EL PLAN DE DIOS PARA EL MUNDO
Mario A Olcese
Es indiscutible que Dios, el Dios de la Biblia, tiene trazado desde el comienzo de su creación, y que se encuentra delineado en cada página de la Biblia, un plan maestro para este planeta. Una muestra de este plan se halla en las palabras de San Juan en Apocalipsis 13:8 que dicen: "Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del cordero que fue inmolado desde el principio del mundo." Todos sabemos que el Cordero de Dios es Jesús Cristo y que fue inmolado hace casi dos mil años, y aun mucho antes de la caída de los primeros padres.
Así, en los planes de Dios, el Cordero había de ser sacrificado, y todo lo preconoció de antemano Dios, planeándolo cuidadosamente---¡Y desde la misma creación del mundo! Nada escapa al conocimiento de Dios (Omnisapiencia), por lo que el futuro no es desconocido para Él. Él supo que el hombre caería en pecado, pero simultáneamente Dios planeó la redención del hombre con muchísima anticipación. Cristo, su Hijo Unigénito, sería quien cumpliría con este propósito y por eso permitió que naciera como hombre para enseñarnos, en suma, el camino para la salvación (Hebreos 5:8,9; 2:10).
Desde el principio el hombre ha desobedecido a Dios para seguir su propio camino, y ¿cuál ha sido el resultado? ¡La muerte! Dios no ha creado al hombre para que muera, sino para que viva para siempre en este planeta. La muerte, trágicamente, es nuestro peor enemigo que produce mucha tristeza a los vivos. Sin embargo, el sendero andado por la humanidad ha sido el errado, y el que le ha conducido hacia ese fin. Adán, el representante de la raza humana, transmitió el germen del pecado y la muerte a todos sus descendientes, y todos pecaron (Romanos 3:23).
Un nuevo Adán, el Hijo de Dios, tomó el lugar del primer Adán y pagó el precio del pecado muriendo en la cruz. Sólo el pecado de un hombre se redime o cancela con la muerte, pero para salvar a toda la humanidad se requería que un nuevo padre que suplantara a Adán y muriera por todos ¡Y esto hizo Jesus el Mesías! ( Romanos 5:8, 17-21).
El plan de Dios para el hombre era que este se multiplicara y llenara la tierra y la hiciera un verdadero paraíso, en donde el ser humano, hecho a la misma imagen y semejanza de Dios, disfrutara de toda cosa buena hecha para él y su prole (Génesis 1:28). En consecuencia, Dios no nos destinó para vivir con Él en el cielo o en algún lugar extramundano, o supramundano; sino en esta misma tierra creada para nosotros (Salmo 115:16). Entonces, si ese es el plan de Dios, ¿podría alguien cambiarlo? ¡No! Lo que Dios se ha propuesto hacer de antemano lo cumplirá y no tardará.
Adán pecó y perdió aquel estupendo parque o paraíso para luego encontrar una tierra hostíl y dura para vivir. Por lo tanto, la restauración que Dios nos ofrece (Hechos 3:19-21) es aquel paraíso original perdido donde Dios era el Amo Y Señor Absoluto, y los hombres, sus servidores. Dios se propone recuperar ese paraíso perdido por la desobediencia del hombre, y en esta oportunidad lo llenará con gente mansa y humilde de corazón, dispuesta a servir (amar) a Dios incondicionalmente (Mateo 5:5; Salmos 37:9,11,22,29,34; Proverbios 2:21).
Dios tiene sin lugar a dudas, un plan maestro para la raza humana que está oculto para la gran mayoría de Católicos, y aun entre muchos grupos protestantes. Es nuestro propósito darlo a conocer por intermedio de este estudio a nuestros lectores. La Creación del Mundo La Biblia comienza diciendo: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" (Génesis 1:1). Luego nos sigue diciendo que la tierra fue creada para que fuese habitada (Isaías 45:18). La palabra principio no nos dice cuando fue aquel principio, pero sin duda se refiere a un pasado sin fecha, cuando todo fue creado por Dios. La palabra hebrea para crear es "bara", y en su propio y primario sentido significa aquel acto divino de la creación absoluta sin el uso de material preexistente.
En otras palabras, Dios creó la materia "en el principio". Creó lo material de la nada con sólo ordenarlo. Lo visible de la creación fue hecho de lo que no se ve (Hebreos 11:3). El hombre fue creado en el "sexto día" después de los animales. Sin embargo, existen disputas de si fueron días de 24 horas o simplemente períodos indeterminados de tiempo. Las expresiones "Y fue tarde y mañana el día..." sugieren que fueron días de 24 horas.
Sin duda que la obra maestra de Dios en su creación fue el ser humano, pues fue hecho a la imagen y semejanza de Su Creador. A éste el Eterno Dios lo puso en la tierra no para que se quedara ocioso sino para que la "guardase", junto con la mujer a quien el Eterno llamó "ayuda idónea", Eva. La orden de Dios era la de procrear y llenar la tierra con hijos y tuvieran dominio sobre las bestias del campo y labraran la tierra. La Primera Ley Divina De manera clara Dios le prohibió a la primera pareja humana que comieran de cierto árbol de "la ciencia del bien y del mal". Su violación sería la muerte. ¡Muerte física y espiritual!
La primera pareja humana recibió una orden expresa de Dios: "De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día de que él comiéreis ciertamente morirás." Esta fue la primera ley divina que debía ser obedecida, porque de eso dependía la vida. La obediencia de esa ley divina traería felicidad y paz con el Creador, y su violación, la ruptura con Él.
El Primer Pecado
Habiendo dado una ley suprema, su violación constituiría el pecado. La Biblia dice claramente que "Todo el que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4). La Biblia nos dice que Adán y su mujer desobedecieron a Dios y a Su ley, lo que significó su pecado y muerte. De este modo, por la necedad del hombre mismo, la muerte ha seguido reinando. El salario o pago del pecado no es otra cosa que la misma muerte (Romanos 6:23), y por eso todos moriremos algún día (Hebreos 9:27). Se puede decir que aquí finaliza el período de la inocencia a la vista de Dios.
La Primera Profecía
Hasta aquí el diablo sacó ventaja y logró sembrar la desobediencia y la muerte en la raza humana. Sin embargo, Dios prometió no solamente un redentor personal que contendería con Satanás y le vencería, sino que la profecía incluía que habría enemistad perpetua entre las simientes opuestas del mundo, la simiente de la serpiente, o los hijos del maligno, y la simiente de la mujer, los hijos espirituales y obedientes. Esas "simientes" estarían en oposición entre sí en un conflicto continuo. El uno heriría el calcañar (extremidad del pie, por la parte de atrás) de su antagonista, pero el otro finalmente heriría su cabeza, esto es, lo destruiría. Por ende, una guerra continua se desataría entre los buenos y los malos, cuando Jesús dijo: "Vosotros sois de vuestro padre el diablo", es decir, "la simiente de la serpiente".
El Primer Homicidio
Los primeros padres tuvieron 2 hijos, los cuales fueron representantes de dos simientes opuestas. Abel, según se lee en la Biblia, "era justo"; en cambio Caín "era maligno", y la Biblia está llena de esta enemistad. El espíritu de Caín nunca termina hasta que regrese "la simiente de la mujer" a establecer su reino en la tierra y luego destruir a su adversario---"aquel maligno"---el diablo (Hebreos 2:14). En el proceso del tiempo, Caín y Abel trajeron sus respectivas ofrendas al Señor. Caín ofrece el fruto de la tierra, en tanto que Abel trajo de los animales de su rebaño (Ofrenda de expiación, hecha con fe...Hebreos 11:4; 12:24).
El camino de Caín desagradó a Dios quien no aceptó su ofrenda, pero el sacrificio de Abel si fue agradable al Señor. Esta evidencia del favor divino enfureció la "enemistad" en el corazón de Caín, por lo cual se levantó y mató a su hermano justo. Aquí Satanás pretendió destruir a la simiente justa que sería de bendición para la humanidad. Renovación de la Simiente justa Con el tiempo Dios dio a Adán otro hijo, y renovó la simiente justa de Set. Con este nacimiento de Set, al fin, Abel tuvo un sucesor de mente semejante, que anduvo por fe y agradó a Dios.
Así, como "la simiente Caín" y la "simiente de Set" el mundo fue aumentando con gente mala y gente buena. La corrupción del mundo había llegado a su colmo en el linaje de Caín, y la maldad del hombre era casi inconcebible, que Dios anunció al fiel Noé su propósito de destruir la tierra para limpiarla de los malvados. Noé era descendiente de Set, y cuya línea genealógica era Set, Enós, Cainán, Mahalalel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noé.
Para este propósito Dios mandó a Noé a construir un arca para que en ella se salvara él y su familia, y por medio de él a la simiente justa. Durante el tiempo de la construcción del arca ningún hombre quería arrepentirse de su mal camino, por lo que Dios decidió la destrucción del mundo por un diluvio mundial. Sólo 8 personas, Noé y su familia y una pareja de cada especie animal se salvaron. Con este diluvio un mundo cayó en el juicio divino.
La Repoblación de la Tierra
Dios hace un pacto con Noé que ningún otro diluvio destruiría la tierra, y que todas las cosas serían sujetas a Noé y a sus hijos, y les instruyó para que "llenasen la tierra". Por vez primera el concepto sagrado de la vida se hizo notar por la institución de la pena capital. Aquellos que derramaran sangre de hombre su sangre sería derramada. Como señal de las promesas del pacto Dios colocó en el cielo el arco Iris, una señal de su pacto con toda carne "por siglos perpetuos". El mundo así tuvo un nuevo inicio, con la institución del gobierno humano, siendo el hombre el responsable de gobernar al mundo para Dios.
Los hijos de Noé empezaron a multiplicarse y llenar la tierra. Pero no pasó mucho tiempo antes que ellos vieran abundar la maldad, y a los hombres y naciones en abierta enemistad con Dios. Los 3 hijos de Noé fueron: Sem, Cam, y Jafet. Con estos 3 hombres se volvió s llenar la tierra, la cual, poco después se corrompió, y renació el antagonismo entre las simientes opuestas.
Para no ser esparcidos construyeron una torre en el llano de Sinar. Ante este desafío constante, Dios decidió confundir las lenguas de los edificadores de la torre. Hasta ese momento la tierra sólo habla un idioma, pero ahora los hombres empezaron a hablar muchos idiomas y dialectos lo que les obligó a esparcirse por toda la tierra. Actualmente es un hecho establecido que los varios idiomas existentes pertenecen a 3 grandes grupos: Los Arios, los semitas, y los Turianos, correspondientes a los 3 hijos de Noé: Jafet, Sem, y Cam.
El Tiempo de la Promesa
Después de la dispersión, Nimrod, un descendiente de Cam, fundó un imperio a orillas del río Eúfrates, el primitivo imperio babilónico o caldeo. Mizraim, hijo de Cam, fundó el imperio Egipcio, el otro gran centro de la civilización primitiva. Pero también hubo un progreso en la corrupción y en la idolatría. En cuanto a la idolatría, ésta se esparció rápidamente sobre la tierra, deshonrando a Dios y degradando al hombre. En consecuencia Dios dispuso separar una familia de todas las familias de la tierra, para que por medio de ella, Él pudiera preservar la religión pura y sin mácula.
El elegido fue Abraham, que nació en Ur de Caldea, de donde fue llamado por Dios. Las gentes de su época y lugar eran idólatras, aún su propio padre Taré, estaba manchado con la maldición. Dios mandó a Abraham que dejase su país y su parentela y fuese al lugar que le sería mostrado. El mandato fue acompañado con una promesa y un pacto. El llegaría a ser una gran nación, un gran nombre, la tierra de Canaán sería la posesión eterna de su simiente y por medio de él, todas las familias de la tierra. Esto indicó un nuevo comienzo para el Reino de Dios, porque el llamado de Abram, Dios comenzó a preparar el mundo para el redentor prometido, "la simiente de la mujer".
Aunque Dios había prometido que la simiente de Abraham sería innumerable, pasaron años de espera sin señal de descendencia. Impaciente por los años que pasaban sin descendencia, Sarai, su esposa, le sugirió que buscara al hijo en la esclava Agar, y de quien luego nació Ismael, quien vino a ser el padre de la raza árabe. Catorce años más tarde, Isaac, el hijo de la promesa nació milagrosamente. Este heredó la fe de su padre, y obtuvo una renovación del pacto a Abraham. Tuvo dos hijos: Esaú y Jacob. Esaú fue el progenitor de los edomitas, quienes fueron una fuente constante de dificultad para los israelitas, los descendientes de Jacob.
El nombre de Jacob fue finalmente cambiado a ISRAEL, "Príncipe con Dios". De sus doce hijos, José, el hijo de su edad avanzada, era el favorito. Fue aborrecido por sus hermanos, por los cuales finalmente fue vendido y llevado a Egipto por los mercaderes medianitas; allá Dios le bendijo y prosperó. Veinte años más tarde una gran hambruna obligó a Jacob, con sus hijos, a viajar y establecerse en Egipto, a la invitación de José.
Después de la muerte de Jacob y José, se levantó un rey en Egipto que no conocía a José; alarmado por el crecimiento del pueblo hebreo, determinó aplastarles por medio de una cruel opresión y por la destrucción de todos los hijos varones. Durante esta era oscura de opresión, nació un niño (Moisés) destinado a liberar al pueblo esclavizado. Este, más tarde, obligó a Faraón de Egipto dejar salir al pueblo. En la noche de su liberación de Egipto Dios instituyó la Pascua.
La Promulgación de la Ley
En el tercer mes de su salida de Egipto, acamparon en el Sinaí, donde permanecieron un año. Siendo llamado por Dios a la cumbre del monte, Moisés recibe los Diez Mandamientos de Dios, y también las instrucciones para la construcción del tabernáculo o tienda sagrada, que habría de ser la morada de Dios entre ellos. Durante su estadía en el Sinaí, Israel se organizó como nación, y luego del censo del pueblo y la agrupación de las tribus, se movilizaron hacia la posesión de la tierra prometida. Al llegar a la frontera, Moisés envió a doce hombres para investigar la tierra. Al regresar, dos dijeron que era una buena tierra, pero diez dijeron que no podía ser conquistada. El miedo destruyó la fe, y el pueblo rehusó entrar a su posesión prometida. Como castigo por su incredulidad vagaron por el desierto 40 años.
Al fin, después de 38 años, la nueva generación llegó a Cades, el escenario de la trágica incredulidad de sus padres. Aquí Moisés repitió la ley y repasó las condiciones que acompañaban las promesas y las bendiciones de su entrada a Canaán. Después de su mensaje de despedida, Dios llamó al fiel legislador al descanso, y manos invisibles le sepultaron en el monte desde dónde él había visto la tierra prometida.
Después de la muerte de Moisés, el pueblo fue guiado por Josué a Canaán como sucesor de Moisés, pero después de la muerte de Josue hubo un apartamiento gradual de la nación. Esta condición se resume en la frecuentemente frase citada: "Israel hizo lo malo en los ojos del Señor" y también "El Señor los entregó en las manos de sus opresores". En estos períodos críticos, Dios escogía a algún hombre de las tribus, por quien Él pudiera gobernar y ejecutar sus juicios. Estos oficiales eran llamados los "Jueces" de Israel.
Después de varios centenares de años de apostasía, servidumbres, y liberaciones, los israelitas se cansaron del gobierno de los Jueces y demandaron un rey. Después de ser amonestados de las consecuencias trágicas de cambiar de gobierno de una teocracia a una monarquía, Dios les concedió su petición. Saúl fue elegido como el primer rey de Israel.
El carácter de Saúl fue marcado por impulsividad y autovoluntad, y su muerte miserable fue una consecuencia espantosa de su vida. Reinó sobre Israel por 40 años. El período del reinado de David, sucesor de Saúl fue la más brillante de todas en la historia de Israel. Este también reinó por 40 años. Pero en cuanto a explendor y magnificencia, ninguno igualó a Salomón, hijo de David.
El reino israelita se mantuvo unido con estos 3 reyes hasta que vino la división entre el reino de Israel y el reino de Judá durante el reinado de Roboam y Jeroboam. Jeroboam se había corrompido por la idolatría, por lo que fueron llevados a la cautividad. El Reino del Norte fue llevado a Asiria y el Reino del Sur a Babilonia por 70 años durante el reinado de Sedequías.
Por un decreto de Ciro, el Reino del Sur salió de su cautiverio y con un remanente de Israel regresó a Jerusalén y reconstruyeron el templo y lo dedicaron en el período del profeta Nehemías. Del linaje de David y de la línea semita nació "La simiente prometida" para la bendición de la humanidad., unos 400 años después.
por Sean Finnegan, Massachusetts
Muchos grupos no ven la necesidad de desentrañar las capas de la tradición con el fin de descubrir la fe apostólica original del primer siglo. Más bien, se contentan con aferrarse a las creencias y prácticas que la Iglesia les ha legado, independientemente de si estas fueron establecidas por Jesús y los primeros cristianos. Ese no es el tipo de cristiano que soy. En cambio, estoy tratando de ser un restauracionista - alguien que quiere entender y alinear mi práctica del cristianismo en la mayor medida posible con los primeros cristianos. Desafortunadamente, muchas veces las personas que pertenecen a grupos restauracionistas, como nosotros, simplifican lo que el cristianismo primitivo parecía ser. Nos imaginamos que todo el mundo se llevaba bien y estuvieron de acuerdo en las doctrinas, que no hubo grandes cismas o controversias hasta mucho más tarde. Algunos de nosotros probablemente incluso creemos que hasta el siglo IV, cuando se produjo la controversia trinitaria, todo estaba sereno y unificado. Pero esta imagen, no importa lo mucho que queramos que sea cierto, no es simplemente preciso a la luz de los hechos.
En realidad, muchas de las epístolas de Pablo se refieren concretamente a cuestiones controvertidas en las nuevas iglesias. Por ejemplo, en Corinto, los santos habían comenzado a dividirse en facciones: unos de Pablo, unos de Apolos, unos de Cefas, y otros de Cristo. Pablo respondió: "¿Está dividido Cristo? Pablo no fue crucificado por ti, ¿verdad? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a Dios que yo [personalmente] a ninguno de ustedes he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, para que nadie diga que fue bautizado en mi nombre "(1 Cor. 1: 13-15). Otras controversias se refieren a la función de la mujer en la reunión, que era al parecer un problema en el primer siglo (1 Cor. 14: 34-36.; 1 Tim 2: 11-15).
Además, uno de los temas más altamente disputados que causó división era si o no se les exigía a los creyentes guardar la Ley de Moisés. De hecho, el desacuerdo fue tan fuerte y el resultado tan grave que se celebró un concilio en Jerusalén con los pilares de la iglesia con el fin de decidir la solución adecuada. La carta resultante (Hechos 15: 23-29) luego se llevó a todo el mundo mediterráneo por Pablo y Silas para informar a las iglesias que los gentiles fueron aceptados sin necesidad de circuncidarse y guardar la Ley de Moisés. Pablo aún
siendo cristiano judío no guardó las leyes de la alimentación (Rom. 14:14, 20) y modelo la opinión correcta para todos los creyentes. Más tarde, aún más controversia surgió sobre si o no los Judíos necesitaban mantener la Ley de Moisés. Lamentablemente, esta cuestión no se resolvió tan rápido, aunque la epístola a los Hebreos ciertamente deja claro que a causa de la obra de Cristo los Judíos son igualmente liberados del yugo de la Torá (el espíritu en lugar de la letra).
Mi propósito al mencionar estos primeros desacuerdos es simplemente señalar el hecho de que incluso en aquel en el siglo I, en los primeros años del cristianismo, había un montón de controversias sobre todo tipo de cuestiones. ¿Por qué fue ese el caso? La respuesta es simple: cada vez que alguien cambia sus puntos de vista teológicos sobre un tema y luego los enseña a los demás, habrá algunos que se resistan al cambio. La controversia no es necesariamente mala, incluso si es incómoda, porque a través del diálogo y la controversia somos capaces de discernir dónde tenemos que cambiar. Así que, cuando del hay un cambio significativo en la doctrina casi siempre hay dolores del crecimiento como ocurre en la deliberación y transición del pueblo.
Sin embargo, una vez que empezamos a hablar de la doctrina de la Trinidad, nos encontramos con un gran control de carretera. El mito Trinitario general es la siguiente: "Jesús afirmó ser Dios en un sentido trinitario; enseñó que él era Dios a sus discípulos que la aceptaron en la base a sus milagros y resurrección; no fue hasta 300 años más tarde, cuando el hereje Arrio comenzó ha hablar tonterías acerca de Jesús provocando que la Iglesia se
viera obligada a formular un credo para luchar contra él, aunque la Iglesia había creído por unanimidad en la Trinidad desde el principio. "En términos generales, los defensores trinitarios inclinarían sus sombreros a una reconstrucción histórica similar a esta.
Si se hace la pregunta, "¿Quién fue el primer trinitario?", La respuesta siempre es "Jesús". Pero si uno se pregunta, "¿Quién fue el segundo trinitario?" De repente tenemos un importante experimento de pensamiento en nuestras manos, porque en ninguna parte en la
Escritura enseña Jesús alguna vez la Trinidad.
Así el trinitario busca a tientas su camino a la respuesta: "Pues bien, la Escritura no lo dice claramente, pero estoy seguro que los discípulos creyeron en él" Pero, no es que sólo está asumiendo la respuesta del principio? Además, ¿dónde está la polémica? Es absolutamente crítico darse cuenta de que la primera generación de cristianos era estrictamente monoteísta, en el sentido unitario: Dios es una sola persona. Fueron criados para creer en el Shema, el credo central del judaísmo, que
enseña que el Señor, nuestro Dios es un solo Jehová (no dos o tres). Desde ese día hasta hoy, sería difícil encontrar un solo Judio que tenga con la idea de que el Mesías es Dios. [Sin embargo, sorprendentemente, hoy en día hay mesiánicos, creyentes trinitarios judíos - Ed.]. Es que no es parte de la religión judía. Pero si Jesús realmente estaba enseñando que él era Dios en un sentido trinitario para no trinitarios Judios del primer siglo, entonces ¿no sería un cambio significativo? Sin embargo, como vimos hace un momento, el cambio drástico engendra polémica.
De hecho, podríamos decir que mientras más grande es el cambio más probable es que haya resistencia. Vamos a dar un paso más allá. Vamos a suponer que los discípulos no tenían problemas para aceptar esta nueva fórmula trinitaria para la definición de Dios y ellos salieron a proclamar la Trinidad de pueblo en pueblo después de que Jesús ascendió al cielo. Cuando llegaban de sinagoga en sinagoga es fácil observar que no hubo resistencia y persecución significativa, que es lo que esperaríamos si ellos estaban enseñando que Dios es Tres en Uno en lugar de sólo una persona, el Padre. Así también nosotros debemos hacer la pregunta, ¿por qué fueron perseguidos los primeros cristianos? ¿Fue porque enseñaban que Jesús era Dios o fue por otras razones?
En Judea Pedro y Juan fueron perseguidos por el Sanedrín por proclamar la resurrección de un hombre al que habían ejecutado como un falso Mesías (Hechos 4: 2; 5:28). Esteban fue acusado primero de decir "que este nazareno, Jesús, destruirá este lugar, y cambiará las
costumbres que Moisés nos legó" (Hechos 6:14). Después llamó al Sanedrín al arrepentimiento (Hechos 7: 51-53) que les enfureció hasta el punto de que rechinaban sus dientes, se taparon los oídos, y lo mataron a pedradas (Hechos 7: 54- 58). Una vez que Pablo se convirtió al cristianismo predicaba en Damasco que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios (Hechos 9: 20-22). Era tan difícil de derrotar el argumento que las personas decidieron asesinarlo, aunque escapó cuando él estaba en la muralla de la ciudad en una canasta (Hechos 9: 23-25).
En Antioquía de Pisidia, Pablo y Bernabé fueron perseguidos por los líderes judíos porque eran celosos de que muchos de los prosélitos gentiles y los Judios gravitaron hacia el mensaje cristiano (Hechos 13: 42-45). Los primeros cristianos en Antioquía de Siria fueron hostigados por judaizantes cristianos porque los cristianos judíos comían con los cristianos
gentiles, los aceptaban como miembros de pleno derecho del pueblo de Dios a pesar de que no estaban circuncidados y no guardaban la ley de Moisés (Gal. 2 : 4, 11-16; Hechos 15: 1-2). En Filipos, Pablo y Silas fueron capturados y golpeados después de haber echado un demonio de una chica que se estaban utilizando para hacer dinero por adivinar el futuro (Hechos 16: 16-19). La acusación específica interpuesta contra ellos era que ellos (siendo Judios) lanzaban a la ciudad en la confusión por "costumbres que proclaman que no nos es lícito aceptar ni hacer, pues somos romanos" (Hechos 16: 20-21).
En Tesalónica, Pablo y Silas predicó que el Mesías tenía que padecer y resucitar de entre los muertos y que Jesús era en realidad el Mesías (Hechos 17: 3). Cuando un gran número de gentiles temerosos de Dios y mujeres líderes judías se unieron a Pablo y Silas, los Judios se pusieron celosos e instigaron un alboroto en toda la ciudad. Como resultado se apoderaron de Jasón (el que fue hospedador de Pablo y Silas) y lo arrastraron ante las autoridades de la ciudad diciendo: "Estos hombres que han trastornado al mundo han venido acá también ... todos ellos actúan contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús "(Hechos 17: 6-7).
En Éfeso, los compañeros de viaje de Pablo - Gayo y Aristarco - fueron arrastrados por una multitud furiosa en el teatro donde gritaron "¡Grande es Diana de los Efesios" durante horas, porque Pablo había estado enseñando que los ídolos no eran dioses reales (Hechos 19: 26).
Más tarde, en Jerusalén, Pablo fue casi despedazado por un motín que estalló porque pensaban que había llevado a Trófimo, un gentil de Éfeso, a los patios interiores del Templo (Hechos 21: 28-29). La acusación formal, que trajeron en contra de Pablo fue que se encontraron con que él era "una plaga y compañero del que siembra discordia entre todos los Judios en todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos. E incluso trató de profanar el templo "(Hechos 24: 5-6). El administrador romano Porcio Festo resume la acusación así: "ellos [los judíos] acusan simplemente que han tenido algunos puntos de desacuerdo con él [Pablo] sobre su religión y sobre un hombre muerto, Jesús, quien Pablo afirmaba que estaba vivo" (Hechos 25: 18-19).
No había escasez de problemas para los primeros cristianos que los enfrentaron a medida que sobre el mundo mediterráneo proclamaban el Evangelio del Reino y a Cristo (Hechos 8:12), pero ¿no dice esto que nunca ni una sola vez se enfrentaron a la acusación de que estaban redefiniendo a Dios? Nunca hubo un motín en erupción sobre Pablo por proclamar que Jesús de Nazaret fue divino, un eterno SER. Ni una sola vez se oyó a alguien decir: "No puedo aceptar a Jesús como Dios, porque eso sería idolatría". Sin embargo, cada Judio hoy diría exactamente que si se les pide que reconozcan a Jesús como el segundo miembro de la Santísima Trinidad. Es absurdo pensar que Jesús o sus apóstoles redefinieron el concepto de
Dios de la creencia unipersonal, monoteísta que "solo Yahvé es Dios" a un Dios trino de tres personas, cuando no hay un libro del Nuevo Testamento, ni un capítulo, ni un párrafo que describa un cambio de este tipo. No hay una explicación de cómo las claras declaraciones del monoteísmo radical que se encuentran en el Antiguo Testamento podrían ser reinterpretadas a la luz de esta nueva comprensión de la pluralidad divina. Debimos encontrar al menos una iglesia, ya sea en Palestina o en la diáspora que luchó para aceptar esta nueva doctrina de Dios.
Pensar que la Iglesia primitiva debatió sobre la aceptación de los gentiles, guardar la Ley, la forma de celebrar la comunión, el papel de la mujer en la iglesia, pero nunca tuvimos ningún problema en absoluto de aceptar que Dios es ahora misteriosamente tres en lugar de uno es absurdo. ¿No hubo algún grupo de cristianos que resistieran un cambio de esta magnitud? Sin embargo, lo que tenemos en cambio, es una conspiración de silencio - ninguna evidencia de que la Trinidad siquiera existía en tiempos del Nuevo Testamento.
Ahora un poco de historia.
Eventualmente, una controversia sobre si Jesús era Dios estalló, pero fue en Egipto no en Judea, a principios del siglo IV no en el primer siglo. Esta controversia fue tan grave que no menos de 25 ayuntamientos se reunieron específicamente para tratar este tema entre los años 318 y 381. Quince de ellos se encontraban a favor de Arrio, que enseñaba que Jesús fue un ser creado y siete fallaron a favor de Alejandro y Atanasio que enseñaban que Jesús era
plenamente Dios, sin principio. (Tres de ellos terminaron en un punto neutral.) De hecho, no fue hasta Teodosio (el emperador que llegó al poder en el año 379) hizo las creencias no trinitarias ilegales, así que la suerte estaba echada y el cristianismo ortodoxo cimentado en una forma rígidamente trinitaria. La Iglesia podría fácilmente haber tenido un credo unitario en lugar de un credo trinitario, pero la política, al final, fueron el factor decisivo. El Dogma y el poder triunfaron, no la Biblia. Los trinitarios no hubieran tenido éxito en el cortejo del favor del emperador todo habría sido diferente.
Entonces, ¿qué vamos a hacer con estos hechos? Las controversias surgen cuando surgen nuevas ideas que entran en conflicto con las creencias arraigadas y queridas de la gente. La Trinidad fue sin duda una idea completamente nueva que casi todos los estudiosos están de acuerdo no fue enseñada en absoluto en la Biblia hebrea (nuestro Antiguo Testamento). Por otra parte, la Trinidad era totalmente ajena a la forma del pensamiento Judía del primer siglo acerca de Dios y el Mesías. Así que si Jesús vino a la escena revelando esta "verdad" ¿dónde está la evidencia de ello? No tenemos ningún pasaje del Nuevo Testamento que explique o incluso declare la Trinidad. Por otra parte, no hay controversia dentro de la iglesia primitiva que de evidencia de que algunos cristianos rechazaron o necesitaron ser persuadidos de lo contrario. Además, cuando los cristianos viajaron al extranjero como misioneros, supuestamente con la enseñanza de la Trinidad, entre otras cosas, se encontraron con la persecución por una variedad de razones, sin embargo, en ningún caso, hubo allí un conflicto sobre si Jesús era Dios.
Por último, encontramos la controversia sobre la definición de Dios, pero no es hasta mucho más tarde. Creo que si tomamos estas líneas históricas de la argumentación juntos tenemos bases sólidas para rechazar el mito de que Jesús y / o los discípulos creían y enseñaban la doctrina de la Trinidad.




