jueves, 5 de mayo de 2016

Estudio Bíblico con orden y sentido


Trayendo orden y sentido a su Estudio Bíblico
Anthony F. Buzzard 




No es fuera de lo común escuchar a los feligreses cuando se quejan de que la Biblia es difícil de entender (¡Pedro dijo algo sobre esto en relación a algunas de las escrituras de Pablo! 2 Pe 3:16). El dicho es: leer la Biblia es una tarea; muchas veces una disciplina forzada; hecho por deber en vez de amor. Esto no debe ser así. David exclamó: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” [Sal 119.97]
La Biblia es un tónico necesario y agradable para todo cristiano que se ha sintonizado a su mensaje. Ese es el mensaje del Evangelio, cual es todo importante, ya que concierne su y mi participación en el programa inmortal de Dios a través del único Mediador entre Él y nosotros, el ser humano Jesucristo. Su y mi inmortalidad es la única cuestión de máxima importancia y significado. Nuestras vidas deben ser llevadas con ese objetivo firme en mente.

El problema es que los feligreses han aprendido muchas cosas en la iglesia que no se puede encontrar en la Biblia.
Estas cosas extranjeras confunden y traen desorden a su estudio Bíblico, aunque, al principio, reconocen el problema. La confusión proviene de un desastroso desarrollo post-bíblico que se inició tempranamente, desde el siglo 2. Es muy erróneo pensar que sólo en la época de Constantino en el siglo 4 las cosas se extraviaron. Mucho antes que esto el veneno devastador del “Gnosticismo”, un sistema filosófico pagano, ya se había introducido en la iglesia. ¡La iglesia del siglo 2 no empezó a sonar como Jesús! Mientras que Jesús era un Judío creyente en el credo monoteísta unitario de su herencia judía (Mar 12:29), la Iglesia alegando su nombre ya no lo hizo. El apartarse de la religión de Jesús es apartarse de Jesús. El Apóstol Juan, escribiendo hacia el final del primer siglo, trató valientemente de advertir sobre las inminentes nubes de confusión. Él sigue insistiendo en que creamos "que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios."

Él nunca dijo lo que suelen decir las iglesias de hoy: "Tiene que creer que Jesús ES Dios, ES Jehová".
Instó a sus contemporáneos a "probar los espíritus" para ver si provenían de Dios, quien dio Su "espíritu de Verdad" (note que no es cualquier espíritu vago o experiencia espiritual, pero "el espíritu de la verdad.") Juan escribió: El que confiesa el Jesús quien "vino como una persona histórica humana", literalmente "a 

Jesús Cristo como el que vino en la carne" (1 Juan 4:2) ¡suena como un verdadero seguidor de Jesús! Pero el que no confiesa a ESE1 Jesús “no es de Dios”. 

Él ha sido inducido a error y engañado a creer a un diferente tipo de Jesús (cf. 2 Cor 11, donde Pablo trata sobre el mismo tema de advertencia).
No era una cuestión de creer en cualquier Jesús en diferencia a no creer en Jesús del todo. Era una cuestión de adherirse al verdadero Jesús, no al ficticio que fue el producto de la imaginación, influenciada por el Gnosticismo. Los gnósticos creían que el Dios Creador era muy distante de su mundo y no trataba con los seres humanos. Más bien, era necesario disponer de una o una serie de “eones” secundarios, o seres divinos. Quienes vendrían a la asistencia de una humanidad luchadora. Los gnósticos creían que todos éramos “almas” preexistentes temporalmente atrapadas en cuerpos, cuya deseaban ser liberadas de estos cuerpos, para que pudiéramos "ir a casa" en el cielo, de dónde venimos. 

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