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viernes, 19 de agosto de 2016

¿Están conscientes los muertos?

¿Están Conscientes los Muertos?
Del Libro La Cristiandad extraviada
por Robert Roberts



Además de estas indicaciones generales de la naturaleza destructiva de la muerte como una extinción del ser, hay otras declaraciones en la Escrituras que específicamente niegan que los muertos tengan conciencia alguna. Por ejemplo:

"Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol." (Eclesiastés 9:5,6)

Con cuánta frecuencia oímos comentar acerca de los muertos: "Pues, bien. ¡Ahora lo sabe todo!" ¿Qué diremos a eso? Si las palabras de Salomón tienen significado, entonces tal comentario es precisamente lo opuesto a la verdad. ¿Que puede ser más explícito?: "Los muertos nada saben."

Ciertamente sería una maravillosa proeza de la exégesis que lograra que esto signifique: "Los muertos todo lo saben." Además, cuán común es creer que después de la muerte, los muertos amarán y servirán a Dios con mayor devoción en el cielo porque se deshicieron de la traba de este cuerpo mortal; o que le maldecirán con ardiente odio en el infierno, por la misma razón; que, en realidad, su amor se habrá perfeccionado y su odio intensificado; precisamente frente a la declaración de Salomón que expresa lo contrario: "Su amor y su odio y su envidia fenecieron ya." David es igualmente categórico en este punto. El dice:

"No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos." (Salmos 146:3,4)

También:
"En la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quién te alabará?" (Salmos 6:5)

Ezequías, rey de Israel, da testimonio similar. Había estado "enfermo de muerte," y al recuperarse compuso un cántico de alabanza a Dios, en el cual dio la siguiente explicación de su agradecimiento:

"Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy." (Isaías 38:18,19)

Este conjunto de testimonios de las Escrituras debe ser concluyente para aquellos que consideran importante la autoridad de las Escrituras. Si el veredicto de las Escrituras tiene algún peso, el estado de los muertos ya no debe ser más un asunto discutible. La Biblia resuelve la cuestión en contra de toda la especulación filosófica. Enseña que la muerte es un eclipse total del ser-un arrasamiento completo de nuestro yo consciente en relación con el universo de Dios.

Esto no lesionará los sentimientos de aquellos que se rigen por la sabiduría que inculcan las Escrituras. Los tales se inclinarán ante la respuesta de Dios, cualquiera que sea. Harían esto aun si la respuesta fuera más difícil de aceptar que lo que es en este caso. En vez de ser difícil de aceptar, concuerda con nuestra experiencia y nuestros instintos. Y mejor aún, libera de la oscuridad toda la doctrina de la Biblia.

La Biblia establece la doctrina de la resurrección sobre el firme cimiento de la necesidad; porque desde el punto de vista de ella, la vida futura sólo se puede alcanzar por medio de resurrección; mientras que desde el punto de vista popular, la vida futura es una evolución natural a partir de la presente y no es afectada de ninguna manera por la resurrección del cuerpo.

En verdad es difícil ver siguiera alguna utilidad en la resurrección si aceptamos la idea popular; porque si un hombre recibe su recompensa cuando viene la muerte, y disfruta de toda la felicidad celestial que su naturaleza es capaz de disfrutar, parece incongruente que, después de cierto tiempo, se vea obligado a dejar las regiones celestiales para reunirse con su cuerpo en la tierra, cuando se supone que tiene mucho más capacidad de gozar de la vida eterna sin ese cuerpo.

La resurrección está fuera de lugar en semejante sistema; y en consecuencia encontramos que, hoy en día, muchos la están abandonando, y en vano tratan de elaborar explicaciones para negar la doctrina del Nuevo Testamento respecto a la resurrección física.

He citado muchos pasajes para demostrar la realidad de la muerte, y la consiguiente inconsciencia de los que están muertos. Esos pasajes no son ambiguos. Son claros, sencillos y comprensibles. Ahora bien, si las declaraciones positivas que hacen fueran presentadas en la forma de interrogaciones a cualquier maestro religioso moderno, o a cualquiera de los inteligentes que hay en su rebaño, ¿estarían sus respuestas en armonía con aquellas declaraciones? Veamos.

Supongamos que preguntamos: ¿Saben algo los muertos? ¿Cuál sería las respuesta? "Oh, sí, saben muchísimo más que los que viven." O si preguntáramos: ¿Perecen los pensamientos de un hombre cuando va al sepulcro? La respuesta instantánea sería, según las palabras de un "reverendo" caballero, en su sermón fúnebre: "Oh, cuánto nos regocijamos sabiendo que la muerte, aunque pueda cerrar nuestra historia mortal, no es la terminación de nuestra existencia ni siquiera es la suspensión de la conciencia."

O también: ¿Hay memoria de Dios en la muerte? "Oh, sí, los justos muertos lo conocen más perfectamente, y lo aman más completamente que cuando estaban en la tierra." ¿Alaban los muertos al Señor? "Ciertamente, si son redimidos, se unen en el cántico de Moisés y el Cordero ante el trono." ¿Se extinguen los bebés, cuando mueren, como si nunca hubiesen existido? "¡No! ¡No perecen los pensamientos! Van al cielo y llegan a ser ángeles en la presencia de Dios."

De este modo, en cada caso, la creencia popular sobre los muertos es exactamente contraria a las explícitas declaraciones de las Escrituras. Es una creencia totalmente desprovista de fundamento. Se opone a toda verdad, tanto natural como revelada. No es difícil, mediante un cuidadoso razonamiento, exponer la falacia de los argumentos "naturales" sobre los cuales está fundada.

Ahora miraremos algunas de la razones bíblicas que por lo general se proponen en su favor. Esas razones están basadas en ciertos pasajes que ocurren en su mayor parte en el Nuevo Testamento. Para comenzar, se podrá observar que, aunque presentan superficialmente un aparente apoyo a la creencia popular, ninguno de ellos afirma esa creencia. La evidencia que se supone contienen es solamente deducción. Esto es, hacen ciertas declaraciones que se supone implican la doctrina que se procura probar, pero no proclaman la doctrina en sí misma.

Es importante tomar nota de este hecho general antes de comenzar. Conviene saber que en toda la Biblia no hay ni una sola promesa de ir al cielo al morir, y ni una sola declaración de que el hombre tiene un alma inmortal; y que toda la supuesta evidencia contenida en la Biblia en favor de estas doctrinas es tan ambigua que su significado puede ser puesto en duda. Esto es importante, porque el testimonio en favor del criterio opuesto (el expuesto en el presente capítulo) es tan claro y explícito que no puede ser echado a un lado sin cometer la más flagrante violación a las leyes fundamentales del lenguaje.

Esta consideración sugiere este importante principio de la interpretación bíblica: que el testimonio simple debe guiarnos en el entendimiento de lo que puede ser oscuro. Debemos deducir nuestros principios fundamentales a partir de enseñanzas que no pueden ser malentendidas y que armonizan todas las dificultades que surjan.

Sería una locura fundar un dogma en un pasaje que por su imprecisión es susceptible de dos interpretaciones, especialmente si ese dogma está en oposición a las inequívocas declaraciones de la Palabra de Dios en otros lugares de la Biblia.
Apliquemos por un momento este principio a los pasajes que son citados para justificar la teoría popular.

lunes, 15 de agosto de 2016

El estado de los muertos


La Cristiandad Extraviada
Por Robert Roberts




Capitulo 3


El Estado de los Muertos: Inconscientes Hasta la Resurrección

Introducción

Si la cristiandad está extraviada en cuanto a la naturaleza del hombre, lógicamente se deduce que también está extraviada en cuanto al estado de los muertos, referente a lo cual su teoría ocupa un lugar prominente en la teología actual. Examinemos ahora este tema a la luz de los hechos y del testimonio de las Escrituras.

La muerte es el hecho más importante en la experiencia humana. Su realización es universal e inevitable; tarde o temprano, su tenebrosa sombra entristece todo hogar. ¿Quién no ha sentido su mano férrea? ¿Quién no ha contemplado a un ser querido empalidecido y anquilosado por su soplo desolador? El niño lozano con toda su balbuceante inocencia y cautivadoras maneras; el compañero de la juventud, rosado, saludable y alegre; la amada esposa, el leal esposo, el amigo fiel y confiable: ¿cuál de ellos no ha sido arrancado de nuestro lado por la terrible mano de este enemigo despiadado e indiscriminado? Un día los hemos visto con ojos brillantes, semblante radiante, cuerpo vigoroso, y les hemos oído pronunciar vivamente palabras de amistad e inteligencia; la próxima vez los vemos estirados en el féretro-quietos, fríos, inmóviles, pálidos, muertos.

¿Qué diremos de estas cosas? La muerte trae aflicción a los vivos. Los agobia con un dolor que rehúsa ser consolado. No es por nosotros mismos que nos afligimos; nos alegraría saber que aún están  vivos, aunque estuvieran muy lejos y nos fuera imposible comunicarnos con ellos. No; es porque están muertos que nos apena el corazón. Consideremos la relación de esto con la teología popular de nuestros días. Si la muerte fuera un mero cambio de estado y no una destrucción del ser, ¿por qué toda esta angustia por aquellos que se han ido? ¿No puede ser motivo de las incertidumbres "más allá de la sepultura," porque nuestro pesar es tan agudo por aquellos que se cree han ido al cielo, como por aquellos de los cuales se tienen dudas.

Las lágrimas fluyen tanto por los buenos como por los malos, y quizás con más pena. Aquí hay algo contradictorio en la teoría popular. Si en verdad nuestros amigos se han ido a la "gloria," deberíamos sentirnos tan agradecidos como lo hacemos cuando reciben honores "acá abajo"; pero no lo estamos, ¿y por qué? La evidencia justificará la respuesta. Porque la fuerza del instinto natural no puede ser vencida por la ficción teológica.
Los hombres prácticamente nunca creerán que la muerte es el comienzo de la vida, cuando ven que es la extinción de todo lo que alguna vez conocieron o palparon de la vida.

Si los muertos no están muertos, sino que se han ido a una vida mejor; si están "alabando a Dios entre los redimidos de arriba," entonces están vivos y, por lo tanto, sólo han cambiado un lugar de morada temporal por un lugar de morada eterna. Sencillamente han salido del cuerpo para ir al cielo o al infierno, según sea el caso. La palabra "muerte," en su significado original, no tendría, pues, aplicación al hombre. Habría perdido el significado que normalmente se le da. Ya no sería más la antítesis de la "vida." Ya no significaría más la cesación de la existencia viviente (su significado fundamental) sino que sólo significaría un cambio de habitación. "¿Muere un hombre? ¡No, imposible! Puede salir del cuerpo, pero no puede morir." Esta es la opinión popular-el fallo de la sabiduría del mundo-la tenaz creencia del mundo religioso.

Investigaremos si hay algo en la enseñanza de las Sagradas Escrituras o en el testimonio de la naturaleza que respalde esta creencia. Y descubriremos que no sólo hay completa ausencia de respaldo, sino que, al contrario, hay abundante evidencia que muestra que la muerte invade el ser de un hombre y le quita la existencia y que en consecuencia en la muerte se halla tan completamente inconsciente como si nunca hubiese vivido. Que el lector retenga suspenda su juicio. Encontrará que lo que viene a continuación justificará esta respuesta, aunque parezca aterradora al principio.

¿Qué es la Muerte?

Primero, consideremos por un momento la idea primordial expresada en la palabra muerte. Es lo opuesto a la vida. Conocemos la vida como un asunto de positiva experiencia. La idea de la muerte se deriva de esta experiencia. La muerte es la palabra que describe su interrupción, negación, o detención. Ya sea que el término vida se utilice literal o figuradamente, ya sea que se aplique a una criatura o a una institución, la muerte es lo opuesto de la vida. Significa la ausencia o partida de la vida. Por lo tanto, a fin de entender la muerte en relación con nuestra actual investigación, es necesario que tengamos un concepto preciso de la vida. No podemos entender la vida en sentido metafísico; pero esto no es un impedimento para nuestra investigación; porque la dificultad en este sentido no es mayor ni menor que en el caso de los animales, y en el caso de los animales la gente no profesa hallar ninguna dificultad en reconciliar el misterio de la vida con el hecho de la muerte real.

Dejando la metafísica a un lado, sólo necesitamos preguntarnos: "¿Qué es la vida según se conoce experimentalmente?" La respuesta de la verdad literal dice que es el resultado conjunto de los procesos orgánicos que se desarrollan dentro de la estructura humana-la respiración, circulación de la sangre, digestión. Los pulmones, el corazón y el estómago funcionan en conjunto para generar y sostener la vida e impartir actividad a las diversas facultades de las cuales estamos compuestos. Fuera de este laborioso organismo la vida no existe, ya sea en lo que concierne al hombre como a las bestias. Si se golpea el cerebro, sobreviene la inconsciencia; si se quita el aire, se produce el sofocamiento; si se corta el suministro de alimentos, sobreviene el hambre con efecto fatal. Estos hechos, que todo el mundo conoce, demuestran que la vida depende del organismo. Muestran que la vida humana, con sus misteriosos fenómenos del pensamiento y sentimiento, es el producto de la complicada maquinaria de la cual estamos hechos. Esa maquinaria, en completa y armoniosa acción, es una suficiente explicación de la vida que ahora tenemos. En ella y por medio de ella existimos.

Ahora bien, a pesar del prejuicio que el lector tenga contra esta presentación del asunto, no puede dejar de reconocer esto: que hubo un tiempo cuando no existíamos. Este importante hecho muestra la posibilidad de la inexistencia en relación con el hombre. La pregunta es: ¿volverá a sobrevenir ese estado de inexistencia? Esta es una sencilla cuestión de experiencia, sobre la cual ¡ay! la experiencia habla con tanta claridad. En vista de que la existencia humana depende de la función del material orgánico, la inexistencia sobreviene debido a la interrupción de esa función. Por experiencia sabemos que esta interrupción efectivamente ocurre, y que como consecuencia el hombre muere. La muerte viene sobre él y deshace lo que el nacimiento hizo por él. Uno le dio la existencia; la otra se la quita.

El decreto divino "polvo eres, y al polvo volverás," se realiza en la experiencia de todo hombre. En el transcurso de la naturaleza, su ser desaparece de la creación, y todas sus cualidades su sumergen en la muerte por la simple sencilla razón de que el organismo que las desarrolla, también detiene sus funciones.

Estos son los hechos desde un punto de vista natural. Pero cuando escudriñamos las Escrituras es asombroso lo fundamentado que se vuelve el caso. Cuando las Escrituras hablan de la muerte de alguien, no emplean la fraseología de los religiosos modernos. Las Escrituras no dicen que los justos se han "ido a recibir su galardón," o que se han "ido a rendir su cuenta final," o que han "emprendido vuelo a un mundo mejor"; ni dicen que los inicuos se han "ido a comparecer ante el tribunal de Dios para responder por sus malas acciones."

El lenguaje bíblico declara expresamente una doctrina contraria. La muerte de Abraham, el padre de los fieles, se halla registrada así:
"Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo." (Génesis 25:8)

Así también el caso de Isaac:
"Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fue recogido a su pueblo." (Génesis 35:29)

Así también Jacob:
"Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus padres." (Génesis 49:33)
De José sólo se dice:

"Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto." (Génesis 50:26)

Así en el caso de Moisés:
"Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy." (Deuteronomio 34:5,6)

Y así también hallaremos en el caso de Josué (Josué 24:29), Samuel (1 Samuel 25:1), David (1 Reyes 2:1,2,10; Hechos 2:29,34), Salomón (1 Reyes 11:43), y todos los demás cuya muerte se halla registrada en las Escrituras. Nunca se dice que se han ido a alguna otra parte; simplemente se menciona que mueren, que entregan su vida y que vuelven a la tierra. Pablo adopta el mismo estilo de lenguaje cuando habla de la generación de los justos que han muerto. El dice:
"Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos." (Hebreos 11:13)

Cuando Jesús habló de la muerte de Lázaro, reconoció el hecho en su sentido más claro:
"[Jesús] les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto." (Juan 11:11-14)

Cuando Lucas describe la muerte de Esteban, no cae en ninguno de los elevados éxtasis tan generalizados en la literatura religiosa moderna. Sencillamente dice: "Y habiendo dicho esto, durmió" (Hechos 7:60). Cuando Pablo tiene ocasión de referirse a los cristianos fallecidos, no habla de ellos como que se hallan ante el trono de Dios. Las palabras que emplea están en armonía con aquellas ya citadas:
"Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza." (1 Tesalonicenses 4:13)

No hay excepciones a estos casos en el texto bíblico. Todas las alusiones bíblicas al tema de la muerte son tan diferentes al sentimiento moderno como es posible concebir. La Biblia habla de la muerte como el término de la vida, y nunca como el comienzo de otra existencia. Ni una sola vez nos habla de algún muerto que haya ido al cielo. Ni una sola vez se representa a los muertos como si estuviesen conscientes, excepto por un permisible lenguaje poético (Isaías 14:4) o para propósitos de parábolas (Lucas 16:19-31). Siempre son descritos en términos que armonizan con la experiencia: en la tierra de tinieblas, silencio e inconsciencia.

Salomón dice:
"Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría." (Eclesiastés 9:10)

Job, angustiado por la acumulada calamidad, maldijo el día de su nacimiento y deseó haber muerto cuando niño; y fijémonos en lo que dice acerca de cuál habría sido la consecuencia:
"Pues ahora estaría yo muerto, y reposaría; dormiría, y entonces tendría descanso, con los reyes y consejeros de la tierra, que reedifican para sí ruinas [tumbas]; o con los príncipes que poseían el oro, que llenaban de plata sus casas. ¿Por qué no fui escondido como abortivo, como los pequeñitos que nunca vieron la luz? Allí los impíos dejan de perturbar, y allí descansan los de agotadas fuerzas. Allí también reposan los cautivos; no oyen la voz del capataz. Allí están el chico y el grande, y el siervo libre de su señor." (Job 3:13-19)

Job también hace la siguiente declaración, que junto con la recién citada, debiera ser bien considerada por aquellos que creen que los bebés van al cielo cuando mueren:
"¿ Por qué me sacaste de la matriz? Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría visto. Fuera como si nunca hubiera existido." (Job 10:18)

El salmista alude de paso al estado de los muertos en las siguientes expresivas palabras:
"Abandonado entre los muertos, como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, de quienes no te acuerdas ya, y que fueron arrebatados de tu mano... Manifestarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte? ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia? ¿o tu verdad en el Abadón? ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas, y tu justicia en la tierra del olvido?" (Salmos 88:5,10-12)

Estas preguntas están contestadas en una breve pero enfática declaración que aparece en Salmos 115:17: "No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio."

Y el salmista da una patética expresión a su propia creencia acerca de la naturaleza fugaz del hombre, en las siguientes palabras, que tienen relación directa con el estado de los muertos:

"He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive... Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; porque forastero soy para ti, y advenedizo, como todos mis padres. Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca." (Salmos 39:5,12,13)

David dice en Salmos 146:2: "Alabaré a Jehová en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva"; claramente implicando que de acuerdo con su creencia, dejaría de vivir y alabar a Jehová cuando aconteciera la muerte.


martes, 7 de junio de 2016

¿Qué nos enseña la muerte sobre la vida?


¿Qué nos enseña la muerte sobre la vida?
El Dr. Thomas S. Warren II



Reseña del libro por Barbara Buzzard

En el prólogo de este libro, Edward Fudge considera los ampliamente sostenidos puntos de vista populares del cielo y el infierno y dice lo siguiente: "¿Estas ideas realmente se encuentran en la Biblia, o ellas vienen de otro lugar? Comenzando con los primeros capítulos del Génesis, Warren camina con cuidado a través tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento cuando él responde a esa pregunta. La enseñanza bíblica, concluye, en que el ser humano no tiene un alma, sino más bien es un alma. La muerte es la muerte, no la vida en otra forma o lugar. El remedio de Dios para la muerte es la resurrección de toda la persona, ni un alma o espíritu hay a prueba de muerte". [1]

El Dr. Warren reta a sus lectores sobre lo que "el otro árbol" en el Jardín del Edén representa. Todos sabemos del árbol prohibido del conocimiento del bien y el mal, el único árbol prohibido a Adán y Eva. Ellos comieron del "otro árbol," el árbol de la vida, antes de su pecado. Pero después de su pecado, Dios no permitió que coman de él y "vivan para siempre en su pecado ... Si el hombre era el que iba a vivir para siempre debe plantearse la pregunta:" ¿Por qué Dios debería llegar a tales extremos para mantener a Adán y Eva del jardín (árbol de la vida) para que no pueda hacer lo que él ya iba a hacer (vivir para siempre)? ' "[2] El Dr. Warren sostiene que la Biblia plantea un gran problema para los que creen que el hombre es naturalmente inmortal. "Dios mismo contradice la creencia tal por la manera en que trata a su mayor creación, la humanidad. Después de desterrar a Adán y a á Eva del Jardín del Edén debido a su pecado,

Dios define su destino en términos simples. Ya que Adán y Eva se hicieron desde el suelo, al suelo regresarían (Génesis 3:19) "[3] David comprendió esto: "Cuando su espíritu sale y vuelven al suelo; en ese mismo día perecen sus pensamientos a la nada "(Salmo 146: 3-4.). Obviamente, existe una gran brecha entre lo que se cree popularmente que es el caso y la verdad bíblica. Si Warren tiene razón al afirmar que la Biblia presenta un gran problema para aquellos que tienen la visión más popular, y que sin duda lo disimulan bien! No estoy al tanto de algún grupo que esté aún abierto a la discusión sobre este punto. Si dudan, simplemente citan su autoridad favorita en su iglesia, y dejan que se sepa que esa autoridad no debe ser cuestionada.

La Biblia se deja fuera, pero, por supuesto, que no se debe quedar fuera. "El razonamiento más sólido conduce a conclusiones erróneas cuando las premisas son falsas." [4] "La idea de que el hombre fue traído a la vida por el aliento de la vida sugiere que antes este hombre se encontraba en un estado de "ausencia de vida '(inactividad) y sin vida. En otras palabras, él era de tierra. De acuerdo con la Biblia, era buena tierra (Génesis 1:31). E incluso como buena tierra, que no podía pensar, sentir o actuar por su cuenta. No había nada inherente a la naturaleza del hombre que tuviera vida. Su condición previa al Dios traerlo a la vida es la misma condición en la que existirá el hombre cuando muera y vuelva a la tierra al final de su vida.

Para Adán, y todos nosotros, estar muerto significa estar sin el espíritu que da la vida de Dios que hace que las cosas muertas vivan". [5] El Dr. Warren hace el punto de que 36 veces en el Antiguo Testamento, los que murieron fueron referidos como habiendo "reposado con sus padres." "Está bastante claro a partir de los textos del Antiguo Testamento ... que la muerte fue vista como un momento en que la gente reposaba de sus trabajos, dormidos en el suelo o polvo, y esperando el momento en que se resucitarían ". [6] Hay una consideración cuidadosa de la muerte y la resurrección de Lázaro, y el autor señala que Lázaro fue sacado de la tumba, no del cielo. Qué contraste con esta historia presentan las visiones en el lecho de muerte populares y las experiencias fuera del cuerpo.

Aunque Lázaro había estado muerto hacía cuatro días, no hubo ninguna mención de lo que experimentó en el cielo, y, de hecho, ¿qué clase de cielo habría sido sin Jesús? "En la tumba no te pueden alabar(a Dios), los que descienden a la fosa no pueden esperar tu fidelidad. Los vivos, los vivos - sean los que te alaben "(Is 38: 18-19.). "Los que viven saben que han de morir, pero los muertos nada saben... Donde van, no hay ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría" (Ecl. 9: 5, 10). ¿No es una cosa increíble que en muchos o la mayoría de los funerales se dice que el fallecido está vivo en el cielo, habiendo experimentado una extensión de la vida en otro reino? En nuestra cultura, la muerte se ve casi como un amigo, de la persona muerta se dice que está en un "lugar mejor." A menudo oímos la frase, "Dios se lo llevó o se la llevó para estar con él." Lo que es un vivo contraste entre esto y la interpretación de las escrituras de la muerte como un enemigo!

A medida que el autor invita, vas a cualquier funeraria hoy y se oye que la muerte es una entrada a una vida diferente. Este libro es bastante corto, sólo 107 páginas. Eso incluye 3 apéndices, uno de los cuales contiene preguntas de estudio para cada capítulo. Otro apéndice trata de pasajes problemáticos. Está simplemente escrito y esta es su fuerza; Muchas de las virtudes dadas a este libro se debe a su simplicidad. El Dr. Warren fue un pastor por más de 30 años, después de haber recibido su M.Th.Div. y D. Min. del Seminario Teológico Gordon-Conwell.

El desafío de este libro debería ser aceptado por todos los que persiguen la verdad, sobre todo por aquellos que predican y enseñan lo contrario, con el fin de que comprueben ellos mismos y con un trato sincero y equitativo con la Escritura. "La sugerencia de que las personas sin Cristo no tienen esperanza en la tumba (1 Ts. 4:13) sostiene firmemente la idea de que la muerte era vista como el fin y no un pasaje a una vida mejor ... Según las propias palabras del señor, la muerte obstaculiza su control sobre la humanidad hasta la segunda venida, momento en el cual los "muertos en Cristo resucitarán primero" (1 Tes. 4:16) ... es imposible no ver la centralidad de la resurrección, cuando se trata de entender lo que sucede cuando una persona muere ... de acuerdo con Cristo, los que están muertos resucitarán primero en el momento de la resurrección. Junto con los cristianos que sigan vivos, los que han muerto se reunirán Cristo en el aire ". [7]

"A lo largo de la Biblia siempre se habla de ellos como seres mortales o almas, sólo Dios se considera inmortal (1 Tim. 6:16) y el don de la inmortalidad es siempre visto como algo recibido o dado en el momento de la segunda venida de Cristo "(1 Cor. 15:54)." El Dr. Warren señala que según la Escritura, estas son las palabras que describen la muerte: el silencio, decaimiento, desesperanza, falta de alabanza, y la ausencia de memoria. Sin embargo, la teología del hombre tiene hombres muertos caminando, pensando, disfrutando de la dicha. ¡Que extraño!. ¿Cómo es posible que esta cualidad de la inmortalidad pueda ser experimentada ahora, cuando 1 Corintios 15: 52-53 revela que esto es algo que Jesús traerá con él y la otorgará en su venida?

Apocalipsis 22:12 es el más esclarecedor: "He aquí, yo vengo pronto, y mi galardón conmigo." ¿Cómo entonces podemos recibir el galardón en la muerte? Estas diferencias ponen en duda el estado de la iglesia: "Cuando la Biblia dice que el hombre es 'mortal' ¿Cuando se convirtió en un ser inmortal que está en un plano de igualdad con su creador?" [8] Y lo que es una cuestión preocupante es. En una ocasión estaba presente cuando un clérigo indicó que estaba de acuerdo en que la Biblia enseña la inmortalidad condicional, pero, por supuesto, nunca podría correr el riesgo de predicarlo! El punto de vista de las Escrituras, como se ha señalado por Warren, es que la inmortalidad es condicional, y por lo tanto se conoce como la inmortalidad condicional. "Debido a que el hombre es mortal la Biblia dice que no va a vivir para siempre a menos que sea en relación con el que es inmortal y él es el difusor de este regalo.

El futuro eterno del hombre es condicional ... 'En el camino de la justicia está la vida; [9] al final de ese camino está la inmortalidad "(Pr 12:28.). Si no lo fuera, sin esperanza y vendríamos a ser 'ser más desdichados de todos los hombres "(1 Cor. 15: 19b)."Sólo me gustaría añadir que la "relación", que nuestro autor habla es lo que se llama en Juan 3: 36 y Romanos 1: 5-6 "la obediencia de la fe."

Warren concluye con esto: "En el principio de este estudio, se les pidió que se unan a mí en un viaje a través de la Biblia en una búsqueda de la verdad. Si bien hemos examinado una gran cantidad de textos y considerado muchos temas, nuestro objetivo ha sido el de permitir que el texto hable por sí mismo y nuestro propósito era buscar la verdad, no importa lo diferente que podría ser de lo que ya creemos. En muchos casos se ha sugerido, incluso argumentado, que el texto no coincide con la enseñanza prevalente encontrada tan a menudo en la comunidad cristiana de hoy. Ahora bien, en la conclusión de este estudio, somos llevados a un punto de decisión.

En concreto, dice que la evidencia bíblica habla de una visión de la verdad que no hemos visto antes y, si es así, ¿vamos a creerla? "[10] La simple verdad es que no es la vida sólo está en Cristo (es decir, condicional). "La idea de que el hombre tiene la inmortalidad aparte de que Cristo llegará a dársela a él en el momento de la resurrección es el colmo de la arrogancia espiritual." [11] Otra verdad simple es que la visión popular resta importancia a la resurrección. De hecho, como alguien le preguntó en tono de burla, ¿Cuál es el punto de la resurrección en ese esquema - remachar el alma de nuevo en el cuerpo? Como estamos experimentando el cambio de la definición de matrimonio, también lo ha hecho el sistema cuando cambió el sentido de la muerte en el sentido de que no es la muerte, sino una nueva fase de la vida. "Para muchos, estar muerto es una especie de oxímoron espiritual, estar muerto es realmente estar vivo." [12]

El autor concluye que nos recuerda que la presencia de la falsa enseñanza no debería sorprendernos; que parece que tenemos una tendencia a hacer las cosas a nuestra manera. Se nos advierte contra los que "apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas" (2 Tim. 4: 4). "Es la convicción del autor de que gran parte del pensamiento presente en la iglesia de hoy perteneciente a la naturaleza del hombre y su destino eterno representa un giro muy lejos de la verdad." [13]

1] Thomas S. Warren II, ¿Qué nos enseña morir?, Prólogo de William Edward Fudge, autor de El fuego que consume
[2] Ibid., P. 7
[3] Ibid., P. 8
[4] Vilhjalmur Stetansson
[5] Los hombres muertos Hablar, p. 9
[6] Ibid., P. 13
[7] Ibid., Pp. 17, 18
[8] Ibid., P. 76
[9] Ibid., P. 75 [
10] Ibid., P. 76
[11] Ibid., P. 79
[12] Ibid., P. 25
[13] Ibid., P. 77