jueves, 3 de junio de 2010

Fe es certeza y conviccion en lo que Dios dice


LA FE---¿QUÉ ES?

En la Biblia encontramos cientos de veces la palabra “FE”. No obstante, la mayoría de cristianos no la saben definir correctamente, según lo hizo el mismo apóstol Pablo. Él la definió así: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1). He aquí, pues, la definición inspirada por Dios de lo que es la fe bíblica:Certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve.” Entonces podríamos decir que fe es tener la certeza y la convicción de que Dios, Jesucristo, y sus ángeles existen, incluso los ángeles caídos o demonios, aunque no los veamos. Es la certeza y la convicción de los que esperamos, por ejemplo: El regreso personal de Jesucristo, la resurrección de los muertos, la restauración del reino, la inmortalidad en el reino de Dios, el castigo de los incorregibles, etc.

¿Cómo se Obtiene la fe?

Muchos creen que la fe es algo que se siente así nomás, como el amor, el odio, el sufrimiento, etc. ¡Nada más errado! La fe auténtica---no la superstición--- requiere un proceso. ¿Cuál es ese proceso? Pablo lo explica así: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la PALABRA DE DIOS.”(Romanos 10:1

Es interesante el proceso para adquirir la fe verdadera y sólida. El hombre debe de oír o leer LA BIBLIA para saber porqué creer. Y, ¿por qué la Biblia? El apóstol Pablo vuelve a responder a esta pregunta así: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16,17).

Vemos, pues, que la Biblia es importante porque expresa la mente y voluntad de Dios para Sus criaturas. Ella es “INSPIRADA” por el mismo Dios; es decir, que Dios guió a escritores sagrados para que escribieran SUMENSAJE, Y SUS LEYES para los hombres de todos los lugares y épocas. La esencia de la Biblia, es de inspiración divina. Los hombres escribieron siendo inspirados por Dios, aunque conservaron sus voluntades y estilos propios como escritores; usando sus propias palabras. Por ejemplo, en Mateo 4:3,6,9 se registran las palabras del diablo dirigidas a Cristo. ¿Fueron inspiradas por Dios las palabras seductoras o tentadoras del diablo? Por cierto que no. No obstante, Dios inspiró a Mateo para que registraracorrectamente los hechos acaecidos y que están anotados en esos versículos.

Jesús mismo recurrió a las Escrituras para demostrar su origen o procedencia celestial a sus paisanos. Él les dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; Y ELLAS SON LAS QUE DAN TESTIMONIO DE MI.” (Juan 5:39). Me pregunto: ¿Cómo puede uno tener la seguridad de que Cristo es el Hijo de Dios, y no un mero profeta más entre tantos que han aparecido en el mundo? Muy simple: “Escudriñando Las Escrituras”. ¿Se da cuenta usted de cómo puede tener la certeza de que Cristo es el enviado de Dios? Es ¡investigando las Escrituras! Él dijo que ellas dan testimonio de él. Así es. Cuando uno lee a los profetas del Antiguo Testamento, encontrará que ellos escribieron de la vida y obra del Hijo de Dios---el Mesías esperado. Ellos predijeron su nacimiento virginal, su enseñanza por parábolas, sus milagros, la traición de Judas por 30 piezas de plata, su crucifixión, su herida con una lanza, la mofa de los romanos, su sepultura, su resurrección, etc., ¡CIENTOS Y HASTA MILES DE AÑOS ANTES DE QUE OCURRIERAN!.

Leer también Hechos 17:10-12 que dice: “Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Así que creyeronmuchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.” De modo que aquí tenemos un claro ejemplo de como con el escudriñamiento de la palabra de Dios, uno puede a llegar a creer y a tener fe.

Sin fe No se puede Agradar a Dios

Hay muchas personas que creen que son buenos y que no requieren de tener fe para recibir la aprobación de Dios. Bástales con ser buenos padres, esposos fieles, buenos ciudadanos, buenos amigos, caritativos, etc. La religión, suponen éstos, son para los fanáticos, para los supersticiosos, para los desilusionados, para los ignorantes. Pero están muy equivocados por dos motivos, PRIMERO: Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6). SEGUNDO:“Todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia” (Isaías 64:6). En buena cuenta, nuestras obras no compran la salvación o la aprobación de Dios si antes no nos hemos rendido a Él para servirle. Es decir, las obras sin la fe no salvan, pero la fe sin las obras tampoco salvarán. Debemos de tener fe y obras. Dice Santiago: “Hermanos míos, ¿de qué aprovecha si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?¿Podrá su fe salvarle?” La Respuesta es que no (Santiago 2:14). También podríamos preguntar: ¿De qué aprovecha si alguno dice que tiene obras, y no tiene fe?¿Podrán sus obras salvarle? ¡Tampoco!

Abraham: El Padre de la Fe

La Biblia afirma que Abraham es el Padre de la fe. Dice San Pablo: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a donde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa.” Aquí vemos que la fe de Abraham se tradujo en obediencia a Dios. Él creyó lo que Dios le dijo, sin aún ver la tierra prometida y las bendiciones futuras. Él dejó su casa y amigos en Ur de Caldea y partió hacia la tierra prometida. Su fe lo llevó a la acción, a las obras.

Pero antes que él, Abel, el primer mártir fiel, ofreció sacrificios agradables a Dios. En cambio Caín, su hermano, ofrecía a Dios lo que le era menos valioso. Más adelante, el fiel Noé creería a Dios sobre la venida de un diluvio, obrando un arca de salvación para él, su familia, y los animales.

La fe debe ir acompañada de obras concretas. Si uno dice creer en el evangelio del reino, debe comunicarlo y vivirlo. Si uno dice creer en Dios y en sus mandamientos, debe vivir piamente o santamente. Si uno dice creer que Cristo es el Hijo de Dios, debe anunciarlo a los ateos o incrédulos y llevarlos a él. Un cristiano “mudo” no es un cristiano convencido o con fe. Si alguno estuviera seguro de que mañana se produciría un terremoto, ¿no lo comunicaría a otros para que se preparen y se salven? Así es la fe. Si uno cree en Cristo---y en su palabra de vida---deberá compartirlo o pregonarlo con entusiasmo.