a sus vientres, y con suaves palabras
engañan a los corazones de los ingenuos (Romanos 16:18); sienten lo
terreno cuyo dios es el vientre, y cuyo fin será perdición (Filipenses
3:19). Pues son obreros fraudulentos (2 Corintios 11:4); que pervierten
el Evangelio de Cristo (Gálatas 1:7); predican por envidia y contienda
(Filipenses 1:15); y son enemigos de la cruz de Jesucristo (Filipenses
3:18); con razón San Pablo levanta la voz de alerta: “Guardaos de los
perros”.
Estos malos obreros que son un escarnio, una ofensa para el Evangelio.
Ellos pueden hacer ahora como les parece, enseñar como les plazca,
actuar como les dé su regalada gana, vivir como quieran, pero por ahora
el Señor nos orienta acerca de ellos, y nos dice: “No deis lo santo a
los perros” (Mateo 7:6). El apóstol Pedro nos explica la situación de
los tales, a los que abandonan la vida de consagración y de santidad, y
se enredan otra vez en las cosas y contaminaciones del mundo; dice que
les “ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su
vómito” (2 Pedro 2:22). Y el apóstol Juan en las visiones del
Apocalipsis al mostrarle el Señor las glorias de la ciudad santa también
le muestra el destino final y eterno de los tales y les dice: “Mas los
perros estarán fuera” (Apocalipsis 22:15).
Es cierto que anteayer y ayer hubo malos obreros, y hoy también los hay
y mañana los habrá, pero también es muy cierto que anteayer y ayer
hubo, y hoy también los hay buenos obreros del Señor: fieles, dignos,
santos, que honran al Señor Jesucristo, honran la Palabra de Dios,
honran la Doctrina cristiana, honran el Evangelio, honran la Iglesia,
honran su cónyuge, honran su hogar, honran su familia, honran al
gobierno y las leyes que no confligen con su amor, su devoción y su
adoración a Dios. “Sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa,
pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9); “de los cuales el mundo no era
digno” (Hebreos11:38); y por cuanto este mundo de tanto conflicto y
turbación y confusión no es lugar adecuado para que este linaje
escogido, este pueblo santo siga viviendo en este mundo, el Señor
Jesucristo le promete: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios,
creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así
no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para
vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os
tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”
(Juan 14:1-3).
Y como son muchos los que creen que viviendo como a ellos se les antoje
en el reino de los cielos el Señor aclara “que en aquella noche estarán
dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres
estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. Dos
estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado” (Lucas
17:34-36); pues “no todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el
reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está
en los cielos” (Mateo 7:21). Puesto que muchos más le reclamarán al
Señor diciendo: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu
nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y
entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de
iniquidad” (Mateo 7:22-23).
Y este gran evento será repentino “porque el Señor mismo con voz de
mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del
cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los
que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con
ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos
siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4.16-17). Y por cuanto estamos
viviendo en los días del Señor, el cual va a levantar a los suyos, Él
nos amonesta diciendo: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora
en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mateo 25:13). Aquí en este mundo
hay mucha maldad, pecado, corrupción, injusticia, mentira, ira y engaño
pero el Señor va a llevar a sus redimidos a la gran ciudad celestial y
“no entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y
mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida
del Cordero” (Apocalipsis 21:27).
Amigo, si desea ser hecho ciudadano de esa gran ciudad eterna por medio
del nuevo nacimiento, arrepiéntete de tus pecados y recibe a Cristo
como tu gran Salvador, levante su corazón y su mano en el nombre del
Señor. Descarriado si no arreglas tu vida con Dios, si no vuelves al
Señor serás dejado fuera. Aprovecha estos instantes y reconcíliate con
Dios. Hermano, si en tu vida hay algo que te impide subir deja todo lo
que tengas que dejar no pierdas esta cita eterna con el Señor.
La protección de Dios en medio de las tormentas
Rev. José Soto Benavides
“Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día
empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos
los aparejos de la nave.” Hechos 27:18-19.
LA PROTECCIÓN DE DIOS EN MEDIO DE LAS TORMENTAS DE LA VIDA
“Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día
empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos
los aparejos de la nave. Y no apareciendo ni sol ni estrellas por
muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos
perdido toda esperanza de salvarnos. Entonces Pablo, como hacía ya mucho
que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por
cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan
sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a
tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros,
sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel
del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es
necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido
todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo;
porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Con todo, es
necesario que demos en alguna isla.” Hechos 27:18-26.
Pablo predicó a reyes como Agripa, Festo, y Félix, y predicó en la casa
de César, eso quiere decir que llegó a las cumbres más altas de la
sociedad de entonces para entregar el mensaje de Dios. Una vez Agripa le
dijo a Pablo: “Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28),
Pablo le dijo a Agripa: “¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no
solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos
tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” (v.29).
Pablo iba a predicarle a reyes, pero preso y encadenado. Pablo fue
guiado en su vida ministerial, él llevaba el Evangelio y lo llevó
fielmente. Pablo iba con más de 270 presos, aunque usaron de alguna
cortesía con él, especialmente el primer tribuno que lo atendió, sin
embargo, era un preso igual. Pablo había escogido ir a Roma, por el
juicio que venía contra él de parte de los judíos que influenciaban a
los gobernadores encargados por Roma en su nación; así que decidió hacer
esta apelación, él dijo: “¡No quiero ser juzgado aquí, yo quiero ser
juzgado en Roma!”
Pablo fue preso a Roma, y mientras esperaba el juicio estaba en una
casa alquilada. “Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa
alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de
Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin
impedimento.” (Hechos 28:30-31). Así que en cadenas va Pablo para Roma,
tuvo éxito en este viaje, estuvo dos años detenido en una casa
alquilada, tenía la condición de un preso especial; dice la Biblia que
predicaba y enseñaba el Evangelio abiertamente y sin impedimento.
Observamos en este caso dos extremos importantes, que nos lleva a
pensar cómo Dios permite que caiga preso para cumplir el objetivo
principal de Dios, que era que se predique el Evangelio. Pablo estaba
cumpliendo su labor, en su corazón ardía ese fuego de la misión, quería
predicar, ya le había dicho a los judíos: “¡Salgo de aquí y me voy a
predicar a los gentiles!”
Deberíamos vivir más por fe que por razón, porque si uno se pone a
pensar o a conjeturar se enreda, llega un momento en que se confunde,
por eso es que la fe contradice la razón, porque la fe es superior a la
razón, la razón está muy limitada, el conocimiento es limitado, uno no
puede conocer todo por más grande que sea uno en la ciencia, uno no
conoce todo; en cambio la fe lo puede llevar al tercer cielo, ahora
mismo, si quiere puede ver la gloria de Dios.
A Pablo lo pusieron primero en una nave adramitena que lo iban a llevar
por las costas de Asia Menor, luego cogió una nave alejandrina, para
cruzar el Mar Mediterráneo, desde esas costas hasta Italia en un viaje
largo. Cuando tocaron aquellas costas el centurión “le permitió que
fuese a los amigos, para ser atendido por ellos” (Hechos 27:3), gente
que reconocía a Pablo y su labor, aunque había otro grupo que lo atacaba
y lo rechazaba, porque Pablo era un verdadero látigo a las tinieblas,
le daba duro al diablo, mucha gente se irritaba, pero eran más los que
le amaban.
Navegaron y el viento empezó a azotar, y pasaron por Chipre, después
por Creta que son islas grandes del mediterráneo y lograron cubrirse del
viento que soplaba protegiéndose del azote de una tempestad que estaba
empezando, que se cernía sobre el mar. Cuando pasaron esa isla se
quedaron en Creta unos días, Pablo dijo: ¡No sigamos, quedemos aquí en
Buenos Puertos, viene una tempestad! De allí emprendió el viaje, Pablo
no era un experto en la mar, pero de alguna manera Dios le da sabiduría y
entiende que puede haber problemas si se dan a la mar, pero el
centurión encargado de la nave “daba más crédito al piloto y al patrón
de la nave, que a lo que Pablo decía” (Hechos 27:11).
No le creyeron y el capitán de la nave siguió rumbo, ahí entraron a mar
abierto. Una cosa era tener la protección de las islas y otra cosa era
estar en mar abierto. Cuando entraron a mar abierto, se toparon con un
viento huracanado llamado Euroclidón, una tempestad que no había capitán
ni tripulación que pudiera salir de esta situación, y el viento y la
tempestad amenazaron la nave con destruirla, no fue un día ni dos, sino
catorce días, no vieron estrellas ni sol ni nada, solamente fueron
acosados por una gran tempestad. ¿No ha pasado alguna vez una tempestad?
Nosotros también estamos navegando por este mar, y en este encontramos
tempestades, nadie piense que el mar va estar serenito toda la vida, el
viento comenzará a soplar, y por donde navegues se levantará contra ti y
te querrá hundir; eso es parte de la vida, no pensemos que no vendrá.
Dios guió al pueblo de Israel hacia un lugar donde había aguas amargas,
y alguno de ellos podría haber dicho: “Dios nos hubiera guiado a un
oasis donde había agua pura, nos hubiera llevado a un lugar donde
encontraríamos pastos sabrosos, donde poner nuestros animales bajo la
sombra, aquí no hay nada, encontramos aguas y son amargas, Dios no nos
puede estar guiando”. Pues Dios estaba guiándolos.
Pablo se puso a clamar, porque eso es lo que hay que hacer, la clave de
esto es que Pablo recurrió al dueño y Señor de la vida. Pero ahora
Pablo les dice: “No habrá ninguna pérdida de vida entre nosotros, sino
solamente de la nave.” (Hechos 27:22). Mire qué seguridad, aquí no se va
a morir nadie, la nave se va a despedazar, se va a perder, pero todos
se van a salvar. A veces uno se encuentra en situaciones que no puede
entender.
Ya no querían ni comer, y los invita diciéndoles: “Porque esta noche ha
estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo” (Hechos
27:23). Porque primero hay que ser de Él y después servirle a Él, ese es
el orden, lo que Dios busca primero es que haya una constante relación
con el Dios a quien pertenecemos, porque somos de Él, ¿qué le vamos a
reclamar a Dios? Si nos compró con precio altísimo, como dirá el barro
al que lo forma: “¿Qué haces?”
En ese clamor estaba cuando el Dios de la gloria envió a su ángel para
darle respuesta y ánimo, le dice: “Pablo, no temas; es necesario que
comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que
navegan contigo.” (Hechos 27:24). Estas tempestades de la vida no le van
a quitar el ánimo, no le van a robar la salvación, no le van a quitar
la paz, no le van a quitar la comunión con Dios; al contrario cuanto más
aprieta, más buscamos. Es como cuando el cuerpo se calienta por una
fiebre, porque la fiebre es una autoprotección del cuerpo (digamos
dentro del término que no afecte demasiado), lo que hace el calor es
debilitar ese virus, esa bacteria, el calor ya lo está debilitando.
Así que, si el diablo viene y ataca, si nos trae una situación
terrible, espantosa, es el momento de calentar motores, es el momento de
meterle fuego, es el momento de clamar más a Dios. Las tempestades no
son para que critiquemos a Dios o a los demás, ni a la Iglesia, ni al
pastor, ni a la misión; las tempestades son para que doblemos más las
rodillas, para que busquemos más el poder de Dios, y para que veamos las
victorias que Dios nos da en medio de la lucha y de la prueba. Esa
prueba no es para hundirte, esa prueba es para levantarte, esa prueba es
para fortalecer tu fe, para ayudarte a seguir adelante y para que
tengas experiencia y ayudes a otros.
La Escritura dice que cuando la nave entró en cierta parte del mar ya
cercano a tierra, siendo de noche, ellos no pudiendo ver y la nave se
estrella, claro, esos eran presos, el único inocente era Pablo. Los
soldados tenían la misión de llevar los presos a Roma a costa de la vida
de ellos, si a un soldado se le escapaban los presos, él pagaba con su
vida; cuando los soldados se dan cuenta que se pueden escapar los
presos, entonces los soldados acordaron matarlos.
¿No era Pablo un preso también? Están hablando de matar también al
hombre de Dios, aunque nadie lo sabía era el hombre de Dios que iba a
Roma para predicar el Evangelio. El centurión se dio cuenta de la trama
de los soldados e inmediatamente intervino, les prohibió este intento y
les dijo a los presos que cada uno escapará y se salvará por sus propios
medios; pero lo hizo para salvar a Pablo. Aquí tenemos una amenaza no
de tempestad, sino una amenaza de hombres impíos, de gente influenciada
por el diablo, que se levantó para quitarle la vida al apóstol Pablo.
Dios nos guarda del asalto de hombres impíos, Dios nos protege; tal vez
muchos nos odien, otros nos amen; pero el punto es que Dios tiene
cercado a su pueblo. Dios no permitió que ese ataque destruyera la vida
de Pablo. La Biblia dice que por el momento no permite que el diablo y
el anticristo se manifiesten en toda su plenitud, pero cuando Espíritu
Santo se lleve a la Iglesia o sea quitado de en medio, el mundo entero
quedará envuelto en la más terrible vorágine de juicio, tan terrible que
el hombre buscará la muerte y la muerte huirá.
Aquella nave cayó en la isla de Malta, los presos salieron como
pudieron; el invierno es fuerte en esos países del medio oriente y de
Europa. Salieron todos temblando, también Pablo salió como pudo, pero
siempre confiando en Dios. Luego prendieron fuego para que la gente se
calentara. Pablo fue para buscar leña, y cuando iba con la leña, una
serpiente se prendió de la mano de Pablo y el apóstol tuvo que venir al
fuego y sacudirla, y se quemó la serpiente. En una ocasión cuando
estábamos en un campamento, veo una culebrita, pero era de esas
peligrosas; y un hermano también la vio, creyó que hasta podría jugar
con ella, quiso agarrarla. Cuando lo agarró un poco bajo (en la cabeza)
la serpiente tuvo chance de tirarse y se prendió en el dedo, y cuando me
llamaron y vi lo sucedido me percaté que tenía dos puntitos, no
sangraba, y le digo: “Si hay dos puntos, entonces los colmillos entraron
y hay veneno adentro, ¡esto es peligroso!”
Llamé a un paramédico y se lo llevaron de emergencia. El hermano pasó
por su casa para decirle a su esposa que iba al hospital, cuando él
venía de allí para acá (estamos hablando de un par de minutos) ya tenía
ganas de vomitar, con un dolor de cabeza, se subió en el carro rumbo al
hospital, habían transcurrido como 20 minutos, iba vomitando, con la
cabeza que parecía que le iba estallar, y con la culebrita muerta.
Cuando el médico vio la culebra dijo: “¡Gracias a Dios que lo trajeron!
Porque en cuestión de minutos se hubiera ido, esta es de una de las
culebras más venenosas que hay”. Estuvo como tres días en el hospital,
cuatro ampollas de sueros antiofídicos y más de cuatrocientos dólares de
tratamiento.
Pablo la sacude en el fuego, y los nativos se quedan mirándolo, ellos
sabían lo que venía, de pronto ellos dicen: “Este se va a hinchar y
cuando comience a hincharse cae muerto. ¿Qué clase de homicida será?,
que escapando del naufragio ahora la muerte lo alcanza aquí”. Pasó un
rato y Pablo tranquilo calentándose y pasó una hora y nada, y no se
moría Pablo, y seguía pasando el tiempo y dicen: “Este tenía que estar
muerto”. Pero Pablo estaba compartiendo las bendiciones de Dios, estaba
calentándose, estaba alegre, porque había sido salvado y entonces ellos
dicen: ¡Este es un Dios! Pablo explicó bien esta situación y dijo: ¡No,
ningún Dios! Les predicó el Evangelio, sanó a unos cuantos y se quedó
una Obra plantada en esa isla.
Era una serpiente de las peores, pero la serpiente, sea como sea, es un
símbolo de maldad y es un símbolo de Satanás. A veces el ataque es
directo del mismo diablo, otras veces hemos pasado el peligro de gente
que nos rodea, luego viene el mismo diablo y ataca con todo lo que
tiene, quiere hasta desalentarte, te mete ideas hasta en contra de la
Obra de Dios, el diablo te susurra con astucia como la serpiente, ¿qué
es lo que hay que hacer con esa serpiente antigua que se llama el diablo
y Satanás? Sacudirla en el nombre de Cristo, no hay que quedarse con
ella, hay que botarla, el diablo no aguanta el fuego, el diablo se va
cuando el fuego se enciende.
Amados, el diablo quiso impedir que el Apóstol Pablo cumpliera el plan
de Dios, la naturaleza se ensañó, los soldados deseaban asesinarlo, el
diablo mismo a través de la serpiente también trató de impedirlo, pero
no pudo, antes quedó bendición en la isla. Llegaron a Roma, Pablo fue a
los tribunales, le dieron aquella casa alquilada y los judíos no
pudieron hacer nada contra él, Pablo permaneció dos años enteros en una
casa alquilada y recibía a todos los que venían, predicaba el Reino de
Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo abiertamente y sin
impedimento.
El diablo levanta la tempestad, levanta hombres, y hasta él mismo ataca. Pero confía en Dios, ¡Él nos dará la victoria!
Yo honraré a los que me honran
Yo
honraré a los que me honran”, así dijo Dios a Elí, el Sumo Sacerdote, y
añadió: “...y los que me desprecian serán tenidos en poco” (1 Samuel
2:30).
Todo esto por consentir el pecado de adulterio de sus dos hijos: Ofni y
Finees y, peor aún, permitir que estos adúlteros continuaran oficiando
en el ministerio sacerdotal.
El predicador, pastor o ministro que comete adulterio se deshonra a sí mismo; deshonra su hogar, su esposa e hijos; deshonra su ministerio, la Iglesia que pastorea, la Obra de Dios; y por consiguiente, se descalifica a sí mismo para el ministerio cristiano, que es santo, honesto, bíblico; lo cual Dios demanda en las Sagradas Escrituras, y que es superior al ministerio sacerdotal del Antiguo Testamento, así como Cristo es mayor que Aarón.
En esta Obra del Movimiento Misionero Mundial, todos nosotros queremos siempre dar al Dios Trino toda la gloria y reconocimiento.
Queremos honrarle en todo: En la obediencia, la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios; en la proclamación de la Redención mediante el sacrificio del Señor Jesucristo; en el Bautismo, los Dones y Frutos del Espíritu Santo; queremos honrarle con un ministerio de vida santa, de testimonio limpio y de profundidad espiritual. Queremos honrarle en la letra y música de los himnos; en la reverencia y en el orden en la Casa de Dios; queremos honrarle en todo.
Cuando honramos a Dios, en toda la escala de valores que emanan de las Sagradas Escrituras, Él cumple Su Palabra cuando dice: “YO HONRARÉ A LOS QUE ME HONRAN, Y LOS QUE ME DESPRECIAN SERÁN TENIDOS EN POCO”.
Elí, el Sumo Sacerdote junto con sus dos hijos, adúlteros consentidos, fueron cortados del ministerio y muertos por la mano de Dios.
“¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”, Hebreos 10:31.
El predicador, pastor o ministro que comete adulterio se deshonra a sí mismo; deshonra su hogar, su esposa e hijos; deshonra su ministerio, la Iglesia que pastorea, la Obra de Dios; y por consiguiente, se descalifica a sí mismo para el ministerio cristiano, que es santo, honesto, bíblico; lo cual Dios demanda en las Sagradas Escrituras, y que es superior al ministerio sacerdotal del Antiguo Testamento, así como Cristo es mayor que Aarón.
En esta Obra del Movimiento Misionero Mundial, todos nosotros queremos siempre dar al Dios Trino toda la gloria y reconocimiento.
Queremos honrarle en todo: En la obediencia, la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios; en la proclamación de la Redención mediante el sacrificio del Señor Jesucristo; en el Bautismo, los Dones y Frutos del Espíritu Santo; queremos honrarle con un ministerio de vida santa, de testimonio limpio y de profundidad espiritual. Queremos honrarle en la letra y música de los himnos; en la reverencia y en el orden en la Casa de Dios; queremos honrarle en todo.
Cuando honramos a Dios, en toda la escala de valores que emanan de las Sagradas Escrituras, Él cumple Su Palabra cuando dice: “YO HONRARÉ A LOS QUE ME HONRAN, Y LOS QUE ME DESPRECIAN SERÁN TENIDOS EN POCO”.
Elí, el Sumo Sacerdote junto con sus dos hijos, adúlteros consentidos, fueron cortados del ministerio y muertos por la mano de Dios.
“¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”, Hebreos 10:31.
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