La posición exaltada de Jesús
Edwin Mauricio Alza
Si bien es cierto Jesús de Nazareth nació de mujer como todo retoño y creció como todo niño israelita, fue por su obediencia hasta la muerte que Dios lo exaltó hasta el máximo lugar que un nacido de mujer podía llegar.
Nosotros los seguidores de Jesús, confesamos creer en tal posición que el Padre le ha dado. "Jesús es el Cristo, el Mesías, el hijo del Único Dios, Jesús será el Rey de Israel.
Esto es lo que creyeron todos los discípulos del NT, esto es lo que Jesús quiso que creamos sobre él y hay abundante evidencia para esta confesión.
La confesión de la Iglesia católica y su hija la iglesia protestante "evangélica" es más allá de lo que está escrito. Decir que Jesús es una "Segunda Persona o hipóstasis de un Dios de unidad compleja que es tres pero sin embargo es uno" es un dogma de los hombres que no se enseña en las Escrituras. Nadie debe exigir tal confesión religiosa. Nadie debería caminar en esa doctrina lesiva al monoteísmo hebreo que es el precioso legado de Dios a Israel y que es la fe de nuestro señor Jesus el Mesías. Marcos 12:29-31.
Lea con cuidado lo que debemos creer de Jesús.
Lucas 3:15, Como el pueblo estaba a la expectativa, y todos se preguntaban en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo...
Juan 1:20, Y Juan confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo.
Juan 1:41, Andrés encontró primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido quiere decir, Cristo).
Juan 1:45, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y también los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José.
Juan 4:25, La mujer le dijo: Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo)
Mateo 16:20, Entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que El era el Cristo (Mesías).
Juan 9:36, y hallándolo, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre?
Juan 11:27, Ella le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.
Mateo 16:16, Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Juan 10:24, ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo claramente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis.
Lucas 22:67, y llevaron a Jesús ante su concilio, diciendo: Si tú eres el Cristo, dínoslo. Pero El les dijo: Si os lo digo, no creeréis.
Mateo 26:63, Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú mismo lo has dicho.
Lucas 24:19, Las referentes a Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo...Pero nosotros esperábamos que El era el que iba a redimir a Israel.
Lucas 24:44, Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos...y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara.
Juan 20:31, pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida [que no acaba] en su nombre.
Mostrando entradas con la etiqueta el Rey Jesús. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el Rey Jesús. Mostrar todas las entradas
lunes, 22 de agosto de 2016
miércoles, 20 de julio de 2016
El Futuro Reino Teocrático
EL CRISTO Y EL REINO TEOCRÁTICO
Dr. Javier Rivas Martínez (MD)
Jesús Cristo: el Mesías y Rey escogido por Dios para gobernar el Reino Teocrático que será erigido en la Tierra (Ap.20:4-6), el Unigénito Hijo del Padre Altísimo (Jn.1:18), no creado, sino engendrado por la potencia de Dios, por medio de su santo Espíritu (Lc.1:35), muerto en una tosca cruz de árbol por Voluntad del Soberano Dios (Is. cap. 54) para la expiación y el perdón de los pecados de los hombres que han creído en él (Jn.3:16; Jn.19:18; 1 Jn.1:2), y con esto, vengan a ser partícipes de la naturaleza divina (2 P.1:4) junto con Cristo en la transformación o glorificación de los cuerpos en la resurrección de los muertos que le amaron siempre y de los que vivan fieles a Cristo en su Parusía (1 Ts.4:16-17), siendo favorecidos por semejante estado para tomar la herencia terrena según las promesas dadas a Abraham por el Señor en el AT, el Reino de Dios, que habrá de acaparar la vastedad del mundo entero renovado en el futuro:
Y sacándole afuera, le dijo: "Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas."
Y le dijo: "Así será tu descendencia." (Gn.15:5).
Y dijo el Ángel de Yahveh: "Multiplicaré de tal modo tu descendencia, que por su gran multitud no podrá contarse." (Gn.16:10).
"Por mi parte he aquí mi alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos. No te llamarás más Abram, sino que tu nombre será Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constituido. Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de ti. (Gn.17:4-6).
De este último punto, cabe expresar, que en el tiempo del ministerio de Cristo en su Primera Venida en la Tierra, por el conocimiento de la literatura veterotestamentaria que implica la promesa del ya mencionado e increíble mundo renovado por Dios y promulgado por sus santos profetas, los judíos aguardaban sin descanso la aparición de su Santo Regidor para el cumplimiento del Reinado Teocrático literal, Regidor que habría de restaurar el Trono de David con la exaltación gloriosa de Jerusalén y de toda la nación israelita, la cual será además libertada de todos sus enemigos de los pueblos gentiles que la acosaron y la hollaron con asesina ira (Ap. cap. 12).
Pasajes como Lc.1:71, Hech.1:6, Lc. 2:26, confirman este pensar Judío. Se consideró siempre desde un inicio que la profecías escatológicas tendrían un cumplimento literal totalmente; jamás se percibió en el contenido de ellas ni el más mínimo rasgo alegórico; ni el Antiguo ni en el Nuevo Testamento hay algo que lo pretenda o sugiera de ese modo.
Los hombres fieles y justos ante Dios nunca pasaron por alto la gran importancia de la glorificación de los cuerpos en la resurrección de los muertos y de los vivos en Cristo (1 Co. cap. 15). Esta condición es obligada para que se suscite en el creyente genuino en la Segunda Venida visible de Cristo para que pueda gozar de las maravillas que el Reino Terrenal pero de carácter Celestial le ofrecerá en el mundo restituido a su debido tiempo, en un día ya fijado por el Soberano Dios que en definitiva no cambiará sus propósitos finales. Su acontecer es seguro como lo expone la Sagrada Biblia.
Cristo anunció el Reino de Dios que fue el mismo que vaticinaron los antiguos profetas de la primera dispensación.
Quienes oyeron al Hijo de Dios predicarlo jamás cuestionaron la naturaleza de dicho Reino puesto que la conocían ya de antemano. Era una situación a la que estaban ya habituados y lo esperaban con no poca paciencia.
El Reino de Dios aunque es, por su literalidad, palpable, su principio o fundamento es cien por ciento espiritual, porque el que «no naciere de nuevo, en agua y Espíritu, no podrá entrar en él, no podrá verlo» (Jn.3:5-7). El Rey y Mesías del Reino Escatológico fue anunciado y reconocido por el ser angelical. Él era Aquel que vendría a ocupar el Trono de David su padre para el fundamento y la conclusión del Reinado Teocrático que una vez atrás fue instituido por Dios para con Israel: … vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin." (Lc.1:31-33). De esa manera se constata lo promulgado por los profetas del AT. con relación a Cristo y su Gobierno Teocrático.
En Isaías vemos: Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre "Maravilla de Consejero", "Dios Fuerte", "Siempre Padre", "Príncipe de Paz". Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso (Is.9:5-6). La profecía del AT. esclarece que el Mesías y Rey del mundo renovado tendría un nacimiento sobrenatural: Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (Is.7:14).
Nuevamente, el ángel acredita la profecía antigua, revelando a María que el Santo Ser que concebiría sería a causa del poder de Dios: María respondió al ángel: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?" El ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios (Lc.1:34-35).
Juan el Bautista, el precursor de Cristo, el anunciador del acercamiento del Reino y de su presunto gobernante, fue profetizado por Malaquías (Mal.4:5-6). Juan amonestaba en su declaración el pronto establecimiento del Reino Teocrático Terreno; es por eso que instigaba a la nación de Israel al sincero arrepentimiento, so advertencia de terrible juicio:
Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: "Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos." Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas (Mt.3:1-3). Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: "Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de conversión, y no creáis que basta con decir en vuestro interior: "Tenemos por padre a Abraham"; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.1 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego (Mt.3:7-10).
Juan, mediante la costumbre del bautismo con agua y la vital y necesaria confesión de pecados, establece la preparación para la aceptación del Mesías, de acuerdo a las expectativas del AT. De otra manera, nadie podría ser capaz de recibir el Reino. La sujeción, la santidad y la mansedumbre son indispensables requisitos para poseer la herencia de la Tierra redimida: Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Heb.12:14). Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra (Mt.5:4).
Al concluir el ministerio de Juan el Bautista (Mt.4:12), Cristo mismo promulga el Reino Teocrático con: «arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mt.4:17), y enviando a sus discípulos y a los setenta les ordena, en el sentido de la prolepsis, a que proclamen el acercamiento de este Reino, es decir, en esta figura de dicción, Cristo se anticipa como objeto o gobernante del mencionado Reino de las abundantes y excelentes bendiciones terrenas: "El Reino de Dios está cerca de vosotros." En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: "Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca." (Mt.10:9-11)
Cristo revalidó la autenticidad del Reino proclamado con milagros y señales sobrenaturales. Él demostró que era el verdadero Mesías enviado por Dios que lo gobernaría y lo confirmó por medio de actos increíbles que rompieron el orden de la "natura" y confirma además en ese tiempo su respaldo de parte de Dios. Así que, las señales manifestadas por el Mesías durante su ministerio terrenal, evidenciaron el poder de Dios en él, y que este poder es un punto importante, indesprendible en lo absoluto, que será expresado por Dios a través de Cristo para la sanidad de los creyentes en la glorificación de los cuerpos, para los cambios cosmológicos y el surgimiento de una innumerable y variada provisión en el Reino: Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios (Mt.12:28).
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa, se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro (Is.35:5-7). Se plantarán sus pies aquel día en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén, al oriente, y el monte de los Olivos se hendirá por el medio de oriente a occidente haciéndose un enorme valle: la mitad del monte se retirará al norte y la otra mitad al sur (Zac.14:4).
Con Cristo, desde el principio de su ministerio hasta su ascensión al cielo, el mensaje del Reino fue limitado a la nación de Israel. El ordenó a sus apóstoles a no entrar a tierra de samaritanos ni a ir por caminos de gentiles (Mt.10:5-7). Cristo declaró categóricamente que él había sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel: Respondió él: "No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel." (Mt.15:24). Un autor escribe con relación a este punto último: «Por esta razón Pablo podía decir que "Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres" (Ro.15:8).
No podía haber ninguna bendición universal del pacto de Dios con Abraham, aplicable a los gentiles hasta que Israel hubiese experimentado la realización del reino teocrático, en cuyo reino y cuyo Rey serian benditas las naciones». Dios les bendiga siempre.
Dr. Javier Rivas Martínez (MD)
Jesús Cristo: el Mesías y Rey escogido por Dios para gobernar el Reino Teocrático que será erigido en la Tierra (Ap.20:4-6), el Unigénito Hijo del Padre Altísimo (Jn.1:18), no creado, sino engendrado por la potencia de Dios, por medio de su santo Espíritu (Lc.1:35), muerto en una tosca cruz de árbol por Voluntad del Soberano Dios (Is. cap. 54) para la expiación y el perdón de los pecados de los hombres que han creído en él (Jn.3:16; Jn.19:18; 1 Jn.1:2), y con esto, vengan a ser partícipes de la naturaleza divina (2 P.1:4) junto con Cristo en la transformación o glorificación de los cuerpos en la resurrección de los muertos que le amaron siempre y de los que vivan fieles a Cristo en su Parusía (1 Ts.4:16-17), siendo favorecidos por semejante estado para tomar la herencia terrena según las promesas dadas a Abraham por el Señor en el AT, el Reino de Dios, que habrá de acaparar la vastedad del mundo entero renovado en el futuro:
Y sacándole afuera, le dijo: "Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas."
Y le dijo: "Así será tu descendencia." (Gn.15:5).
Y dijo el Ángel de Yahveh: "Multiplicaré de tal modo tu descendencia, que por su gran multitud no podrá contarse." (Gn.16:10).
"Por mi parte he aquí mi alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos. No te llamarás más Abram, sino que tu nombre será Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constituido. Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de ti. (Gn.17:4-6).
De este último punto, cabe expresar, que en el tiempo del ministerio de Cristo en su Primera Venida en la Tierra, por el conocimiento de la literatura veterotestamentaria que implica la promesa del ya mencionado e increíble mundo renovado por Dios y promulgado por sus santos profetas, los judíos aguardaban sin descanso la aparición de su Santo Regidor para el cumplimiento del Reinado Teocrático literal, Regidor que habría de restaurar el Trono de David con la exaltación gloriosa de Jerusalén y de toda la nación israelita, la cual será además libertada de todos sus enemigos de los pueblos gentiles que la acosaron y la hollaron con asesina ira (Ap. cap. 12).
Pasajes como Lc.1:71, Hech.1:6, Lc. 2:26, confirman este pensar Judío. Se consideró siempre desde un inicio que la profecías escatológicas tendrían un cumplimento literal totalmente; jamás se percibió en el contenido de ellas ni el más mínimo rasgo alegórico; ni el Antiguo ni en el Nuevo Testamento hay algo que lo pretenda o sugiera de ese modo.
Los hombres fieles y justos ante Dios nunca pasaron por alto la gran importancia de la glorificación de los cuerpos en la resurrección de los muertos y de los vivos en Cristo (1 Co. cap. 15). Esta condición es obligada para que se suscite en el creyente genuino en la Segunda Venida visible de Cristo para que pueda gozar de las maravillas que el Reino Terrenal pero de carácter Celestial le ofrecerá en el mundo restituido a su debido tiempo, en un día ya fijado por el Soberano Dios que en definitiva no cambiará sus propósitos finales. Su acontecer es seguro como lo expone la Sagrada Biblia.
Cristo anunció el Reino de Dios que fue el mismo que vaticinaron los antiguos profetas de la primera dispensación.
Quienes oyeron al Hijo de Dios predicarlo jamás cuestionaron la naturaleza de dicho Reino puesto que la conocían ya de antemano. Era una situación a la que estaban ya habituados y lo esperaban con no poca paciencia.
El Reino de Dios aunque es, por su literalidad, palpable, su principio o fundamento es cien por ciento espiritual, porque el que «no naciere de nuevo, en agua y Espíritu, no podrá entrar en él, no podrá verlo» (Jn.3:5-7). El Rey y Mesías del Reino Escatológico fue anunciado y reconocido por el ser angelical. Él era Aquel que vendría a ocupar el Trono de David su padre para el fundamento y la conclusión del Reinado Teocrático que una vez atrás fue instituido por Dios para con Israel: … vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin." (Lc.1:31-33). De esa manera se constata lo promulgado por los profetas del AT. con relación a Cristo y su Gobierno Teocrático.
En Isaías vemos: Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre "Maravilla de Consejero", "Dios Fuerte", "Siempre Padre", "Príncipe de Paz". Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso (Is.9:5-6). La profecía del AT. esclarece que el Mesías y Rey del mundo renovado tendría un nacimiento sobrenatural: Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (Is.7:14).
Nuevamente, el ángel acredita la profecía antigua, revelando a María que el Santo Ser que concebiría sería a causa del poder de Dios: María respondió al ángel: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?" El ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios (Lc.1:34-35).
Juan el Bautista, el precursor de Cristo, el anunciador del acercamiento del Reino y de su presunto gobernante, fue profetizado por Malaquías (Mal.4:5-6). Juan amonestaba en su declaración el pronto establecimiento del Reino Teocrático Terreno; es por eso que instigaba a la nación de Israel al sincero arrepentimiento, so advertencia de terrible juicio:
Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: "Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos." Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas (Mt.3:1-3). Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: "Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de conversión, y no creáis que basta con decir en vuestro interior: "Tenemos por padre a Abraham"; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.1 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego (Mt.3:7-10).
Juan, mediante la costumbre del bautismo con agua y la vital y necesaria confesión de pecados, establece la preparación para la aceptación del Mesías, de acuerdo a las expectativas del AT. De otra manera, nadie podría ser capaz de recibir el Reino. La sujeción, la santidad y la mansedumbre son indispensables requisitos para poseer la herencia de la Tierra redimida: Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Heb.12:14). Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra (Mt.5:4).
Al concluir el ministerio de Juan el Bautista (Mt.4:12), Cristo mismo promulga el Reino Teocrático con: «arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mt.4:17), y enviando a sus discípulos y a los setenta les ordena, en el sentido de la prolepsis, a que proclamen el acercamiento de este Reino, es decir, en esta figura de dicción, Cristo se anticipa como objeto o gobernante del mencionado Reino de las abundantes y excelentes bendiciones terrenas: "El Reino de Dios está cerca de vosotros." En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: "Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca." (Mt.10:9-11)
Cristo revalidó la autenticidad del Reino proclamado con milagros y señales sobrenaturales. Él demostró que era el verdadero Mesías enviado por Dios que lo gobernaría y lo confirmó por medio de actos increíbles que rompieron el orden de la "natura" y confirma además en ese tiempo su respaldo de parte de Dios. Así que, las señales manifestadas por el Mesías durante su ministerio terrenal, evidenciaron el poder de Dios en él, y que este poder es un punto importante, indesprendible en lo absoluto, que será expresado por Dios a través de Cristo para la sanidad de los creyentes en la glorificación de los cuerpos, para los cambios cosmológicos y el surgimiento de una innumerable y variada provisión en el Reino: Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios (Mt.12:28).
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa, se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro (Is.35:5-7). Se plantarán sus pies aquel día en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén, al oriente, y el monte de los Olivos se hendirá por el medio de oriente a occidente haciéndose un enorme valle: la mitad del monte se retirará al norte y la otra mitad al sur (Zac.14:4).
Con Cristo, desde el principio de su ministerio hasta su ascensión al cielo, el mensaje del Reino fue limitado a la nación de Israel. El ordenó a sus apóstoles a no entrar a tierra de samaritanos ni a ir por caminos de gentiles (Mt.10:5-7). Cristo declaró categóricamente que él había sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel: Respondió él: "No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel." (Mt.15:24). Un autor escribe con relación a este punto último: «Por esta razón Pablo podía decir que "Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres" (Ro.15:8).
No podía haber ninguna bendición universal del pacto de Dios con Abraham, aplicable a los gentiles hasta que Israel hubiese experimentado la realización del reino teocrático, en cuyo reino y cuyo Rey serian benditas las naciones». Dios les bendiga siempre.
Etiquetas:
el Rey Jesús,
mesias humano,
Reino teocrático
viernes, 24 de junio de 2016
Un Gobierno Ideal viene
UN GOBIERNO IDEAL REGIRÁ A LOS GOBIERNOS DEL PRESENTE
Mario A Olcese
En esta época en que la mayoría de nosotros ha perdido la confianza en los gobernantes y en su capacidad para resolver los problemas, la Biblia anuncia un Gobierno que promete acabar con todas las injusticias, abusos y problemas de la humanidad. ¿De qué Gobierno se trata?
Hace unos dos mil años Jesús Cristo comenzó a predicar: "Arrepiéntanse porque el Reino de los cielos está cerca". Además de hacer esto, ejecutó obras como alimentar a miles de personas, curar enfermedades y hasta resucitar personas que habían muerto.
Con estas pruebas Jesús Cristo demostró que está capacitado para ser el mejor gobernante que haya existido y para resolver los problemas que los gobiernos humanos nunca podrían.
Como sabemos, Jesús sólo estuvo por poco tiempo en la tierra y sólo visitó un territorio limitado, pero prometió volver (Mateo capítulo 25) y ahora demostraría su poder a escala mundial pues lo haría desde el cielo, es por eso que a su gobierno se le llama "el Reino de los cielos" (Mateo 4:17 véase también Daniel 2:44; 7:13,14).
¡Este es el gobierno que pedimos cuando oramos: "venga tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo, también sobre la tierra"!
Ahora bien, ¿qué hará este reino por nosotros?
La Biblia responde: “Dios residirá con ellos y ellos serán sus pueblos y Dios mismo estará con ellos como su Dios; y secará todas las lágrimas de ellos y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque las cosas anteriores han pasado" (Apocalipsis 21:3-4).
¿Qué le parece vivir así, incluso sin que exista la muerte? Además, la tierra volverá a ser un paraíso como en el principio, allí habrá trabajo, salud y alimento para todos y además, no habrá más delincuencia. Estas promesas las hace el Creador, no nosotros, búsquelas en su propia Biblia: Isaías 65:21-25; Isaías 33:24; Salmos 37:10,11.
¿Qué debemos hacer para vivir para siempre en la tierra bajo el gobierno del reino de Dios?
En primer lugar, debemos aprender más acerca de Él, Su Hijo Jesús Cristo y Sus justas normas (Juan 17:3), ésta es la única manera de construir una sociedad verdaderamente justa.
El conocimiento de Dios y Sus amorosos propósitos para la humanidad te hará feliz ahora y te traerá enormes bendiciones en el futuro.
Dios te bendiga
Mario A Olcese
En esta época en que la mayoría de nosotros ha perdido la confianza en los gobernantes y en su capacidad para resolver los problemas, la Biblia anuncia un Gobierno que promete acabar con todas las injusticias, abusos y problemas de la humanidad. ¿De qué Gobierno se trata?
Hace unos dos mil años Jesús Cristo comenzó a predicar: "Arrepiéntanse porque el Reino de los cielos está cerca". Además de hacer esto, ejecutó obras como alimentar a miles de personas, curar enfermedades y hasta resucitar personas que habían muerto.
Con estas pruebas Jesús Cristo demostró que está capacitado para ser el mejor gobernante que haya existido y para resolver los problemas que los gobiernos humanos nunca podrían.
Como sabemos, Jesús sólo estuvo por poco tiempo en la tierra y sólo visitó un territorio limitado, pero prometió volver (Mateo capítulo 25) y ahora demostraría su poder a escala mundial pues lo haría desde el cielo, es por eso que a su gobierno se le llama "el Reino de los cielos" (Mateo 4:17 véase también Daniel 2:44; 7:13,14).
¡Este es el gobierno que pedimos cuando oramos: "venga tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo, también sobre la tierra"!
Ahora bien, ¿qué hará este reino por nosotros?
La Biblia responde: “Dios residirá con ellos y ellos serán sus pueblos y Dios mismo estará con ellos como su Dios; y secará todas las lágrimas de ellos y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque las cosas anteriores han pasado" (Apocalipsis 21:3-4).
¿Qué le parece vivir así, incluso sin que exista la muerte? Además, la tierra volverá a ser un paraíso como en el principio, allí habrá trabajo, salud y alimento para todos y además, no habrá más delincuencia. Estas promesas las hace el Creador, no nosotros, búsquelas en su propia Biblia: Isaías 65:21-25; Isaías 33:24; Salmos 37:10,11.
¿Qué debemos hacer para vivir para siempre en la tierra bajo el gobierno del reino de Dios?
En primer lugar, debemos aprender más acerca de Él, Su Hijo Jesús Cristo y Sus justas normas (Juan 17:3), ésta es la única manera de construir una sociedad verdaderamente justa.
El conocimiento de Dios y Sus amorosos propósitos para la humanidad te hará feliz ahora y te traerá enormes bendiciones en el futuro.
Dios te bendiga
Etiquetas:
el Reino de Dios,
el Rey Jesús,
Evangelio del Reino,
reino milenial
miércoles, 22 de junio de 2016
Cristo para las naciones
El Rey y su reino sobre las naciones
Por Mario A Olcese
El Significado de 'Mesías'
Al hablar del Mesías, hablamos también del Reino de Dios, ya que son dos palabras íntimamente unidas en la Biblia. ¿Qué significa Reino de Dios y Mesías? Es la palabra hebrea Maschiaj ('Mesías') equivale a Kjristós ('Cristo') en el idioma griego, y a su vez, Cristo quiere decir: "El ungido de Dios" en nuestro idioma español. En el Antiguo Testamento los reyes judíos de Israel eran previamente "ungidos" por los sumos sacerdotes parar ser nombrados para ese cargo. Ese ungimiento consistía en que el sumo sacerdote vertía aceite sobre la cabeza del escogido que se convertiría en rey. Por ejemplo: Saúl, David, Salomón, etc (1 Samuel 10:1; 16:13; 1 Reyes 1:33-35). En otras palabras, Saúl, David, Salomón, y sus sucesores se convirtieron en CRISTOS para poder reinar sobre el pueblo Hebreo. Saúl era un Cristo ("ungido"), David era un Cristo ("ungido"), Salomón era un Cristo ("ungido"), y sus sucesores. Todos estos reyes reinaron desde la capital JERUSALÉN (1 Reyes 2:11; 11:42).
El Reino de Dios
El Reino de Dios comenzó cuando el pueblo hebreo pidió a Dios tener un rey como las demás naciones. En un comienzo el pueblo hebreo estuvo gobernado por los llamados "Jueces de Israel", los cuales hacían el papel de jueces y gobernantes. Así, por ejemplo, Samuel, Gedeón, Barak, y Sansón fueron cuatro de varios jueces que tuvo Israel.
Con Saúl empieza la dinastía real judía. Pero éste, al no llegar a ser un rey fiel a Dios, es reemplazado por el joven David. Con David Dios hace un pacto muy interesante, el cual veremos en detalle más adelante, pues éste nos dará mucha luz sobre el futuro del mundo entero. Lo importante por ahora es señalar que Dios llama a la dinastía davídica como: "su reino". Es decir, el reino de Dios estuvo representado por los reyes que se iniciaron con David, Salomón, etc. En 1 Crónicas 28:5 veremos que David llama a su dinastía como "el reino de Jehová": "Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel". También en 1 Crónicas 29:23 se nos dice de Salomón: "Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre...". Esto es muy importante, pues el reino de Dios no es una nueva doctrina introducida por Jesús en su ministerio, sino que era un asunto bien conocido aún por el pueblo hebreo de los tiempos de David. De modo que cuando Jesús habla del reino de Dios, sus oyentes sabían perfectamente a qué se refería Jesús con esa frase. Pero lo que hace Jesús es enseñarles a sus paisanos sobre la manera cómo ellos podían participar en ese reino que se reanudará con su segunda venida a la tierra prometida. Pero este punto es para otro acápite.
La Promesa de Dios a David
Dios le hizo un pacto a David el cual es crucial para entender en verdad quién era Jesús según la carne. En primer término, Dios le dijo a David lo siguiente: "Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo...y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente" (2 Samuel 7:12-16).
En esta promesa de Dios a David se enfatizan cinco puntos importantes: la simiente de David, la simiente del reino, la casa de la simiente, el trono de la simiente, y la relación padre-hijo entre la simiente de David y el Dios Todopoderoso. Es decir, Dios le prometió a David una descendencia real, y un hijo singular que establecería su reino para siempre en la tierra prometida. Además, notemos que Dios tiene dos tronos: El trono desde donde Él gobierna, el cual está en el cielo, y el trono en la tierra. Salomón se sentó en el trono terrenal de Dios. Este es el trono que también se le prometió a Jesucristo.
En Jeremías 33:20, 21 leemos: "Así ha dicho Yahvé: Si Pudiereis Invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono...". Esto significa que si Dios no cumpliera con su pacto con David, dejaría antes de haber noche y día en nuestra tierra. Su promesa es tan firme y segura con el anochecer y el amanecer en nuestro planeta.
Ahora bien, hoy no hay un trono terrestre de Yahvé en Jerusalén. Dios descontinuó la línea real 'judío-davídica' por un tiempo debido a que los descendientes de David fueron impíos. Esto está registrado en Ezequiel 21:25-27: "Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto o será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto, A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto o será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré". Aquí Ezequiel habla del impío rey judío Sedequías, quien fuera destronado por el rey Nabuconodosor de Babilonia en 586 AC. Con Sedequías terminó transitoriamente la dinastía davídica sobre Israel, y se puede afirmar que por espacio de más de 2,500 años no ha existido un reino de Dios en Jerusalén. No obstante, Ezequiel asegura que esta interrupción temporal se levantará y se establecerá el reino de Dios en la persona de otro descendiente real Judío y de la casa de David.
Jesucristo, o también llamado: "Jesús el Cristo", es un personaje muy importante para todos los cristianos. Es interesante que Jesús sea llamado el Cristo (o "el Ungido") de Dios. Esto nos hace recordar a los reyes Saúl, David, Salomón, etc. Estos fueron ungidos para ser reyes sobre Israel, ¡y también Jesucristo! El evangelista Mateo empieza diciendo en su evangelio: "Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham" (Mateo 1:1). Esto quiere decir que Jesús es de "sangre azul" y por tanto, un legítimo heredero del trono de David, o del reino de Dios. ¿Recuerda que Ezequiel profetizó que la tiara y la corona se le daría a uno que tendrá el derecho al trono de David? Pues bien, ése es Jesús el Cristo. Por eso, son pocos los "cristianos" que han llegado a entender lo dicho por el ángel Gabriel a María: "Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin" (Ver Lucas 1:31-33). Esta profecía dada por Gabriel a María no es comprendida por millones de llamados "cristianos"---¡Y es trágico! Y es nefasto también que millones de cristianos no crean literalmente las palabras de Pedro, cuando al hablar de Jesús, dice: "Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono" (Hechos 2:29,30). ¿A cuál de los cristos se refería Pedro? La respuesta está en el verso 31. Aquí se habla del Cristo que fue resucitado. Entonces se refiere a Jesús el Cristo---Nuestro Señor y Salvador.
Se ha querido espiritualizar el pacto de Dios con David creando confusión y disensión entre los creyentes. Y es que la mayoría de cristianos tiene un fobia a todo aquello que tiene que ver con los judíos. Hay definitivamente un antisemitismo dentro del mundo católico y aún entre los protestantes. Los prejuicios contra el pueblo hebreo bloquean el sano entendimiento y la justa interpretación de las Santas Escrituras. Incluso hay iglesias cristianas que sostienen que el Antiguo Testamento ha quedado obsoleto, y por tanto, la iglesia no debiera prestarle mucha atención. ¡Qué tragedia! Pasar por alto el Antiguo Testamento es obscurecer el entendimiento cabal del Nuevo Testamento.
Jesús Anuncia el Reino de Dios
Cuando Jesús apareció hace dos milenios en el mundo, vino para anunciar las "buenas noticias" del reino de Dios. En Lucas 4:43 él dijo claramente: "Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios porque para esto he sido enviado". Sí mi amigo, muchos cristianos no saben para qué Dios envió a Jesús al mundo---¡Y esta es otra tragedia! Usted puede preguntarle a cualquier hombre que se precie de ser cristiano, ¿para qué Cristo vino al mundo?, y de seguro que no sabrá responderle como Cristo lo reveló en Lucas 4:43. La mayoría le dirá que Cristo vino a "salvarnos", lo cual es sólo media verdad. La verdad total es que él vino a anunciar el Reino de Dios como el evangelio o buenas noticias de Dios para el mundo sufrido. Y este Reino de Dios (el evangelio verdadero) se traducirá en la salvación de todos aquellos que lo creen o aceptan por fe (Romanos 1:16).
Sí, Jesús vino decirnos que el reino se había acercado, aunque aún faltaría un tiempo para que arribara totalmente (Mateo 10:7). Sin embargo, durante su ministerio de tres años y medio aproximadamente, Jesús dio a "saborear" un poco los efectos benéficos de su reino venidero en el presente. Por ejemplo, cuando él expulsaba a los demonios, y libertaba a los poseídos de la opresión diabólica, Jesús decía que su reino "había llegado" (Mateo 12:28). Y ¿por qué esto? Porque eso es precisamente lo que Cristo hará con Satanás y sus demonios al volver para restaurar el reino de Dios en la tierra---¡neutralizará a las fuerzas demoníacas espirituales! (Ver Apocalipsis 20:2,3).
Los eruditos en Biblia están unánimemente de acuerdo que el mensaje central de Jesucristo es el Reino de Dios. Este se halla en todo el Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Apocalipsis, sin contar con el Antiguo Testamento. Jesús se preocupó de explicarles a sus seguidores las condiciones para participar de él cuando regresara por segunda vez. A Nicodemo, un fariseo de renombre, Jesús le dijo que tenía que "nacer de nuevo" para entrar en él (Juan 3:3,5). También dijo que de los "pobres en espíritu" era su reino (Mateo 5:3). También él explicó que su reino no era de este "mundo malo" sino del siglo venidero de justicia (Juan 18:36). Reveló que difícilmente un rico podría entrar en él (Lucas 18:24). Exigió que los hombres se hicieran inocentes como los niños para poder ingresar con él a su reino (Mateo 18:3). Alabó a los que reconocían que se debía amar a Dios y al prójimo, y a estos les dijo que estaban muy cerca al reino (Marcos 12:32-34). También afirmó que el reino se inauguraría con su iglesia cuando regresara nuevamente al mundo en persona y con sus ángeles (Mateo 25:31,34). Jesús enseñó que debíamos pedir y buscar su reino diariamente en nuestras oraciones (Mateo 6:10,33).
La Pregunta de los Apóstoles
Después de resucitar de la tumba, Jesús continuó predicando o enseñando acerca del reino de Dios a sus discípulos. Según lo registrado por Lucas en Hechos 1:3, 6,7, Jesús permaneció 40 días más entre sus allegados discípulos, a los cuales les seguía enseñando sobre el reino que él establecería en Israel en un futuro. Dice así Hechos 1:3: "A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios". Ahora bien, observe que Jesús se centra en su mensaje del reino, y se asegura que sus discípulos entiendan bien todo lo relacionado al tema. Como es lógico, cuando un maestro enseña sobre una materia o tema surgen preguntas de los alumnos. Y así fue. Después del seminario intensivo de Cristo de 6 semanas, los discípulos le preguntan a Jesús algo importantísimo, pues el maestro ya estaba a punto de partir al cielo: "Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?". Nótese que los discípulos aprendieron que el reino de Dios le sería restaurado a Israel. Jesús NO les había estado enseñando un nuevo reino que se establecería en el cielo, o "en el corazón de los creyentes" sino en ISRAEL. Esto debe quedar bien claro. Nuevamente: Jesús había estado enseñando que el reino se restauraría en Israel, y punto.
Ahora bien, es interesante que los discípulos usen a palabra "restaurarás" en la pregunta. Esto quiere decir que ese reino existió, fue derrocado, y nuevamente será restablecido con un rey descendiente del rey David. Esto también significa que el reino tiene las mismas características que tuvo al comienzo, es decir: Tuvo un rey humano, un territorio (en este caso la tierra prometida, Israel), leyes, súbditos, conflictos territoriales con sus vecinos, etc. Es claro, entonces, que el reino de Dios tendrá las mismas características que tuvo al comienzo de su fundación, pero con la diferencia que estará compuesto por hombres probos y glorificados con inmortalidad.
La Respuesta de Jesús
La respuesta no se dejó esperar y fue muy clara: "Y les dijo: No os toca vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Señor puso en su sola potestad" (Hechos 1:7). Es decir, el tiempo de la restauración del reino de David no lo podían saber sus discípulos, ni tampoco él, como Maestro, sino sólo Dios el Padre. Permanecería en el misterio.
En otra ocasión, cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba a Jerusalén montado en un asno, exclamaron: "Bendito el reino de nuestro padre David que viene" (Marcos 11:10). No obstante, los discípulos se equivocaron en el tiempo más no en la verdad de que el reino de David se restauraría en Jerusalén. Debido a esto Jesús se ve precisado a decir la famosa Parábola de la Diez Minas. Dice esta parábola en Lucas 19:11,12 así: "Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver". ¿Por qué pensaron los discípulos que el reino se manifestaría inmediatamente? La respuesta está en el versículo 11: "por cuanto estaba cerca de Jerusalén". ¿Y qué importancia tenía que Jesús estuviese cerca de Jerusalén? Es simple, pues el reino de Dios estuvo localizado en Jerusalén, la ciudad capital del reino davídico. Eso lo explicamos antes.
Los Cristianos son "Cristos" como Jesús
Si bien Jesucristo es "El Cristo" esperado para tomar el trono de David su padre, él tendrá asistentes en su reino que tendrán su título nobiliario de "príncipes" del reino de Cristo. El apóstol Pablo fue claro al decir que "Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió (Gr. 'Krio', de donde deriva la palabra Gr. 'Kjristos'= Cristo), es Dios" (2 Corintios 1:21). Sí, los cristianos han sido ungidos por el Espíritu Santo de Dios para ser reyes y sacerdotes con Cristo y coherederos del reino para sentarse en sus respectivos tronos de autoridad. Dice Apocalipsis 5:10: "Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra". Sí, en Jerusalén habrá tronos para los apóstoles también, pues dice el Salmo 122:5 : "Porque allá (en Jerusalén) están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David". Además recordemos que Jesús les dijo sus doce apóstoles: "...y os sentéis en tronos juzgando (gobernando) a las doce tribus de Israel" (Lucas 22:30). "Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel" (Lucas 19:28).
Por Mario A Olcese
El Significado de 'Mesías'
Al hablar del Mesías, hablamos también del Reino de Dios, ya que son dos palabras íntimamente unidas en la Biblia. ¿Qué significa Reino de Dios y Mesías? Es la palabra hebrea Maschiaj ('Mesías') equivale a Kjristós ('Cristo') en el idioma griego, y a su vez, Cristo quiere decir: "El ungido de Dios" en nuestro idioma español. En el Antiguo Testamento los reyes judíos de Israel eran previamente "ungidos" por los sumos sacerdotes parar ser nombrados para ese cargo. Ese ungimiento consistía en que el sumo sacerdote vertía aceite sobre la cabeza del escogido que se convertiría en rey. Por ejemplo: Saúl, David, Salomón, etc (1 Samuel 10:1; 16:13; 1 Reyes 1:33-35). En otras palabras, Saúl, David, Salomón, y sus sucesores se convirtieron en CRISTOS para poder reinar sobre el pueblo Hebreo. Saúl era un Cristo ("ungido"), David era un Cristo ("ungido"), Salomón era un Cristo ("ungido"), y sus sucesores. Todos estos reyes reinaron desde la capital JERUSALÉN (1 Reyes 2:11; 11:42).
El Reino de Dios
El Reino de Dios comenzó cuando el pueblo hebreo pidió a Dios tener un rey como las demás naciones. En un comienzo el pueblo hebreo estuvo gobernado por los llamados "Jueces de Israel", los cuales hacían el papel de jueces y gobernantes. Así, por ejemplo, Samuel, Gedeón, Barak, y Sansón fueron cuatro de varios jueces que tuvo Israel.
Con Saúl empieza la dinastía real judía. Pero éste, al no llegar a ser un rey fiel a Dios, es reemplazado por el joven David. Con David Dios hace un pacto muy interesante, el cual veremos en detalle más adelante, pues éste nos dará mucha luz sobre el futuro del mundo entero. Lo importante por ahora es señalar que Dios llama a la dinastía davídica como: "su reino". Es decir, el reino de Dios estuvo representado por los reyes que se iniciaron con David, Salomón, etc. En 1 Crónicas 28:5 veremos que David llama a su dinastía como "el reino de Jehová": "Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel". También en 1 Crónicas 29:23 se nos dice de Salomón: "Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre...". Esto es muy importante, pues el reino de Dios no es una nueva doctrina introducida por Jesús en su ministerio, sino que era un asunto bien conocido aún por el pueblo hebreo de los tiempos de David. De modo que cuando Jesús habla del reino de Dios, sus oyentes sabían perfectamente a qué se refería Jesús con esa frase. Pero lo que hace Jesús es enseñarles a sus paisanos sobre la manera cómo ellos podían participar en ese reino que se reanudará con su segunda venida a la tierra prometida. Pero este punto es para otro acápite.
La Promesa de Dios a David
Dios le hizo un pacto a David el cual es crucial para entender en verdad quién era Jesús según la carne. En primer término, Dios le dijo a David lo siguiente: "Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo...y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente" (2 Samuel 7:12-16).
En esta promesa de Dios a David se enfatizan cinco puntos importantes: la simiente de David, la simiente del reino, la casa de la simiente, el trono de la simiente, y la relación padre-hijo entre la simiente de David y el Dios Todopoderoso. Es decir, Dios le prometió a David una descendencia real, y un hijo singular que establecería su reino para siempre en la tierra prometida. Además, notemos que Dios tiene dos tronos: El trono desde donde Él gobierna, el cual está en el cielo, y el trono en la tierra. Salomón se sentó en el trono terrenal de Dios. Este es el trono que también se le prometió a Jesucristo.
En Jeremías 33:20, 21 leemos: "Así ha dicho Yahvé: Si Pudiereis Invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono...". Esto significa que si Dios no cumpliera con su pacto con David, dejaría antes de haber noche y día en nuestra tierra. Su promesa es tan firme y segura con el anochecer y el amanecer en nuestro planeta.
Ahora bien, hoy no hay un trono terrestre de Yahvé en Jerusalén. Dios descontinuó la línea real 'judío-davídica' por un tiempo debido a que los descendientes de David fueron impíos. Esto está registrado en Ezequiel 21:25-27: "Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto o será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto, A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto o será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré". Aquí Ezequiel habla del impío rey judío Sedequías, quien fuera destronado por el rey Nabuconodosor de Babilonia en 586 AC. Con Sedequías terminó transitoriamente la dinastía davídica sobre Israel, y se puede afirmar que por espacio de más de 2,500 años no ha existido un reino de Dios en Jerusalén. No obstante, Ezequiel asegura que esta interrupción temporal se levantará y se establecerá el reino de Dios en la persona de otro descendiente real Judío y de la casa de David.
Jesucristo, o también llamado: "Jesús el Cristo", es un personaje muy importante para todos los cristianos. Es interesante que Jesús sea llamado el Cristo (o "el Ungido") de Dios. Esto nos hace recordar a los reyes Saúl, David, Salomón, etc. Estos fueron ungidos para ser reyes sobre Israel, ¡y también Jesucristo! El evangelista Mateo empieza diciendo en su evangelio: "Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham" (Mateo 1:1). Esto quiere decir que Jesús es de "sangre azul" y por tanto, un legítimo heredero del trono de David, o del reino de Dios. ¿Recuerda que Ezequiel profetizó que la tiara y la corona se le daría a uno que tendrá el derecho al trono de David? Pues bien, ése es Jesús el Cristo. Por eso, son pocos los "cristianos" que han llegado a entender lo dicho por el ángel Gabriel a María: "Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin" (Ver Lucas 1:31-33). Esta profecía dada por Gabriel a María no es comprendida por millones de llamados "cristianos"---¡Y es trágico! Y es nefasto también que millones de cristianos no crean literalmente las palabras de Pedro, cuando al hablar de Jesús, dice: "Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono" (Hechos 2:29,30). ¿A cuál de los cristos se refería Pedro? La respuesta está en el verso 31. Aquí se habla del Cristo que fue resucitado. Entonces se refiere a Jesús el Cristo---Nuestro Señor y Salvador.
Se ha querido espiritualizar el pacto de Dios con David creando confusión y disensión entre los creyentes. Y es que la mayoría de cristianos tiene un fobia a todo aquello que tiene que ver con los judíos. Hay definitivamente un antisemitismo dentro del mundo católico y aún entre los protestantes. Los prejuicios contra el pueblo hebreo bloquean el sano entendimiento y la justa interpretación de las Santas Escrituras. Incluso hay iglesias cristianas que sostienen que el Antiguo Testamento ha quedado obsoleto, y por tanto, la iglesia no debiera prestarle mucha atención. ¡Qué tragedia! Pasar por alto el Antiguo Testamento es obscurecer el entendimiento cabal del Nuevo Testamento.
Jesús Anuncia el Reino de Dios
Cuando Jesús apareció hace dos milenios en el mundo, vino para anunciar las "buenas noticias" del reino de Dios. En Lucas 4:43 él dijo claramente: "Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios porque para esto he sido enviado". Sí mi amigo, muchos cristianos no saben para qué Dios envió a Jesús al mundo---¡Y esta es otra tragedia! Usted puede preguntarle a cualquier hombre que se precie de ser cristiano, ¿para qué Cristo vino al mundo?, y de seguro que no sabrá responderle como Cristo lo reveló en Lucas 4:43. La mayoría le dirá que Cristo vino a "salvarnos", lo cual es sólo media verdad. La verdad total es que él vino a anunciar el Reino de Dios como el evangelio o buenas noticias de Dios para el mundo sufrido. Y este Reino de Dios (el evangelio verdadero) se traducirá en la salvación de todos aquellos que lo creen o aceptan por fe (Romanos 1:16).
Sí, Jesús vino decirnos que el reino se había acercado, aunque aún faltaría un tiempo para que arribara totalmente (Mateo 10:7). Sin embargo, durante su ministerio de tres años y medio aproximadamente, Jesús dio a "saborear" un poco los efectos benéficos de su reino venidero en el presente. Por ejemplo, cuando él expulsaba a los demonios, y libertaba a los poseídos de la opresión diabólica, Jesús decía que su reino "había llegado" (Mateo 12:28). Y ¿por qué esto? Porque eso es precisamente lo que Cristo hará con Satanás y sus demonios al volver para restaurar el reino de Dios en la tierra---¡neutralizará a las fuerzas demoníacas espirituales! (Ver Apocalipsis 20:2,3).
Los eruditos en Biblia están unánimemente de acuerdo que el mensaje central de Jesucristo es el Reino de Dios. Este se halla en todo el Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Apocalipsis, sin contar con el Antiguo Testamento. Jesús se preocupó de explicarles a sus seguidores las condiciones para participar de él cuando regresara por segunda vez. A Nicodemo, un fariseo de renombre, Jesús le dijo que tenía que "nacer de nuevo" para entrar en él (Juan 3:3,5). También dijo que de los "pobres en espíritu" era su reino (Mateo 5:3). También él explicó que su reino no era de este "mundo malo" sino del siglo venidero de justicia (Juan 18:36). Reveló que difícilmente un rico podría entrar en él (Lucas 18:24). Exigió que los hombres se hicieran inocentes como los niños para poder ingresar con él a su reino (Mateo 18:3). Alabó a los que reconocían que se debía amar a Dios y al prójimo, y a estos les dijo que estaban muy cerca al reino (Marcos 12:32-34). También afirmó que el reino se inauguraría con su iglesia cuando regresara nuevamente al mundo en persona y con sus ángeles (Mateo 25:31,34). Jesús enseñó que debíamos pedir y buscar su reino diariamente en nuestras oraciones (Mateo 6:10,33).
La Pregunta de los Apóstoles
Después de resucitar de la tumba, Jesús continuó predicando o enseñando acerca del reino de Dios a sus discípulos. Según lo registrado por Lucas en Hechos 1:3, 6,7, Jesús permaneció 40 días más entre sus allegados discípulos, a los cuales les seguía enseñando sobre el reino que él establecería en Israel en un futuro. Dice así Hechos 1:3: "A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios". Ahora bien, observe que Jesús se centra en su mensaje del reino, y se asegura que sus discípulos entiendan bien todo lo relacionado al tema. Como es lógico, cuando un maestro enseña sobre una materia o tema surgen preguntas de los alumnos. Y así fue. Después del seminario intensivo de Cristo de 6 semanas, los discípulos le preguntan a Jesús algo importantísimo, pues el maestro ya estaba a punto de partir al cielo: "Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?". Nótese que los discípulos aprendieron que el reino de Dios le sería restaurado a Israel. Jesús NO les había estado enseñando un nuevo reino que se establecería en el cielo, o "en el corazón de los creyentes" sino en ISRAEL. Esto debe quedar bien claro. Nuevamente: Jesús había estado enseñando que el reino se restauraría en Israel, y punto.
Ahora bien, es interesante que los discípulos usen a palabra "restaurarás" en la pregunta. Esto quiere decir que ese reino existió, fue derrocado, y nuevamente será restablecido con un rey descendiente del rey David. Esto también significa que el reino tiene las mismas características que tuvo al comienzo, es decir: Tuvo un rey humano, un territorio (en este caso la tierra prometida, Israel), leyes, súbditos, conflictos territoriales con sus vecinos, etc. Es claro, entonces, que el reino de Dios tendrá las mismas características que tuvo al comienzo de su fundación, pero con la diferencia que estará compuesto por hombres probos y glorificados con inmortalidad.
La Respuesta de Jesús
La respuesta no se dejó esperar y fue muy clara: "Y les dijo: No os toca vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Señor puso en su sola potestad" (Hechos 1:7). Es decir, el tiempo de la restauración del reino de David no lo podían saber sus discípulos, ni tampoco él, como Maestro, sino sólo Dios el Padre. Permanecería en el misterio.
En otra ocasión, cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba a Jerusalén montado en un asno, exclamaron: "Bendito el reino de nuestro padre David que viene" (Marcos 11:10). No obstante, los discípulos se equivocaron en el tiempo más no en la verdad de que el reino de David se restauraría en Jerusalén. Debido a esto Jesús se ve precisado a decir la famosa Parábola de la Diez Minas. Dice esta parábola en Lucas 19:11,12 así: "Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver". ¿Por qué pensaron los discípulos que el reino se manifestaría inmediatamente? La respuesta está en el versículo 11: "por cuanto estaba cerca de Jerusalén". ¿Y qué importancia tenía que Jesús estuviese cerca de Jerusalén? Es simple, pues el reino de Dios estuvo localizado en Jerusalén, la ciudad capital del reino davídico. Eso lo explicamos antes.
Los Cristianos son "Cristos" como Jesús
Si bien Jesucristo es "El Cristo" esperado para tomar el trono de David su padre, él tendrá asistentes en su reino que tendrán su título nobiliario de "príncipes" del reino de Cristo. El apóstol Pablo fue claro al decir que "Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió (Gr. 'Krio', de donde deriva la palabra Gr. 'Kjristos'= Cristo), es Dios" (2 Corintios 1:21). Sí, los cristianos han sido ungidos por el Espíritu Santo de Dios para ser reyes y sacerdotes con Cristo y coherederos del reino para sentarse en sus respectivos tronos de autoridad. Dice Apocalipsis 5:10: "Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra". Sí, en Jerusalén habrá tronos para los apóstoles también, pues dice el Salmo 122:5 : "Porque allá (en Jerusalén) están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David". Además recordemos que Jesús les dijo sus doce apóstoles: "...y os sentéis en tronos juzgando (gobernando) a las doce tribus de Israel" (Lucas 22:30). "Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel" (Lucas 19:28).
Etiquetas:
anunciar el Reino.,
CPLN,
Cristo para las naciones,
el Rey Jesús
lunes, 20 de junio de 2016
El Cristo y su reino teocrático
El Cristo y el Reino Teocrático
Dr. Javier Rivas Martínez (MD)
Jesús Cristo: el Mesías y Rey escogido por Dios para gobernar el Reino Teocrático que será erguido en la Tierra (Ap.20:4-6), el Unigénito Hijo del Padre Altísimo (Jn.1:18), no creado, sino engendrado por la potencia de Dios, por medio de su santo espíritu (Lc.1:35), muerto en una tosca cruz de árbol por Voluntad del Soberano Dios (Is. cap. 54) para la expiación y el perdón de los pecados de los hombres que han creído en él (Jn.3:16; Jn.19:18; 1 Jn.1:2), y con esto, vengan a ser partícipes de la naturaleza divina (2 P.1:4) junto con Cristo en la transformación o glorificación de los cuerpos en la resurrección de los muertos que le amaron siempre y de los que vivan fieles a Cristo en su Parusía (1 Ts.4:16-17), siendo favorecidos por semejante estado para tomar la herencia terrena según las promesas dadas a Abraham por el Señor en el AT, el Reino de Dios, que habrá de acaparar la vastedad del mundo entero renovado en el futuro:
Y sacándole afuera, le dijo: "Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas." Y le dijo: "Así será tu descendencia." (Gn.15:5). Y dijo el Ángel de Yahveh: "Multiplicaré de tal modo tu descendencia, que por su gran multitud no podrá contarse." (Gn.16:10). "Por mi parte he aquí mi alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos. No te llamarás más Abram, sino que tu nombre será Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constituido. Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de ti. (Gn.17:4-6).
De este último punto, cabe expresar, que en el tiempo del ministerio de Cristo en su Primera Venida en la Tierra, por el conocimiento de la literatura veterotestamentaria que implica la promesa del ya mencionado e increíble mundo renovado por Dios y promulgado por sus santos profetas, los judíos aguardaban sin descanso la aparición de su Santo Regidor para el cumplimiento del Reinado Teocrático literal, Regidor que habría de restaurar el Trono de David con la exaltación gloriosa de Jerusalén y de toda la nación israelita, la cual será además libertada de todos sus enemigos de los pueblos gentiles que la acosaron y la hollaron con asesina ira (Ap. cap. 12).
Pasajes como Lc.1:71, Hech.1:6, Lc. 2:26, confirman este pensar Judío. Se consideró siempre desde un inicio que la profecías escatológicas tendrían un cumplimento literal totalmente; jamás se percibió en el contenido de ellas ni el más mínimo rasgo alegórico; ni el Antiguo ni en el Nuevo Testamento hay algo que lo pretenda o sugiera de ese modo. Los hombres fieles y justos ante Dios nunca pasaron por alto la gran importancia de la glorificación de los cuerpos en la resurrección de los muertos y de los vivos en Cristo (1 Co. cap. 15). Esta condición es obligada para que se suscite en el creyente genuino en la Segunda Venida visible de Cristo para que pueda gozar de las maravillas que el Reino Terrenal pero de carácter Celestial le ofrecerá en el mundo restituido a su debido tiempo, en un día ya fijado por el Soberano Dios que en definitiva no cambiará sus propósitos finales. Su acontecer es seguro como lo expone la Sagrada Biblia. Cristo anunció el Reino de Dios que fue el mismo que vaticinaron los antiguos profetas de la primera dispensación.
Quienes oyeron al Hijo de Dios predicarlo jamás cuestionaron la naturaleza de dicho Reino puesto que la conocían ya de antemano. Era una situación a la que estaban ya habituados y lo esperaban con no poca paciencia. El Reino de Dios aunque es, por su literalidad, palpable, su principio o fundamento es cien por ciento espiritual, porque el que «no naciere de nuevo, en agua y Espíritu, no podrá entrar en él, no podrá verlo» (Jn.3:5-7).
El Rey y Mesías del Reino Escatológico fue anunciado y reconocido por el ser angelical. Él era Aquel que vendría a ocupar el Trono de David su padre para el fundamento y la conclusión del Reinado Teocrático que una vez atrás fue instituido por Dios para con Israel: … vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin." (Lc.1:31-33). De esa manera se constata lo promulgado por los profetas del AT. con relación a Cristo y su Gobierno Teocrático.
En Isaías vemos: Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre "Maravilla de Consejero", "Dios Fuerte", "Siempre Padre", "Príncipe de Paz". Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahvéh Sebaot hará eso (Is.9:5-6).
La profecía del AT. esclarece que el Mesías y Rey del mundo renovado tendría un nacimiento sobrenatural: Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (Is.7:14). Nuevamente, el ángel acredita la profecía antigua, revelando a María que el Santo Ser que concebiría sería a causa del poder de Dios: María respondió al ángel: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?" El ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios (Lc.1:34-35).
Juan el Bautista, el precursor de Cristo, el anunciador del acercamiento del Reino y de su presunto gobernante, fue profetizado por Malaquías (Mal.4:5-6). Juan amonestaba en su declaración el pronto establecimiento del Reino Teocrático Terreno; es por eso que instigaba a la nación de Israel al sincero arrepentimiento, so advertencia de terrible juicio: Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: "Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos." Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas (Mt.3:1-3). Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: "Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de conversión, y no creáis que basta con decir en vuestro interior: "Tenemos por padre a Abraham"; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.1 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego (Mt.3:7-10).
Juan, mediante la costumbre del bautismo con agua y la vital y necesaria confesión de pecados, establece la preparación para la aceptación del Mesías, de acuerdo a las expectativas del AT. De otra manera, nadie podría ser capaz de recibir el Reino. La sujeción, la santidad y la mansedumbre son indispensables requisitos para poseer la herencia de la Tierra redimida: Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Heb.12:14). Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra (Mt.5:4).
Al concluir el ministerio de Juan el Bautista (Mt.4:12), Cristo mismo promulga el Reino Teocrático con: «arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mt.4:17), y enviando a sus discípulos y a los setenta les ordena, en el sentido de la prolepsis, a que proclamen el acercamiento de este Reino, es decir, en esta figura de dicción, Cristo se anticipa como objeto o gobernante del mencionado Reino de las abundantes y excelentes bendiciones terrenas: "El Reino de Dios está cerca de vosotros." En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: "Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca." (Mt.10:9-11)
Cristo revalidó la autenticidad del Reino proclamado con milagros y señales sobrenaturales. Él demostró que era el verdadero Mesías enviado por Dios que lo gobernaría y lo confirmó por medio de actos increíbles que rompieron el orden de la "natura" y confirma además en ese tiempo su respaldo de parte de Dios.
Así que, las señales manifestadas por el Mesías durante su ministerio terrenal, evidenciaron el poder de Dios en él, y que este poder es un punto importante, indesprendible en lo absoluto, que será expresado por Dios a través de Cristo para la sanidad de los creyentes en la glorificación de los cuerpos, para los cambios cosmológicos y el surgimiento de una innumerable y variada provisión en el Reino: Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios (Mt.12:28). Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa, se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro (Is.35:5-7). Se plantarán sus pies aquel día en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén, al oriente, y el monte de los Olivos se hendirá por el medio de oriente a occidente haciéndose un enorme valle: la mitad del monte se retirará al norte y la otra mitad al sur (Zac.14:4). Con Cristo, entre el principio de su ministerio hasta su ascensión al cielo, el mensaje del Reino fue limitado a la nación de Israel. El ordenó a sus apóstoles a no entrar a tierra de samaritanos ni a ir por caminos de gentiles (Mt.10:5-7).
Cristo declaró categóricamente que él había sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel: Respondió él: "No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel." (Mt.15:24). Un autor escribe con relación a este punto último: «Por esta razón Pablo podía decir que "Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres" (Ro.15:8). No podía haber ninguna bendición universal del pacto de Dios con Abraham, aplicable a los gentiles hasta que Israel hubiese experimentado la realización del reino teocrático, en cuyo reino y cuyo Rey serian benditas las naciones».
Dios les bendiga siempre.
Dr. Javier Rivas Martínez (MD)
Jesús Cristo: el Mesías y Rey escogido por Dios para gobernar el Reino Teocrático que será erguido en la Tierra (Ap.20:4-6), el Unigénito Hijo del Padre Altísimo (Jn.1:18), no creado, sino engendrado por la potencia de Dios, por medio de su santo espíritu (Lc.1:35), muerto en una tosca cruz de árbol por Voluntad del Soberano Dios (Is. cap. 54) para la expiación y el perdón de los pecados de los hombres que han creído en él (Jn.3:16; Jn.19:18; 1 Jn.1:2), y con esto, vengan a ser partícipes de la naturaleza divina (2 P.1:4) junto con Cristo en la transformación o glorificación de los cuerpos en la resurrección de los muertos que le amaron siempre y de los que vivan fieles a Cristo en su Parusía (1 Ts.4:16-17), siendo favorecidos por semejante estado para tomar la herencia terrena según las promesas dadas a Abraham por el Señor en el AT, el Reino de Dios, que habrá de acaparar la vastedad del mundo entero renovado en el futuro:
Y sacándole afuera, le dijo: "Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas." Y le dijo: "Así será tu descendencia." (Gn.15:5). Y dijo el Ángel de Yahveh: "Multiplicaré de tal modo tu descendencia, que por su gran multitud no podrá contarse." (Gn.16:10). "Por mi parte he aquí mi alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos. No te llamarás más Abram, sino que tu nombre será Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constituido. Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de ti. (Gn.17:4-6).
De este último punto, cabe expresar, que en el tiempo del ministerio de Cristo en su Primera Venida en la Tierra, por el conocimiento de la literatura veterotestamentaria que implica la promesa del ya mencionado e increíble mundo renovado por Dios y promulgado por sus santos profetas, los judíos aguardaban sin descanso la aparición de su Santo Regidor para el cumplimiento del Reinado Teocrático literal, Regidor que habría de restaurar el Trono de David con la exaltación gloriosa de Jerusalén y de toda la nación israelita, la cual será además libertada de todos sus enemigos de los pueblos gentiles que la acosaron y la hollaron con asesina ira (Ap. cap. 12).
Pasajes como Lc.1:71, Hech.1:6, Lc. 2:26, confirman este pensar Judío. Se consideró siempre desde un inicio que la profecías escatológicas tendrían un cumplimento literal totalmente; jamás se percibió en el contenido de ellas ni el más mínimo rasgo alegórico; ni el Antiguo ni en el Nuevo Testamento hay algo que lo pretenda o sugiera de ese modo. Los hombres fieles y justos ante Dios nunca pasaron por alto la gran importancia de la glorificación de los cuerpos en la resurrección de los muertos y de los vivos en Cristo (1 Co. cap. 15). Esta condición es obligada para que se suscite en el creyente genuino en la Segunda Venida visible de Cristo para que pueda gozar de las maravillas que el Reino Terrenal pero de carácter Celestial le ofrecerá en el mundo restituido a su debido tiempo, en un día ya fijado por el Soberano Dios que en definitiva no cambiará sus propósitos finales. Su acontecer es seguro como lo expone la Sagrada Biblia. Cristo anunció el Reino de Dios que fue el mismo que vaticinaron los antiguos profetas de la primera dispensación.
Quienes oyeron al Hijo de Dios predicarlo jamás cuestionaron la naturaleza de dicho Reino puesto que la conocían ya de antemano. Era una situación a la que estaban ya habituados y lo esperaban con no poca paciencia. El Reino de Dios aunque es, por su literalidad, palpable, su principio o fundamento es cien por ciento espiritual, porque el que «no naciere de nuevo, en agua y Espíritu, no podrá entrar en él, no podrá verlo» (Jn.3:5-7).
El Rey y Mesías del Reino Escatológico fue anunciado y reconocido por el ser angelical. Él era Aquel que vendría a ocupar el Trono de David su padre para el fundamento y la conclusión del Reinado Teocrático que una vez atrás fue instituido por Dios para con Israel: … vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin." (Lc.1:31-33). De esa manera se constata lo promulgado por los profetas del AT. con relación a Cristo y su Gobierno Teocrático.
En Isaías vemos: Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre "Maravilla de Consejero", "Dios Fuerte", "Siempre Padre", "Príncipe de Paz". Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahvéh Sebaot hará eso (Is.9:5-6).
La profecía del AT. esclarece que el Mesías y Rey del mundo renovado tendría un nacimiento sobrenatural: Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (Is.7:14). Nuevamente, el ángel acredita la profecía antigua, revelando a María que el Santo Ser que concebiría sería a causa del poder de Dios: María respondió al ángel: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?" El ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios (Lc.1:34-35).
Juan el Bautista, el precursor de Cristo, el anunciador del acercamiento del Reino y de su presunto gobernante, fue profetizado por Malaquías (Mal.4:5-6). Juan amonestaba en su declaración el pronto establecimiento del Reino Teocrático Terreno; es por eso que instigaba a la nación de Israel al sincero arrepentimiento, so advertencia de terrible juicio: Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: "Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos." Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas (Mt.3:1-3). Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: "Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de conversión, y no creáis que basta con decir en vuestro interior: "Tenemos por padre a Abraham"; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.1 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego (Mt.3:7-10).
Juan, mediante la costumbre del bautismo con agua y la vital y necesaria confesión de pecados, establece la preparación para la aceptación del Mesías, de acuerdo a las expectativas del AT. De otra manera, nadie podría ser capaz de recibir el Reino. La sujeción, la santidad y la mansedumbre son indispensables requisitos para poseer la herencia de la Tierra redimida: Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Heb.12:14). Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra (Mt.5:4).
Al concluir el ministerio de Juan el Bautista (Mt.4:12), Cristo mismo promulga el Reino Teocrático con: «arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mt.4:17), y enviando a sus discípulos y a los setenta les ordena, en el sentido de la prolepsis, a que proclamen el acercamiento de este Reino, es decir, en esta figura de dicción, Cristo se anticipa como objeto o gobernante del mencionado Reino de las abundantes y excelentes bendiciones terrenas: "El Reino de Dios está cerca de vosotros." En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: "Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca." (Mt.10:9-11)
Cristo revalidó la autenticidad del Reino proclamado con milagros y señales sobrenaturales. Él demostró que era el verdadero Mesías enviado por Dios que lo gobernaría y lo confirmó por medio de actos increíbles que rompieron el orden de la "natura" y confirma además en ese tiempo su respaldo de parte de Dios.
Así que, las señales manifestadas por el Mesías durante su ministerio terrenal, evidenciaron el poder de Dios en él, y que este poder es un punto importante, indesprendible en lo absoluto, que será expresado por Dios a través de Cristo para la sanidad de los creyentes en la glorificación de los cuerpos, para los cambios cosmológicos y el surgimiento de una innumerable y variada provisión en el Reino: Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios (Mt.12:28). Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa, se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro (Is.35:5-7). Se plantarán sus pies aquel día en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén, al oriente, y el monte de los Olivos se hendirá por el medio de oriente a occidente haciéndose un enorme valle: la mitad del monte se retirará al norte y la otra mitad al sur (Zac.14:4). Con Cristo, entre el principio de su ministerio hasta su ascensión al cielo, el mensaje del Reino fue limitado a la nación de Israel. El ordenó a sus apóstoles a no entrar a tierra de samaritanos ni a ir por caminos de gentiles (Mt.10:5-7).
Cristo declaró categóricamente que él había sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel: Respondió él: "No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel." (Mt.15:24). Un autor escribe con relación a este punto último: «Por esta razón Pablo podía decir que "Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres" (Ro.15:8). No podía haber ninguna bendición universal del pacto de Dios con Abraham, aplicable a los gentiles hasta que Israel hubiese experimentado la realización del reino teocrático, en cuyo reino y cuyo Rey serian benditas las naciones».
Dios les bendiga siempre.
Etiquetas:
el Reino de Dios,
el Rey Jesús,
teocracia
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




