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martes, 1 de noviembre de 2016

Versículos que alumbran

Versículos que alumbran
Mario A. Olcese



Millones de hermanos cristianos han sido aleccionados por sus curas y pastores de que hay un premio para los creyentes, y ése es el cielo. Los más de los que profesan el cristianismo ven el cielo como la meta final para sus vidas consagradas al Señor, y lo vislumbran como un lugar de bienaventuranzas y de paz nunca antes concebido o imaginado por hombre alguno.

Los cristianos tradicionales han creído en que sus antepasados difuntos, que profesaron la fe católica o protestante, están ahora en el cielo como ánimas desencarnadas o ángeles que tocan el arpa todo el día y por la eternidad. No obstante, esta creencia tradicional contradice lo dicho por Jesús concerniente a que los muertos cristianos verán finalmente a Dios y a Cristo en la resurrección del día postrero.

Veamos algunos pasajes bíblicos que han sido ignorados o pasados por alto por los maestros y líderes religiosos de las iglesias en general, y que enfocan el asunto de manera muy distinta:

La Verdad Sobre los Muertos y la Vida Futura:

1 Juan 3:2: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, PORQUE LE VEREMOS TAL COMO ÉL ES”.

Comentario:

Este pasaje juanino ha sido pasado por alto por los cristianos en general, pues contradice la teología “cristiana” tradicional que dice que los cristianos verán a Cristo en el momento de su muerte, y no, en ocasión de la segunda venida de Cristo en gloria, como afirma la Biblia. Aquí Juan es claro al decir que veremos a Cristo tal como él es ahora con un cuerpo glorioso, únicamente cuando seamos semejantes a él. ¿Y cuándo seremos semejantes a él?¿Y cuándo le veremos tal como él es?¿En nuestra muerte? No! En nuestra resurrección, cuando el Cristo de Dios vuelva nuevamente en persona a este mundo en el día postrero.

Veamos otras pruebas bíblicas:

Juan 11:25: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.

1 Corintios 15:42-45,51-53: “Así es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.”

1 Tesalonicenses 4:13-18: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque sin creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor; que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo serán resucitados. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos unos a los otros con estas palabras”.

Este texto de 1 Tesalonicenses 4:13-18 es muy iluminador, y no obstante, muy poco leído o conocido por los cristianos católicos, y aún protestantes. Y es que este texto, y los otros citados arriba, contradicen abiertamente, y claramente, el postulado escatológico o teologal de la vida futura del cristianismo tradicional, el cual enseña que los muertos en Cristo están ahora disfrutando con el Señor de la gloria celestial. Ahora bien, adviértase que Pablo, el autor de estos versículos, dice que nosotros recibiremos a Cristo, ¡y no al revés! Léalo por usted mismo ahora mismo en los versos citados de 1 Tesalonicenses 4:13-18.

Si en verdad los muertos “vuelan” al cielo, ¿no sería lógico que Cristo los reciba a ellos en su morada celestial? Pero la verdad es lo opuesto, ¡nosotros le recibiremos a él! ¿Y por qué? Porque él volverá a las nubes de nuestra atmósfera, y con voz de mando ordenará que los muertos creyentes resuciten y le den la bienvenida en el aire. Eso lo dice Pablo muy claramente en estos versículos de 1 Tesalonicenses 4. Además, Pablo no dice que los muertos fieles ---recién resucitados---irán con él al cielo, sino más bien, que estarán juntos siempre con él. Pero: ¿Dónde? Eso lo veremos más adelante.

sábado, 23 de julio de 2016

¿El lenguaje figurado y el simbólico en las Escrituras?

¿El lenguaje figurado y el simbólico en las Escrituras?
Del libro La Cristiandad Extraviada
Por Robert Roberts



Pero, se preguntará: ¿no existe en las Escrituras el lenguaje figurado? ¿No existe el hecho de predecir acontecimientos en lenguaje que no permite una interpretación literal, tal como cuando se describe al Mesías como "una piedra," "una rama," "un pastor"? Cierto, pero esto no afecta el entendimiento de la profecía. Es un elemento separado coexistiendo con el otro sin contradecirlo.

La metáfora es una cosa; el lenguaje literal es otra. Ambos tienen sus respectivas funciones, y cada uno es tan distinto del otro que el discernimiento corriente puede reconocerlos y separarlos aunque
estén mezclados en la misma oración. Esto será evidente con un poco de reflexión.

Usamos metáforas en el lenguaje corriente sin caer en ambigüedades. Nunca nos hallamos en duda para reconocer la metáfora cuando se utiliza, y para entender su significado. Nunca caemos en el error de confundir lo metafórico con lo literal. La diferencia entre ellos es demasiado evidente para confundirlos.
Cuando hablamos de tiranos que "pisotean los derechos de su pueblo," estamos mezclando lo literal con la metáfora; sin embargo, nadie llegará al extremo de suponer que los derechos son sustancias literales que pueden ser trituradas bajo la acción mecánica de los pies.

Cuando decimos que alguien "lleva la cabeza en alto," no nos referimos a una altura que se puede calcular con una vara de medir; una "mirada sombría" no tiene nada que ver con el color; una "cabeza dura" no puede ablandarse con un martillo; lo mismo ocurre con alguien "enamorado hasta las orejas," con "un corazón de oro."

Son metáforas tan bien entendidas que no se corre el riesgo de una falsa interpretación; sin embargo, supongamos que decimos: "La nacionalidad polaca ha de ser restaurada," o "se acaba de establecer una nueva nación en el interior de Africa Occidental"; en estos casos utilizamos un estilo de lenguaje desprovisto de metáforas. Hablamos claramente de cosas literales y las entendemos instintivamente en un sentido literal.

Ahora bien, con respecto a la Biblia se descubrirá que en su mayor parte éste es el carácter de su composición. Siendo una revelación dirigida a seres humanos, está redactada en lenguaje humano. No es una revelación de palabras sino de ideas; de ahí que su lenguaje completo está subordinado al propósito de impartir tales ideas. Las peculiaridades del lenguaje humano están en conformidad con los diversos factores ya mencionados.

Por ejemplo, el uso de las metáforas está ilustrado en los siguientes casos:
Un lugar de aflicción nacional es asemejado a un horno de hierro. Dice Moisés en Deuteronomio 4:20: "Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto."
El hecho de que Egipto es descrito metafóricamente como un "horno de hierro" no contradice el hecho de que Egipto es un país literal.

Se dice que las naciones ocupan un lugar elevado o bajo, según su estado político. De este modo, en Deuteronomio 28:13, Moisés dice a Israel: "Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo." Y Jesús dice de Capernaum: "Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida" (Mateo 11:23).

Jeremías, lamentando la postración de Judá, dice: "¡Cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sion! Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel" (Lamentaciones 2:1).

También las naciones son asemejadas a ríos y aguas.
En Isaías 8:7, 8, leemos: "El Señor hace subir sobre ellos aguas de ríos, impetuosas y muchas, esto es, al rey de Asiria con todo su poder."

Por eso, al referirse a las constantes devastaciones a las que la tierra de Israel fue sometida a manos de ejércitos invasores, las palabras del Espíritu son: "...cuya tierra es surcada por ríos" (Isaías 18:2).

Se podrían mencionar otros muchos casos, pero estos son suficientes para ilustrar el elemento metafórico del lenguaje de las Escrituras. Es cierto que hay metáforas, pero esto es algo muy diferente a la regla de interpretación injustificada e indiscriminada que, por un proceso llamado "espiritualizante," borra casi todas las características originales de la faz de las Escrituras, dejando la palabra de Dios sin ningún efecto.

Hay otro estilo de comunicación divina que ni es literal ni metafórico, pero que sin embargo es suficientemente distintivo en su naturaleza para impedir que sea confundido con cualquiera de estos dos; y también suficientemente preciso e inteligible para que haya exacta comprensión. Este es el estilo simbólico, el cual se emplea mayormente en lo que se puede llamar profecía política. En este caso, los acontecimientos están representados por figuras. Un imperio es representado por una bestia, reyes por cuernos, gentes por aguas, naciones por ríos, una ciudad gobernante por una mujer, etc., pero ni en este estilo ni en el metafórico ningún apoyo hay para la espiritualización de la religión popular. Tiene un carácter especial, siempre puede ser identificado cuando ocurre, y siempre se puede explicar en base a ciertas reglas que suministra el contexto. Lo literal es la base; los principios elementales de la verdad divina se comunican en forma literal; sus aspectos más profundos se hallan elaborados e ilustrados metafórica y simbólicamente.

El uno es el paso para el otro. Nadie puede entender lo simbólico a menos que esté familiarizado con lo literal; y nadie puede entender lo literal si acude a las Escrituras con los ojos cubiertos por el velo con que el proceso "espiritualizante" ha cegado la gente. Primero es necesario deshacerse de ese proceso; lo literal se debe reconocer y estudiar como el alfabeto de las cosas espirituales, y entonces la mente-establecida sobre esta base inamovible-estará preparada para alcanzar la comprensión de aquellas cosas más profundas de Dios que se hallan escondidas bajo enigmas, para el estudio de aquellos que se deleitan en escudriñar la voluntad de Dios.