martes, 5 de mayo de 2009

Un estudio sobre los tronos en Apocalipsis

Tronos

El Apocalipsis es una de las partes más dramáticas de la Biblia. Como literatura simbólica y como una demostración del triunfo del bien sobre el mal, los capítulos del último de los libros de la Biblia son inigualables. Por fin vemos a Jesucristo echando abajo y destruyendo, hasta que toma el poder que le corresponde legítimamente y reina sobre todas las cosas.

El capítulo 4 empieza con el arrebatamiento de Juan al cielo para recibir los planes de Dios para el futuro. Al finalizar el capítulo tres, vimos que se invitaba al hombre para que le abriera su puerta a Cristo; ahora una puerta se abre en el cielo para que entre el hombre. Con esta puerta abierta comienza la parte realmente profética del libro, aunque la verdadera acción profética no empieza sino hasta en el capítulo 6. Los capítulos 4 y 5 con sus escenas celestiales parecen ser una introducción a la primera serie de juicios, los cuales son descritos detalladamente en el capítulo 6.

La frase inicial "después de esto" o "después de estas cosas" (4:1) se refiere a lo que se acaba de estar considerando en los capítulos 2 y 3. Ahora nos encontramos con un nuevo principio. Juan pasa de los asuntos de las iglesias a un tema enteramente diferente. La escena también es diferente, porque ahora Juan está en el cielo. Desde lo alto se le hace entender lo que va a ocurrir abajo. Puesto que la profecía tiene su origen en el cielo, por encima de la niebla y de las nubes, Juan debía recibir de la mente de Dios todo lo relacionado con los sucesos futuros. Cuando estamos parados en la tierra no podemos ver muy lejos. Pero ¡qué panorama se despliega ante nosotros cuando subimos a un sitio elevado! Esto también es verdad en lo relacionado con las cosas de Dios. Los asuntos celestiales, aun cuando se refieran a la tierra, sólo pueden ser entendidos cuando se consideran desde un punto de vista celestial.

Doce veces es mencionada la palabra "trono" en este capítulo. En total, este término aparece 38 veces en todo el Apocalipsis, haciendo de éste "el sitio del trono" en la Biblia. Los "tronos" del Apocalipsis pueden proporcionarnos un estudio bíblico de mucha importancia. El libro empieza (1:4) y termina (22:3) con un trono. El trono de 4:2 es una preparación para los juicios que se inician en el capítulo 6 y terminan en el capítulo 20. Y de esa manera vamos desde el juicio de los impíos vivos hasta el juicio de los impíos muertos. El trono que estamos considerando estaba en el cielo (4:2), para significar los juicios justos y santos. "El Señor ha preparado su trono en el cielo" (Salmo 103:19). De este trono no emana más que juicio perfecto y sin engaños.

Por la "primera voz" (4:1) entendemos la voz del Señor ya escuchada (1:10). Ahora esta voz habla desde el cielo como una trompeta. Hay seis referencias a trompetas en el Apocalipsis, que están asociadas con tronos y juicios. En el Antiguo Testamento, las trompetas eran usadas para convocar asambleas. Aquí en el Apocalipsis parecen preparar el camino para el juicio. El divino ocupante del trono, que no tenía forma física y nunca antes había sido visto, es llamado "el Señor Dios Todopoderoso" (4:8). Dos piedras preciosas, el jaspe y la cornalina, son usadas para describir las cualidades de este maravilloso personaje que estaba sentado en el trono. Consideradas en conjunto, las piedras son emblemas de las diversas excelencias de la personalidad y la perfección de Dios. El jaspe es translúcido y es el emblema de la luz, mientras que la cornalina o ágata de color rojo, es el emblema del amor. De esta manera, el que está sentado en el trono está caracterizado tanto por los principios como por los sentimientos.

El arco iris que estaba alrededor del trono (4:10) nos hace recordar que Dios será fiel a su pacto y que una tormenta está a punto de desatarse. Aquí tenemos un arco iris completamente circular, no semicircular como los que estamos acostumbrados a ver. Y en lugar de los múltiples colores del arco iris común, este arco iris celestial lleva el bello color verde de la esmeralda. El color verde nunca cansa la vista y puede simbolizar el hecho de que no nos cansaremos jamás de mirar la gloria de Dios manifestada. El arco iris completo es símbolo de esperanza.

La identificación de los veinticuatro ancianos (4:4) es asunto dedisputa entre los teólogos. Algunos aseguran que estos ancianos son los líderes de un sacerdocio angélico. Por tener coronas y vestiduras blancas probablemente sean sacerdotes y reyes de un orden gubernamental. Otros comentaristas identifican a estos ancianos como santos del Antiguo y del Nuevo Testamento; por el número se cree que tengan que ver con las doce tribus y los doce apóstoles.

Walter Scott dice que resulta incongruente "imaginar espíritus sentados, vestidos y coronados, y por lo tanto deben representar al cuerpo general de los redimidos en el cielo" (5:9). Notaremos que estos "tronos" están subordinados al trono del versículo 2. El número veinticuatro está asociado con la adoración y con el gobierno en el cielo. Doce es el número gubernamental en la tierra. Si los ancianos son los redimidos —y Juan dice que sí lo son (5:9)— entonces las coronas de oro señalan la dignidad real y la autoridad que todo santo va a compartir.

El trono es el centro de acción e interés y señala el desencadenamiento de las fuerzas naturales como precursoras del juicio venidero. El perfecto ministerio escrutador del Espíritu está simbolizado por las siete lámparas de fuego (4:5). Presentado como "los siete Espíritus de Dios", el Espíritu Santo se presenta ante nosotros en la perfección de su ser, inteligencia y actividad. Identificándose con los justos juicios del trono, Él pondrá al descubierto todo aquello que es ajeno a la pureza absoluta del trono. El "mar de vidrio semejante al cristal" declara la santidad eterna y la pureza del divino ocupante del trono.

Los "cuatro seres vivientes" (4:6) equivalen a los querubines del Antiguo Testamento. (La palabra traducida como seres viene del griego zoon, que significa "ser vivo".) Estos cuatro seres simbolizan los atributos judiciales y la autoridad del que está sentado sobre el trono y están conectados con Cristo, el que está vivo. Los "seres vivientes" son presentados también como poseedores de perfecta sabiduría y se encuentran rindiendo incesante adoración y servicio. Además proclaman la santidad y la eternidad de Aquel que está sentado en el trono.

Como representantes de este trono y ayudantes del tribunal, están listos para ejecutar la voluntad del Juez. Son seres reales, llenos de vida. El cuatro es el número de la creación; por lo tanto, los cuatro seres vivientes son representantes de la creación animal de este mundo. Los "seres vivientes" son descritos como poseedores de plena inteligencia; están "llenos de ojos delante y detrás" (4:6). Ven hacia adelante y hacia atrás. Tanto el pasado como el futuro están expuestos ante ellos como un pergamino abierto. También pueden ver introspectivamente ("llenos de ojos").

En el simbolismo de los rostros, Cristo es presentado como Rey, Siervo, Hombre y Dios (4:7). El rostro de león sugiere omnipotencia y majestad; el rostro de becerro simboliza servicio paciente a favor de los hombres; el rostro de hombre manifiesta inteligencia y compasión y el de águila denota visión penetrante y rápida acción. Estas maravillosas criaturas también rinden incesante servicio y constante alabanza. Nunca dejan, ni de día ni de noche, de actuar y de rendir adoración. Este capítulo del trono termina con el himno de los ancianos (4:10, 11). La alabanza que asciende al Señor lo proclama como el Creador de todas las cosas. En el siguiente capítulo. Cristo, como Redentor, recibe la honra merecida. Al rendir sus coronas ante el trono, los ancianos indican que únicamente el Señor es digno de reinar.

Lewis Sperry Chafer