lunes, 3 de septiembre de 2012

Científicos: Diga 'no' al sexo antes de la boda para ser feliz


 El retraso de la intimidad permite a los enamorados llegar a conocerse a nivel emocional. Si desea que sus relaciones sentimentales se mantengan vivas durante mucho tiempo, sería mejor que se abstuviera de la actividad sexual hasta contraer matrimonio, lo que aumentará la intensidad de la pasión de forma gradual. Esta recomendación ha sido divulgada por investigadores estadounidenses de la Universidad de Cornell de la ciudad de Nueva York que llevaron a cabo un estudio, el único de su tipo, en el que participaron en total 600 parejas. En el marco de su investigación los científicos han descubierto que las parejas que no se apresuran a tener relaciones sexuales a la larga resultan ser mucho más felices que aquellas que en las primeras citas deciden ‘coger al toro por los cuernos’. Así, las mujeres que retrasaron la primera relación sexual en 6 meses como poco, se mostraron mucho más felices que las que no esperaron ni un mes. En caso de los hombres, se observó una tendencia similar, aunque su estado de ánimo no reflejó tanta diferencia como en el caso de las mujeres. ¿A qué se debe? Como señalan los investigadores, el retraso de la intimidad permite a los enamorados llegar a conocerse a nivel emocional, a comprender la forma en que son compatibles. "El cortejo es un período de 'inteligencia' y toma de decisiones acerca de las relaciones, cuando las dos personas evalúan su compatibilidad, asumen ciertas obligaciones, y establecen la intimidad emocional y física”, sostienen los expertos. “Sin embargo, el rápido arranque de las relaciones sexuales interrumpe el proceso, casi obligando a ambas partes a convivir en lugar de permitirles que decidan por su cuenta si deben hacerlo o no". Haciendo hincapié en la importancia de no tener prisa en el asunto, los expertos advierten: “A menudo un buen sexo se confunde con el amor, por lo que algunas parejas terminan revisando los aspectos problemáticos de su relación, que en su última instancia tienen mucha más importancia".
 “El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable. El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie. No es orgulloso. No es grosero ni egoísta. No se enoja por cualquier cosa. No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho. No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad. El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo”. 1 Corintios 13:4-7 (Traducción en lenguaje actual)

Disfruta del amor en tu noviazgo y no te olvides jamás de agradar a Dios

Fuente: rt noticias

viernes, 17 de agosto de 2012

Orar si cesar


Alguien ha escrito y con sobrada razón: “La oración es fuente de poder”. La iglesia del siglo veinte debe ser una iglesia de oración; debemos restaurar los altares rotos; sufrimos un síndrome más, el de la oración.
Al estudiar la vida y obra de Jesús vemos que él hizo de la oración, una práctica diaria. No sólo enseño a orar sino que hizo de la oración una dulce devoción. Oró en los momentos alegres así como en los más difíciles; siempre oró. Con razón, el gran apóstol Pablo nos exhorta a “orar continuamente”.
Los apóstoles de Jesús hicieron de la oración un altar.
Habían aprendido bien la lección. Todos los apóstoles hablan de la oración. Enseñan a la iglesia a orar, mandan que se ore por todos los hombres —por los grandes, por los pequeños; por los ricos, por los pobres; por los blancos, por los negros, por los amarillos y hasta por los “rojillos”.
Con cuánta razón el himno nos dice: “Dulce oración, dulce oración, de toda influencia mundanal, elevas tú mi corazón al tierno Padre celestial”.
La iglesia de Cristo del primer siglo era una iglesia de oración:
“Perseveraban… en las oraciones” (Hechos 2.42). “Y ellos, habiéndolo oído —la liberación de Pedro y Juan— alzaron unánimes la voz a Dios” (Hechos 4.24). “Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (Hechos 7.60).
La iglesia actual en todas partes necesita acelerar el paso. Es decir, continuar, perseverar en la oración “sin cesar”. Una iglesia que no ora es una iglesia lejos de Dios, de su gracia; es una iglesia que pronto dejará de existir, de dar luz. Hay necesidad de reanudar el camino; re-estimular la bella práctica de la oración, reanudar el camino de Jesús.
A las innumerables crisis que ya tenemos, añada la de orar. “La solución somos todos”, a nivel individual oremos; construyamos un altar en nuestro hogar. La oración nos hará más espirituales y más útiles en el reino eterno de Dios. Benévolo lector, te invito a orar: “Padre nuestro que estás en los cielos…”
—Pablo Martínez D.

viernes, 6 de julio de 2012

10 reglas de oro para el matrimonio


 
Nunca se enfaden los dos al mismo tiempo. Para lograrlo es necesario ser prudente, y saber, con fortaleza, reprimir la ira que se levanta en nuestro interior.

Nunca se griten el uno al otro a menos que la casa esté en llamas. Hay que tener templanza y moderación de las pasiones.
Si uno de los dos tienen que vencer en una discusión, deja que el otro sea el ganador. En el fondo de esta actitud hay amor del bueno, que prefiere ceder para obtener la paz. La aparente «derrota» se convierte en una gran victoria sobre sí mismo.
Si tienes que criticar, hazlo con amor. Lealtad: decir las cosas serenamente, sencillamente, y sobre todo pensando en el otro, en su bien. ¡Es preciso ser fuerte, prudente y recto para actuar de esta manera!
Nunca se echen en cara los errores del pasado. Debe llegar tu amor para con los defectos y las debilidades del otro. Amarle de verdad, incluso con sus defectos.
Sé obstinado con cualquiera antes que con el otro. Tenemos que preocuparnos antes de los más cercanos a nosotros.
Nunca se vayan a dormir con un desacuerdo sin resolver. Claridad en las relaciones. Humildad para reconocer la parte de culpa propia. Olvido de los rencores y los enfados. Confianza en el otro.
Por lo menos una vez al día trata de decirle algo bondadoso o un cumplido agradable al otro. Esto suena algo así como detalles pequeños en el cariño, cordialidad y galantería.
Cuando hayas hecho algo equivocado, prepárate para admitirlo y pedir perdón.
Sinceridad y sencillez, porque no es mejor quien no se equivoca nunca.
Dos no pelean si uno no quiere, y el que está equivocado es el que más habla. Lógicamente, el que está más sereno es el que mejor puede ceder. Las cosas se ven mejor con cierta distancia. Sentido común, amor a la paz.

El odio despierta rencillas;
pero el amor cubrirá todas las faltas.
Proverbios 10:12

martes, 3 de julio de 2012

Tolerancia en el matrimonio


 Tolerancia es la disposición a admitir en los demás una manera de ser, de obrar o de pensar distinta a la propia. Sinónimos: Paciencia, condescendencia, aguante, permisividad.
Es una actitud del corazón que tiende a procurar la paz en la relación. La humildad es un valor fundamental para practicar la tolerancia.
Ejemplos: Cuando tu cónyuge piensa diferente, cuando tu cónyuge no te entiende, cuando tienen que tomar decisiones de dinero, cuando tenemos que aceptar los gustos y deseos del otro, cuando tienes que compartir intereses familiares, cuando tienen que distribuir el tiempo, cuando hablan de la educación de los hijos.
La intolerancia ó la baja tolerancia, se fundamenta por lo general en la frustración por raíces de amargura, faltas de perdón, heridas del pasado, temperamentos perfeccionistas, insatisfacción en la vida, escasez económica, y otros problemas de la vida.

Solución: Practicar el perdón y poner la mirada hacia adelante.
Cuando te sientas herido(a), expresa el sentimiento, no el pensamiento o la queja.
Expresar el pensamiento produce sufrimiento,
pero expresar el sentimiento produce arrepentimiento.
Romanos 14:19 Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua.
Efesios 4:2-3. Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por preservar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz.
El mandato bíblico es que procuremos siempre la paz. Los matrimonios tenemos siempre muchas ocasiones para contender, pero una actitud de humildad y mansedumbre es necesaria para poder superar la mayoría de los conflictos. Es una actitud que siempre procura la paz y la edificación. Es una actitud paciente y que esta dispuesta a darle al cónyuge al menos el beneficio de la duda con tal de obtener la paz en el hogar.
Si en tu matrimonio ha habido problemas de intolerancia, tomen la decisión de cambiar de actitud y aprender a expresar el sentimiento y no la queja; y procurando a toda costa la paz y la edificación mutua. Tenemos que decidir soportar las debilidades del cónyuge, porque él o ella, también tiene que soportar las nuestras!
Tú matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!

sábado, 30 de junio de 2012

La belleza de la mujer


Las mujeres más hermosas del mundo no son las que desfilan en trajes de baño y vestidos de noche delante de jueces y de cámaras de televisión.
Las verdaderas finalistas y las ganadoras son aquellas que tienen el brillo interno de la gracia y el perdón.
No hay belleza física que se pueda comparar con la dignidad espiritual o el atractivo de una mujer llena de paz. Es una persona serena porque su confianza y su seguridad están en la paz que reflejan. Es una persona con dignidad porque su valor y sentido se hallan en algo más allá de lo superficial.
Esa mujer reflejará una clase de belleza interior que hace mucho más que llamar la atención a sí misma. Es una belleza que es mucho más importante que cualquier cosa trivial.
La verdadera belleza de la mujer no es corruptible, porque no depende de lo físico, sino que es la belleza de una forma de ser que reúne la quietud, la humildad, la ternura y la serenidad.
Las mujeres del mundo son alabadas por su belleza física, por su vivacidad y por su audacia. Pero las mujeres de Dios tienen un molde distinto. La belleza física de una mujer es temporal, y su deterioro le producirá amargura. En cambio, el adorno de un espíritu manso, dulce y sereno no es una moneda perecible, no se gastará por el uso ni está sujeta a los valores del mercado.
No deja marcas en el alma, ni heridas en quienes la rodean.
Esta es la verdadera belleza, la belleza que es de grande estima delante de Dios.

viernes, 22 de junio de 2012

Por qué enseñarle a su hijo a orar ?

 ¿Qué ventajas les proporciona a nuestros hijos una vida de oración regular y constante? ¡Muchas! Las ventajas fluyen de esa relación con Dios. La Biblia, la Palabra de Dios, claramente describe varios de esos beneficios, que van desde una mejor vida interior hasta el enaltecimiento y la honra.
1. Una mejor vida interior
Cuando les enseñamos a nuestros hijos a orar, ellos aprenden en cuanto al gozo y a la paz que está a su disposición. Ese gozo y esa paz exceden todo lo que podemos ofrecerles personalmente, porque Dios, a diferencia de nosotros, siempre está allí para escucharnos y ayudarnos. Tenemos la promesa de perfecta paz (Isaías 26:3), el gozo de la presencia de Dios que echa fuera el temor (Salmo 21:6, 7), y una razón para tener un corazón alegre (Salmo 105:3).
Dos autores del Nuevo Testamento describen el gozo y la paz que vienen a través de la oración:

    Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido (Juan 16:24, cursivas añadidas en este texto y en los que siguen, para propósitos de énfasis). Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:6, 7, cursivas añadidas).
2. Crecimiento personal
Todos los padres desean el crecimiento personal para sus hijos. Queremos que nuestros hijos e hijas crezcan en entendimiento, sabiduría y en la plenitud de Dios. A través de la oración, nuestros hijos pueden tener ese crecimiento:

    Si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia (Proverbios 2:3-6, cursivas añadidas).
    Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios (Efesios 3:19, cursivas añadidas; ver también Salmo 119:26 y Jeremías 33:3).
3. Fortaleza y valor
Tal vez los temores de nuestros hijos parezcan tontos a veces, pero son reales. Y a medida que nuestros hijos crecen hasta llegar a ser adolescentes y adultos, los temores no se van; sólo cambian en cuanto al tipo. Al darles a nuestros hijos el recurso de la oración, les proveemos la fortaleza, incluso el valor, para enfrentar su mundo. Las Escrituras describen las respuestas que vienen a través de la oración:

    Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados (Salmo 34:4, 5, cursivas añadidas). El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma (Salmo 138:3, cursivas añadidas; ver también 1 Crónicas 16:11; Lamentaciones 3:57 y Hechos 4:31).
4. Protección y auxilio de daño y mal
Muchos problemas amenazan a nuestros hijos hoy, desde los crímenes violentos hasta el abuso de las drogas. También está la amenaza de la influencia del mal. A través de nuestras oraciones y de las de ellos, vienen la protección y la liberación del daño:

    Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias (Salmo 34:17, cursivas añadidas; ver también Salmo 22:4 y Mateo 6:13).
5. Propósito, guía y dirección para sus vidas
Dios desea que nosotros y nuestros hijos clamemos a Él pidiéndole Su guía y Su dirección en nuestras vidas. Él tiene un propósito para cada uno de nosotros, y promete cumplirlo cuando se lo pedimos:

    Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece (Salmo 57:2, cursivas añadidas; ver también Proverbios 3:4-6 y Santiago 1:5).
6. Provisión
Nuestros hijos oran a un Padre amoroso, que tiene tanto el deseo como el poder de concederles todo lo que ellos necesitan (y a nosotros también). Todo lo que deben hacer es pedir Su provisión. Como Jesús les dijo a sus oyentes: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:9-11, cursivas añadidas).
He aquí dos pasajes del Nuevo Testamento que toman nota de cómo nuestro Dios de gracia les dará a aquellos que lo buscan:

    No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo 6:31-33, cursivas añadidas). El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Romanos 8:32, cursivas añadidas).
7. Se nos conceden nuestros deseos
Otro beneficio de la oración es que Dios nos concede nuestros deseos. A través de la oración y de una relación cada vez más profunda aprendemos a deleitarnos en Dios y Él comienza a concedernos los deseos de nuestro corazón:

    Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón (Salmo 37:4, cursivas añadidas; ver también Salmo 21:2 y Proverbios 10:24).
8. Ayuda y aliento
Nuestros hijos, a través de sus oraciones, pueden encontrar ayuda y aliento para sus actividades diarias. Como Padre, Dios escucha, consuela y derrama gracia sobre nuestros hijos cuando ellos oran a Él:

    Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16, cursivas añadidas; ver también Salmo 10:17).
9. Enaltecimiento y honra
Finalmente, Dios exalta y honra a aquellos que lo honran a Él:

    Porque ni de oriente ni de occidente, ni del desierto viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece (Salmo 75:6, 7, cursivas añadidas; ver también 1 Samuel 2:7). Humillaos delante del Señor, y él os exaltará (Santiago 4:10, cursivas añadidas).
Si yo le dijera a usted: “Tengo el secreto que le ayudará a criar hijos que tengan paz interior, que siempre estén creciendo personalmente, que sean valientes, que tengan un carácter firme, que se mantengan lejos de los problemas y que eviten el mal a toda costa”, ¿no le gustaría saber ese secreto? Si ese secreto también les diera a sus hijos un sentido sólido de dirección y propósito (todo el que necesitan y un poco más), y que sus amigos y compañeros los honraran y tuvieran muy buena opinión de ellos, ¿no querría usted saberlo?
El secreto es simple: Enséñeles a orar.

 Autor: Rick Osborne

martes, 19 de junio de 2012

La oración fuente vida

 
Con frecuencia nos preguntamos qué relación tiene con nosotros la oración. ¿Acaso es importante? ¿De dónde podemos deducirlo? ¿Qué modelo tenemos de oración? ¿Qué produce la oración?
Ahora, en la batalla que libramos como creyentes contra el mundo de las tinieblas, ¿por qué es importante que oremos?
Y es en las propias Escrituras, a las que consideramos nuestra guía para todo cuanto hacemos, en donde encontramos la respuesta.
El amado Maestro es de quien tomamos, en primera instancia, la enseñanza sobre la importancia de orar.


Cuando oramos, tocamos las fibras más       sensibles de Dios y se libera poder de lo alto...

Leemos en la Biblia que “Muy temprano de mañana, aún oscuro, Jesús se levantó, fue a un lugar solitario, y se puso a orar. Simón y sus compañeros lo buscaron, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te buscan” (Marcos 1:35, 36).
Imagine la sorpresa que debieron llevarse. Ellos que permanecían a su lado en todo momento, durmieron otro tanto mientras el Maestro—en una clara enseñanza que jamás pudieron olvidar—fue a un lugar solitario en busca de la presencia del Padre. Enseñanza que debemos asumir también en nuestro tiempo, porque reviste singular importancia y nos ayudará en nuestro proceso de crecimiento espiritual y personal.
El Señor mismo a través de Jeremías nos transmitió su deseo, en el cual sin duda encontramos respuesta a todas nuestras inquietudes, necesidades e incluso, voces de gratitud: “Clama a mí, y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no sabes” (Jeremías 33:3).
El clamor encierra poder, no de parte nuestra sino el que se desprende a favor nuestro de parte de Aquél que todo lo puede: Dios. Él promete además. “Entonces me invocaréis, vendréis, oraréis a mí, y yo os escucharé” (Jeremías 29:12).
La oración tiene respuesta
Generalmente cuando nos hacen consultas sobre qué hacer en tal o cual caso, siempre respondemos que lo primordial es orar porque a través de la oración se mueven montañas.
Esta afirmación tiene asidero en una declaración del Señor Jesús que encontramos en el Evangelio: “Por eso os digo: Pedid, y os darán. Buscad y hallaréis. Llamad, y os abrirán. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llaman, le abren” (Lucas 11:9, 10).
Por su parte el apóstol Pablo escribió: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17), de lo que deducimos:
1.- Dios nos invita a orar y clamar a Él.
2.- El Señor Jesús nos dio ejemplo de que pasaba tiempo en lo secreto con el Padre.
3.- Dios responde a nuestras oraciones.
4.- La oración debe ser permanente.
La oración es fundamental en tu condición de cristiano. No puede desligarse de tus actividades cotidianas. Está bien leer las Escrituras, tener prácticas propias de la fe que profesas, pero es indispensable que mantengas una íntima relación con Dios a través del principio constante de orar.

Fernando Alexis Jiménez.