jueves, 1 de diciembre de 2016

El Padre Celestial

El Padre
Del libro La Cristiandad extraviada
por Robert Roberts



Para empezar, la primera cosa que se revela acerca de "el Padre de nuestro Señor Jesús Cristo" (Efesios 3:14), tal como Dios es descrito por el apóstol y quien fue revelado a Israel por medio de los ángeles y los profetas, y manifestado en Jesús; la primera cosa, digo, que se revela acerca de él es su unidad absoluta. De él se declara que es UNO. Esta es una de las características más sobresalientes de lo que se ha revelado sobre el tema.

A continuación se presentan algunos ejemplos del testimonio bíblico:
Moisés a Israel (Deuteronomio 6:4):"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es."
Jesús a uno de los escribas (Marcos 12:29):"El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es."

Pablo a los creyentes corintios (1 Corintios 8:6): "Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él."

Pablo a los efesios (Efesios 4:6):"Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos."

Pablo a Timoteo (1 Timoteo 2:5):
"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesús Cristo hombre."

Estas afirmaciones concuerdan con las declaraciones que el Omnipotente hace de sí mismo, como por ejemplo:
"Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho." (Isaías 46:9, 10)

"Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí." (Isaías 45:5) "Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios....No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno." (Isaías 44:6, 8)

La única declaración en el Nuevo Testamento que equivale a una clara expresión del concepto trinitario, es rechazada en forma unánime por los eruditos de la Biblia por ser una añadidura falsa colocada en el texto original. Por esta causa se ha omitido totalmente del texto de la Versión Revisada de la Biblia inglesa. [Nota del traductor: El fragmento aludido también se ha omitido del texto de casi todas las demás traducciones modernas de la Biblia, tales como The New English Bible, la Revised Standard Version, la New International Version y la traducción de James Moffat, todas en inglés, y la versión Dios Habla Hoy en español.]

Este pasaje se encuentra en 1 Juan 5, versículos 7 y 8:
"Porque tres son los que dan testimonio [en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra]: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan."

La añadidura está encerrada entre corchetes. El pasaje se lee bien sin la interpolación, y afirma un hecho patente para los primeros creyentes. La añadidura lleva en sí misma su propia condenación, porque restringiría al cielo la presencia del "Padre, Hijo y Espíritu Santo," es decir, de Dios en toda forma según la doctrina de la Trinidad, contradiciendo de este modo las Escrituras y el hecho obvio de que el Espíritu está en todas partes, y que la presencia de Dios llena todo el universo por medio de él.

"Este texto no se encuentra en ningún manuscrito griego que haya sido escrito antes del siglo V. No es citado por ninguno de los escritores eclesiásticos griegos, ni por ninguno de los primeros padres latinos, aun cuando los temas que trataban naturalmente los habrían conducido a recurrir a la autoridad de él. Por lo tanto, es evidentemente falso, y fue citado por primera vez, aunque no en la forma en que se lee hoy día, por Virgilio Tapensis, un escritor latino desconocido, en la parte final del siglo V; pero no es de mayor importancia saber quién lo fraguó, ya que su propósito debe ser obvio para todos."
Tal es una declaración acerca del motivo por el cual el fragmento referido se omitió de la Versión Revisada en inglés. [Nota del traductor: En su Biblia anotada, Scofield comenta acerca de 1 Juan 5:7 que "casi todos concuerdan que v. 7 no es auténtico"; la Biblia de Estudio Mundo Hispana habla del "texto espúreo acerca de los "tres testigos celestiales" en 1 Juan 5:7"; y el Nuevo Comentario Bíblico dice: "Pero todo el v. 7 de RVR [la versión Reina-Valera] es en realidad una glosa (una añadidura no auténtica) y debe excluirse del texto."]

La revelación de la unidad de Dios, presentada en los testimonios citados, está de acuerdo con la gran conclusión de la ciencia moderna. Se ve que la naturaleza se rige por una sola ley y un solo control en todos sus inmensos campos. No hay choques ni conflictos; el poder que constituye, sostiene y regula todo es UNO. El frío congela el agua y el calor derrite el hielo en todos los países. La luz que descubre la faz de la tierra también irradia la luna e ilumina los distantes planetas. El poder que mantiene la luna en su viaje alrededor de la tierra, impulsa a la tierra alrededor del sol, y lleva incluso a ese cuerpo estupendo y glorioso, con todos sus planetas, en un vasto círculo, con el resto de la creación estrellada, alrededor de un centro desconocido; es decir, un centro claramente indicado en el movimiento del universo estelar, pero cuya localización no se puede determinar ni siquiera aproximadamente a causa de la vastedad del movimiento y la imposibilidad de obtener en el espacio de una vida humana, suficientes datos para hacer el cálculo necesario.

La sugerencia de que ese centro desconocido es la fuente de todo poder, está en significativa armonía con lo que las Escrituras revelan acerca de Dios. Hay una fuente-tiene que haber una fuente-y ésta debe ser un centro, porque todo poder se manifiesta en los centros. La tierra atrae todo objeto hacia su centro, y al mismo tiempo mantiene a la luna girando a su alrededor. A su vez, la tierra es atraída hacia el sol para girar a su alrededor; y el sol mismo, con toda la armazón de la creación, gira alrededor de un centro. Estos son hechos que existen en la organización de las cosas, y por tanto son hechos divinos, porque la organización de las cosas es obra de Dios.

Los testimonios citados dicen que todo procede del Padre. Pero, ¿dónde está el Padre? ¿No implica su nombre que él es la Fuente? Y siendo la Fuente, ¿no es él el Centro de la creación? A algunos les choca la sugerencia de que la Deidad tenga una existencia localizada en el espacio. ¿Por qué les choca? Las Escrituras enseñan expresamente la existencia localizada de la Deidad.

A continuación presentamos la evidencia. Pablo dice en 1 Timoteo 6:16 que Dios habita "en luz inaccesible." Aquí vemos una localización de la persona del Creador. Si Dios estuviese sobre la tierra en el mismo sentido en que él mora en luz inaccesible, ¿qué habría querido decir Pablo al indicar que el hombre no tiene acceso al lugar donde está? Si Dios mora en luz inaccesible, él debe tener allí una existencia, que no está manifestada en esta esfera mundana. Esto está comprobado por las palabras de Salomón:

"Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras." (Eclesiastés 5:2)

Jesús expresa la misma noción en la oración que enseñó a sus discípulos: "Padre nuestro que estás en los cielos." (Mateo 6:9)

Lo mismo enseña David, en Salmos 102:19, 20:
"Porque miró desde lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra, para oir el gemido de los presos."
Y también en Salmos 115:16:"Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres."

En la oración con la cual dedicó el templo a Dios (registrado en 1 Reyes 8), Salomón hizo frecuente uso de la siguiente expresión:
"Tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada."

Es imposible equivocar el tenor de estos testimonios: claramente significan que el Padre de todos es una persona que existe en el centro de los cielos, ya que no existe en ninguna otra parte. Mediante su Espíritu cuya difusión llena la inmensidad, él está presente en todas partes en el sentido de controlar, conocer y estar consciente de la creación hasta en sus más recónditos confines; pero en su propia persona, toda gloriosa, más allá de lo que el poder humano puede concebir, él mora en el cielo.

Considere la evidencia de la ascensión de nuestro Señor, después de su resurrección. Lucas 24:51 dice: "Se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo."
Y Marcos 16:19 reitera la declaración:"Fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios."

Estas declaraciones sólo se pueden entender de acuerdo al principio de que la Deidad tiene una existencia personal manifestada en "el cielo." Qué parte de los amplios cielos puede ocupar este honroso lugar, no podemos ni necesitamos saber.

Hay grande e invencible repugnancia ante este evidentemente bíblico, razonable, y hermoso enfoque del asunto. Es una práctica frecuente, incluso donde se abrigan ideas serias acerca de Dios, concebirlo como un principio o energía en difusión universal, sin núcleo corpóreo, sin habitación local, "sin cuerpo ni partes." No hay fundamento para esta tendencia popular, excepto el que supuestamente da la filosofía, pero la filosofía es una pobre guía en este asunto. Después de todo, la filosofía es sólo pensamiento humano. Poca importancia puede tener en un asunto manifiestamente fuera del alcance humano.

La pregunta es, ¿qué se ha revelado? No necesitamos preocuparnos si lo que se ha revelado contradice los conceptos filosóficos del asunto. Los conceptos filosóficos tienen tanta probabilidad de ser erróneos como de estar en lo cierto.
Pablo advierte a los creyentes en contra del peligro de que sean engañados por la filosofía (Colosenses 2:8). Filosofía o no, las Escrituras citadas enseñan claramente que el Padre es una persona, en quien se unen todas las fuerzas del universo.

Hay otra evidencia en los sucesos del monte Sinaí. Allí Moisés tuvo comunicación con la Deidad. No diremos que el Ser con quien tuvo comunicación fue en realidad el Eterno, porque es evidente, de acuerdo con las enseñanzas de Pablo y Esteban, que fue una manifestación angélica (Hechos 7:38, 53; Hebreos 2:2); y porque Juan declara que a Dios nadie le vio jamás (Juan 1:18).

Sin embargo, se afirma que para Moisés era una apariencia de Jehová (Números 12:8). Por lo tanto, fue una manifestación de la Deidad; y siendo así, ilustró la realidad de la Deidad, porque la Deidad debe ser más alta, más grande, y más real que sus manifestaciones subordinadas. El testimonio es el siguiente: "Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre.... Y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí.... Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento. Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en el fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera.... Y habló Dios todas estas palabras [los diez mandamientos].... Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron y se pusieron lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.... Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios. Y Jehová dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros." (Exodo 19:9, 11, 16-18; 20:1, 18-22)
Además sobre este tema tenemos lo siguiente en Exodo 24:1, 2, 9-12, 15-18:

"Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos. Pero Moisés solo se acercará a Jehová; y ellos no se acerquen, ni suba el pueblo con él.... Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron. Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles.... Entonces Moisés subió al monte...y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel. Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches."

Toda alusión subsiguiente a estos acontecimientos está fundada en la idea de que están relacionados con una persona y una presencia reales. Así leemos en Números 12:8:
"Cara a cara hablaré con él [con Moisés], y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová."
También Exodo 33:11:"Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero."
Y en Deuteronomio 34:10:
"Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara."

Entonces, aunque la manifestación constatada en estos casos fue una manifestación a través de la mediación angélica, no obstante nos habla de un Ser más alto y más real que esa manifestación. Ella ayuda a la mente a formar algún concepto (aunque necesariamente superficial e inadecuado) de Aquel que "hace a los vientos sus mensajeros, y a las flamas de fuego sus ministros" (Salmo 104:4), que es "luz, y no hay ningunas tinieblas en él" (1 Juan 1:5); "El que habita la eternidad" (Isaías 57:15); el que es un "fuego consumidor" (Hebreos 12:29); al cual nadie ha visto ni puede ver (por causa de nuestra imperfección y debilidad naturales); "el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible" (1 Timoteo 6:16); el que es muy limpio de ojos para ver la iniquidad de los hijos de los hombres (Habacuc 1:13); el Dios eterno, el Señor Creador de los confines de la tierra, que no desfallece, ni se fatiga, y no hay quien alcance su entendimiento (Isaías 40:28).

"¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?
¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole? ¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?" (Isaías 40:12-14)
"He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos, ni se puede seguir la huella de sus años." (Job 36:26)
"Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos." (Job 34:21)

El testimonio que está delante de nosotros es que Dios es la única existencia inderivada y autosuficiente del universo. Todas las otras formas de vida no son más que incorporaciones de la vida que está en él, tantas subdivisiones de la corriente que fluye del gran nacimiento.

Las siguientes declaraciones afirman este concepto:
"Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible." (1 Timoteo 6:15, 16)
"En él vivimos, y nos movemos, y somos." (Hechos 17:28)
"Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas." (1 Corintios 8:6)

La teología popular enseña que Dios hizo todas las cosas "de la nada." Este es evidentemente uno de muchos errores, que durante mucho tiempo han pasado habitualmente por verdad. Ha resultado ser un lamentable error; porque ha colocado a la ciencia física en innecesario enfrentamiento con la Biblia. La ciencia física ha obligado a los hombres a aceptar como verdad axiomática que "nada sale de la nada," y habiendo sido inducidos a creer que la Biblia enseña que todas las cosas fueron hechas de la nada, la han desechado como algo inútil en ese campo. Han preferido buscar refugio en diversas teorías que reconocen la eternidad de la fuerza material de una forma u otra.

La Biblia enseña que todas las cosas fueron hechas de Dios, no de la nada. Enseña, como lo muestran los pasajes citados, que Dios, como el poder antecedente y eterno del universo, ha elaborado todas las cosas de él mismo. El "Espíritu" que emana de él bajo el mandato de su voluntad ha sido incorporado en la vasta creación material que vemos. Ese Espíritu ahora constituye el substrato de toda existencia, la esencia misma y primera causa de todo. Todas las cosas están "en Dios," porque están comprendidas en ese poderoso efluvio que emanando de él, llena todo el espacio y constituye la base de toda la existencia.

De esta forma, Dios es omnipresente; su conciencia está en armonía con toda la creación por razón del predominio universal de su Espíritu, el cual es uno con su substancia espiritual personal, de la misma manera que la luz es una con el cuerpo del sol. La idea de la omnisciencia de Dios es demasiado alta para que podamos captarla fácilmente, pero la vemos ilustrada en pequeña escala en el hecho de que el cerebro humano en ciertos estados sensibles está consciente de todo, dentro del radio de su propio efluvio nervioso. Aunque ubicado en los cielos, el Creador lo sabe todo mediante su Espíritu universal; y su infinita capacidad mental le permite tratar con todo, contemplativa o ejecutivamente, según el caso lo requiera.

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